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12ª jornada de Liga

La mejor racha desde 1992

Gregorio Manzano saltó tajante y gritó a Varela: "¡Pégate a Robinho!". El técnico del Mallorca reaccionó con la desesperación de quien está en peligro. Robinho surcaba la banda como una culebra. Recibía, amagaba, tiraba diagonales, remataba y metía centros con la vehemencia de los futbolistas entusiasmados. Parecía en trance. Corría el minuto 65 y el brasileño sumaba dos goles y una asistencia definitiva. El último pase se lo había dado a Raúl, que anotó el empate a tres en el punto más caliente del partido. Esos segundos que deciden los resultados, los puntos y, a largo plazo, los estados de ánimo y los campeonatos.

La acción de Robinho antes del 3-3, regateando a Ballesteros y Héctor en dos metros, fue un golpe de autoridad que le confirma como un jugador capital en este Madrid. La única alternativa de inspiración cuando Guti no está disponible. La influencia del paulista resultó tan grande que, tras empujar la pelota, solo y con el portero vencido, Raúl no celebró el gol exaltándose a sí mismo como suele hacer. Decidió brindárselo a su asistente en un homenaje espontáneo. Un gesto raro en Raúl, trascendental en la medida que reconcilia a los máximos exponentes de dos culturas (los veteranos españoles y los brasileños) que hasta hace unos meses constituían compartimentos estancos en el vestuario. Ayer se reunieron en el tercer gol. Fue una de esas ceremonias propias del fútbol, surgidas del juego, durante el juego.

El tercer gol del Madrid tuvo un impacto profundo. Provocó una especie de onda expansiva. Minutos después, Van Nistelrooy marcó el cuarto. Una especie de acto de cierre que apagó al Mallorca y engordó la estadística de victorias consecutivas del Madrid en casa: 17, la mejor racha desde 1992. Schuster sustituyó a Robinho antes del final para que el público le demostrase su afecto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de noviembre de 2007