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Reportaje:

Kobe, otra exhibición inútil

Los Lakers caen con Houston pese a los 45 puntos de su líder, que negocia con Chicago

Kobe Bryant es una estrella hace años y ahí sigue. Lo demuestra en cada oportunidad. La temporada de la NBA comenzó en la madrugada de ayer con su protagonismo absoluto. Sus 45 puntos no pudieron impedir la derrota de su equipo, Los Ángeles Lakers (cayeron 93-95 ante Houston Rockets), pero acentuaron la polémica sobre su posible marcha del equipo. Es una joya negociable al alta. Jugó 43 minutos y volvió a martillear el aro contrario sin que sus promedios fueran buenos (apenas un 40% en tiros de dos, un triple de tres y falló nueve tiros libres de 27). Una vez más, los Lakers sólo fueron Bryant y unos cuantos teloneros: Kobe lanzó 62 tiros y entre sus diez compañeros, 70.

Los Lakers juegan el viernes en Phoenix contra los Suns. ¿Estará Kobe? Las conversaciones sobre su marcha a Chicago, su destino más probable, se asegura que son diarias. Sólo falta perfilar las formas. El último problema es que los Lakers quieren demasiados jugadores a cambio. Un paquete integrado por Luol Deng, Ben Gordon, Tyrus Thomas y Joakim Noah, el hijo del famoso ex tenista francocamerunés Yannick, doble campeón universitario. Y la cuestión radica en que eso no sólo es malo para los Bulls, que quedarían muy mermados; también para el propio Kobe, que ya no iría entonces a un equipo con aspiraciones de ganar anillos. Bryant no es feliz en los Lakers casi desde que se marchó Shaquille O'Neal en 2004, y la franquicia apenas se ha reforzado desde entonces. Se ha enfrentado al dueño, Jerry Buss, porque no le defendió "tanto" en su sonado caso de presunta violación, pero ya no le gusta la casa californiana, que en realidad es la casa de los líos.

Los Lakers son un nido de contradicciones, donde también opinan el hijo de Buss, Jim, su hija, Jeannie, y el que parece más lógico, el gerente general, Mitch Kupchak. Y no todos están de acuerdo en que Kobe se vaya. Pero lo evidente es su deslumbrante capacidad. Se lesionó una muñeca una semana antes tras un choque con Mehmet Okur, el pívot turco de Utah, y no jugó el viernes el último partido de la pretemporada. Pero ante los Rockets explotó otra vez.

Para quien no cambia la vida es para Sergio Rodríguez, que confirmó las dificultades cada vez mayores por las que atraviesa con Portland. Los Trail Blazers perdieron con el intratable campeón, San Antonio, y el español apenas jugó seis minutos, anotó una canasta de dos tiros y falló un triple. Tiene demasiada competencia ante él. Era el segundo base la pasada temporada, tras Jarrett Jack, pero Portland ha fichado a Steve Blake, que ya le ha pasado y entre ambos se repartieron la mayoría de minutos ayer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de noviembre de 2007