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Gran Premio de Malaisia

El secreto de BMW se llama Albert2

A muchos puede sorprenderles la tremenda evolución que han mostrado los dos monoplazas de BMW Sauber esta temporada. A mí, no. Cuando el fabricante alemán decidió desvincularse de Williams hace ahora tres años, fue básicamente porque quería convertirse en propietario de la escudería inglesa para poder desarrollar sus ambiciosos planes de futuro. Y Frank Williams se negó. Quería seguir manteniendo su independencia a toda costa, incluso al precio de dejar de ser competitivos.

BMW siguió su camino de forma inexorable. Compró la escudería Sauber y comenzó a transformarla hasta convertirla en lo que es ahora: un gran equipo de F-1. Cuando hubo que hacer la última ampliación en las instalaciones, Mario Thiessen, director del equipo, se planteó la necesidad de crear un segundo túnel de viento o de recurrir a un sofisticado invento informático llamado CFD (computer fluid dinamics), capaz de sustituir a través de cálculos matemáticos la función de un túnel de viento. Seguramente ahorró dinero, pero no mucho. Porque el programa CFD requiere de uno de los más potentes sistemas de terminales de ordenador de Europa, al que pusieron el nombre de Albert2. Y sólo pudieron llevarlo a cabo gracias a la colaboración de uno de sus patrocinadores, Intel, especializado en ordenadores y temas informáticos.

A través de este programa CFD, BMW pudo estudiar a fondo los flujos del aire al impactar con su chasis y con las ruedas y trabajar la aerodinámica en el ordenador antes de entrar en el túnel de viento. El modelo de trabajo se basa en un sistema de cálculos matemáticos muy precisos que conceden una información muy sofisticada. Los especialistas de BMW consiguieron una información muy detallada sobre el tipo de alerones frontales que necesitaban para la adaptación del morro y las suspensiones a los neumáticos Bridgestone. Y eso les permitió ya el año pasado conseguir algunos podios y esta temporada poder luchar incluso por alguna victoria si las cosas se les ponen de cara.

BMW demostró ayer que se está acercando a McLaren con rapidez y que con el depósito cargado es uno de los coches más rápidos del paddock y, probablemente, el que mejor protege los neumáticos. Ayer, Robert Kubica realizó una carrera memorable y consiguió su primer podio después del terrible accidente que sufrió en Canadá el año pasado. El equipo se equivocó al obligarle a salir en la Q3 con el depósito tan cargado, porque hubiera podido mejorar incluso su rendimiento y probablemente superar a Trulli en la clasificación.

De todas formas, a pesar de sus excelentes resultados en las dos primeras carreras, la situación de BMW no ha cambiado mucho en relación a los dos equipos que le preceden. Ferrari demostró ayer una superioridad impresionante en relación a todos sus rivales. Y McLaren sigue ocupando una sólida segunda posición por delante de BMW, al que lleva aún una ventaja de unas tres o cuatro décimas. Pero los alemanes se han consolidado como el tercer equipo y mantienen una sólida ventaja en relación a todos sus perseguidores: Toyota, Red Bull, Renault y Williams.

Ayer fue impresionante la carrera que realizó Kimi Raikkonen y también lo fue el tremendo error que cometió Felipe Massa, que seguramente le costó una buena reprimenda por parte del equipo porque impidió un doblete que estaba cantado. Impactó también la carrera de Kubica, que logró el mejor resultado de su carrera en la F-1. Estuvo bien Trulli, que llevó a Toyota a un resultado, cuarto, impensable hace sólo un año. Y Fernando Alonso volvió a demostrar su calidad de pilotaje pero también las limitaciones a que le somete el R28. Tendrá un año difícil. Y cada vez parece más complicado que puedan reaccionar antes de que el campeonato llegue a su meridiano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de marzo de 2008