Columna
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Por favor

Vienen tiempos duros para los católicos de mente abierta y corazón sensible. Rouco Varela, presidente en la Conferencia Episcopal, los Kikos tocando la flauta por ahí, Benedicto XVI repartiendo infiernos en el Vaticano, los antiabortistas desatados en nombre del derecho a la vida, los racistas, desaforados contra los inmigrantes en defensa de la cristiana Europa, y los carcas en general, dispuestos a sacar su fundamentalismo de la sacristía. Vienen tiempos muy duros para los católicos de honesta y firme fe, que no condenan la ciencia ni otro tipo de avances y que admiten las diferencias y las respetan. Qué van a hacer, si tienen delante a ese friso de meapilas, que les representa políticamente, endureciendo las mandíbulas y las consignas para impedir que pase el aire. Los católicos de buena voluntad lo van a tener difícil, y por eso los otros, aquellos que no practicamos religión alguna, que no esperamos subvenciones para nuestro laicismo ni pedimos otra cosa que escuelas y sanidad públicas, e igualdad entre sexos y libertad y derechos... Por eso, los otros, nosotros, tenemos que ir el domingo a votar contra todo aquello que pueda perjudicar a los buenos católicos en el ejercicio templado de sus creencias y de sus disidencias.

Nadie podrá decirme que mi razonamiento carece de humana compasión, ni que mi voto antiintegrista del domingo no lo planteo como un voto a favor del bien común y de las mejoras que en este país pueden y deben seguir haciéndose.

Es por ello que agradecería muchísimo a los católicos de buena voluntad y de mejor disposición que desobedecieran a los obispos y también votaran como yo, por la España de todos. Unidos contra quienes quieren detener el avance de la trabajosa locomotora que pusimos en marcha cuando las urnas aún no habían aparecido en nuestras vidas.

Por favor. Por todos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0005, 05 de marzo de 2008.