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Reportaje:

París a pedales

Un nuevo servicio de alquiler de bicicletas en París se populariza entre visitantes y locales

Su éxito ha sobrepasado todas las expectativas. El proyecto Vélib (contracción de Vélo libre, bicicleta libre), un servicio de alquiler de bicicletas gestionado por el Ayuntamiento de París, gusta y divierte. Desde que se inauguró el pasado julio, parisienses y visitantes plantan ufanos el pompis sobre un sillín y apoyan las muñecas contra el manillar con la peculiar alegría que suscitan los inventos prácticos. El desplazamiento masivo sobre dos ruedas -la gente va y viene en bicicleta con sorprendente vivacidad- gana cada día más adeptos.

El actor Alain Delon, trajeado de verano impecable (pero sin corbata), dio una vuelta por las inmediaciones del Ayuntamiento de París conversando animadamente con el alcalde Bertrand Delanoë; un paseo sorpresa cuyo impacto mediático no permitió determinar cuál de las dos personalidades exhibía mejor pedaleo.

Técnicamente, y como alternativa eficaz al coche, las cosas se han hecho bien. Vélib propone un sistema de alquiler inédito en la ciudad. Está disponible 24 horas al día, siete días a la semana, con 14.197 bicis aparcadas y 1.451 estacionamientos cada 300 metros en los ejes estratégicos de la villa. El procedimiento es sencillo; se coge una bicicleta y se vuelve a estacionar cuando se quiera en cualquiera de los puntos Vélib repartidos por la ciudad. La primera media hora es gratis y las siguientes fracciones de 30 minutos cuestan un euro; si se utiliza durante más de hora y media se pagan cuatro euros. Una consola explica, en ocho lenguas, el procedimiento a seguir. La sociedad de mobiliario urbano JC Decaux ha sido la encargada de diseñar el artefacto. La bici (gris nácar) es robusta, ergonómica y confortable. Pesa 22 kilos, en lugar de 18 (el habitual en los comercios) en previsión de la longevidad del material. Los frenos, marchas y sistema antirrobo van integrados al nódulo central. Incluye una cesta en la parte delantera, donde caben enseres personales y compras.

El caso es que la petite reine gana terreno sobre el asfalto y, pese a ser aún insuficiente, cuenta ya con 371 kilómetros de pistas por las que se puede pedalear en la capital parisiense. La sencilla espontaneidad de seres inocentes que caracteriza a las bicicletas -como dijo Cortázar en su mítico libro Historias de cronopios y de famas (Minotauro, 1962)- ha calado hondo entre los jóvenes. A ellos les resulta especialmente práctico para volver de fiestas y discotecas por la noche. Como dice Albertine, estudiante de Derecho: "Así no dependemos de nadie. El metro cierra pronto, y volver en bici nos permite ahorrarnos el taxi".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de agosto de 2007