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EN PORTADA | Poemas

Accidentes, piojos y amparos

El nuevo libro del último premio Cervantes se titula Mundar. Reúne más de cien poemas y lo publicará en febrero la editorial Visor. Babelia adelanta seis poemas. Por Juan Gelman

Accidentes

En las migas de tu esplendor,

mamá, recibí el recital

de pogroms y de sangre

que dio rostro a mi rostro.

El puente de esas vidas es

lo respirado a cuestas.

Desde tus hombros miro

las arrugas de las estrellas célebres.

A un dedo de lo que fui me soy

en lo que habré de ser. Tanto mundo,

tanta abierta confianza en su cambiar

el accidente,

desastres que

dicen al lado adiós.

Poema

El árbol detrás

de la ventana pasa, la tarde

se lleva al mundo y pasa, serpea

la vez que fui, corriente arriba

de un río ancho

que pasa. Voces que humedecieron

la sal del viento, ahora en esta

constelación que pasa.

El manto de los pájaros

y el tiempo con su canción muda.

Amparos

El aire, la roca, el péndulo, la

claridad de la noche

MÁS INFORMACIÓN

dan noticias del mundo que

nadie sabe leer. ¿Son ellas

para ellas, no más? Las sábanas

arrugadas del día

envuelven un fulgor cercado

por rostros que se acaban.

Su solo amparo es el

delirio del deseo.

Piojos

Si el ritmo de un poema

trae vino y mece

las sombras y mamá,

quitame los piojos que traje de la escuela,

papá,

no saques tu cinturón contra mí:

eso que sopla en una esquina

es mi querer de vos, es un

niño en la calle

sin comprender. ¿Qué haces ahí

envuelto en odios

que nunca pude resolver?

¿Qué castigabas cuando me

castigabas?

No te pregunto, me pregunto.

Ya sé que es tarde para todo, menos

este saber de vos que no se sabe.

Te quisiera a mi lado

en el silencio que me diste

y calla como un buey.

¿Qué se sabe?

Del poema, nada. Llega, tiembla

y raspa un fósforo apagado.

¿Se le ve algo? Nada. Tiende una

mano para aferrar

las olitas de tiempo que pasan

por la voz de un jilguero. ¿Qué

agarró? Nada. La

ave se fue a lo no sonado

en un cuarto que gira sin

recordación ni espérames.

Hay muchos nombres en la lluvia.

¿Qué sabe el poema? Nada.

Callar

Una ola de amor que

va de mi cuerpo al tuyo es

una humana canción.

No canta, vuela entre

tu boca y mi verano

bajo tu sol. El calendario no

tiene esta noche o fecha en su papel.

El manantial de vos

cae como vino en la copa

y el mundo calla sus desastres.

Gracias, mundo, por no ser más que mundo

y ninguna otra cosa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de enero de 2008