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Crítica:MÁLAGA EN FLAMENCO '07

Granada como inspiración

La cantaora granadina Marina Heredia logró el lleno en este hermoso recinto del Castillo, que parece recobrar su embrujo antiguo cuando se hace presente el arte. Marina trajo el suyo con la orla de su bella imagen gitana para llenar la escena con sereno porte y desplegar un repertorio entre el cante y la copla con arrojo y entrega, hasta rozarse la voz en el empeño.

El ciclo Siete discos está hecho para presentar nuevas grabaciones, pero ella quiso, además, cantar por derecho en los estilos de su gusto. Una tanda de cantiñas la situaron para abordar los tercios de la soleá, desde Jerez a Alcalá, antes de una malagueña rematada por los abandolaos fandangos del Albaicín, un terreno que le es propio y en el que luce y parece sentirse a gusto, como más tarde se comprobaría. Porque, para acabar su concierto, Marina había elegido los tangos de su tierra, y en ellos volvió a lucir cantándolos en su justa cadencia ralentizada. Antes, se había marcado una minera junto al piano logrando transmitir su dolida emoción. Entre una y otra secuencia estuvo la parte que dedicó a las canciones de su disco, a las que defendió con un empeño que casi le cuesta la voz y con un Bola inconmensurable en la guitarra.

La voz del agua

Marina Heredia. Guitarras: José Quevedo Bola, Luis Mariano. Piano: Fidel Cordero. Percusión: Paquito González. Violín: Julio Muñoz. Palmas y voces: Marce y Víctor. Castillo de Gibralfaro. Sábado 1 de septiembre.

MÁS INFORMACIÓN

Referencias literarias (Benítez Carrasco y Bergamín) para coplas de temática taurina y, una relectura del poema de Alberti que musicara Paco Ibáñez como Balada del que nunca fue a Granada. Pero, sobre todo, ahí estuvo también su valiente interpretación del Tango de las madres locas, de Carlos Cano, con lo que se completaba un concierto de neta inspiración granadina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de septiembre de 2007