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Pocos misterios electorales

No ha habido trasvase de voto que justifique cambios de estrategia

Los analistas electorales coinciden en que en estos últimos tres años no se ha producido ningún trasvase de voto entre los dos grandes partidos del país, PSOE y PP. Quiere decirse que no hay ningún misterio en las estrategias que seguirán José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy con vistas a marzo de 2008. Y que tampoco hay misterio en los pasos que ya están dando unos y otros, ni en los riesgos que ambos puedan correr: acumular pequeños errores por parte del PSOE y del presidente del Gobierno, y seguir paralizado demasiado tiempo por parte del candidato de la oposición.

Por eso causó tanta inquietud interna en el PSOE la atropellada presentación de uno de sus temas estrella (la vivienda para los jóvenes), con una puesta en escena que constituyó una sorpresa, incluso para el equipo presidencial en La Moncloa. Y por eso, en el otro campo, se muestran tan preocupados por la excesiva "languidez" de Mariano Rajoy. "La desgracia ajena sería nuestro bien propio", bromea un dirigente popular, inquieto, sin embargo, por un cierto "grado de catatonia" interno.

El principal riesgo para Zapatero y para el PSOE es acumular pequeños errores, y para Rajoy y el PP, seguir dando la impresión de parálisis

Los populares consideran probable que la campaña electoral, según se vaya acercando marzo, se vuelva a centrar en los mismos temas con los que comenzó la legislatura, tanto por parte del propio PP, que terminaría recurriendo a los asuntos relacionados con "la idea de España" y con la lucha antiterrorista, como del PSOE, que volvería a recordar el espantoso fin de legislatura de Aznar.

¿Creen que les beneficiaría una nueva vuelta de tuerca en la crispación? Un destacado dirigente del partido lo duda: "No es tanto que nos interese como que sea inevitable porque unos y otros terminemos en ese campo de batalla, como el más seguro para cada uno".

En el caso del PSOE, el análisis es unánime: la victoria dependerá de la participación, especialmente de menores de 35 años, y del trasvase de voto (el llamado voto útil) que se suele producir desde los partidos nacionalistas, que en las elecciones generales optan por el PSOE para cerrar el paso al PP.

La rígida y dura posición que han adoptado Rajoy y el Partido Popular respecto a los nacionalismos, incluidos los más moderados, debería garantizar a los socialistas el clásico trasvase desde CiU, PNV y BNG. Pero ha surgido un problema no habitual: el cansancio y malestar de los votantes catalanes, reflejado en los altos índices de abstención de las últimas convocatorias, lo que constituye, casi, la mayor preocupación de los socialistas.

Nada puede sorprender, pues, en los denodados esfuerzos del Gobierno por cumplir rápidamente con el Estatuto de Autonomía ni en su voluntad de evitar nuevos debates sobre los porcentajes de inversiones del Estado en Cataluña.

La duda es si ese ejercicio y la presencia bastante continuada de Zapatero en la campaña serán suficientes para provocar la movilización necesaria. A su favor juega el malestar interno en CiU -"Durán no puede esperar que nuestros militantes peguen ni un solo cartel suyo en toda Cataluña", pronosticaba esta semana un enfadado dirigente de Convergència-, que reequilibre un poco la desgana a la hora de votar.

Riesgos autonómicos

En cuanto a la movilización del votante menor de 30-35 años, que beneficia tradicionalmente al PSOE, se supone que puede sentirse atraído por las ofertas de ayuda a la vivienda y a la natalidad. Sólo eso justificaría las últimas decisiones del Gobierno y el intenso trabajo parlamentario que se está echando sobre las espaldas el Grupo Socialista, que tiene que rematar todos esos trámites en el poco tiempo que queda antes de las vacaciones navideñas.

El principal riesgo de esta operación de política social es que puede provocar "efectos colaterales" no deseados, como una cierta confusión entre las competencias del Estado y de las autonomías. La mayoría de los gobiernos autonómicos reclaman ahora recibir directamente el importe de esas ayudas y gestionarlo como uno de sus propios servicios. Hasta el País Vasco ha pedido que se le transfiera el tanto por ciento que le corresponda de ese nuevo gasto estatal.

El gobierno vasco, que se financia por un sistema distinto al del resto de las comunidades autónomas, tiene ya en funcionamiento varios programas de ayuda a la vivienda joven. De hecho, Euskadi es una de las comunidades que más gastan en España tanto en protección social como en ayuda a los jóvenes, educación e investigación. En los últimos días, por ejemplo, se han publicado en prensa española e internacional varios anuncios en inglés convocando 30 plazas para investigadores (no se especifica si necesariamente extranjeros o si la oferta se dirige también a otros españoles) que se sumarían al Sistema Vasco de Ciencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 22 de septiembre de 2007.

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