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Reportaje:Ciclismo | Las dos caras del Tour: el homenaje al vencedor

"Un chico nacido para ser ciclista"

La gran eficiencia de pedalada y su rápida capacidad para recuperarse de los esfuerzos, principales cualidades fisiológicas de Contador

El sexto clasificado, y cuarto español, Alejandro Valverde, de 27 años, llegó al fin en bicicleta a París y se sorprendió de la dureza de los Campos Elíseos, de los adoquines, del porcentaje de subida hasta el Arco del Triunfo. El ganador, Alberto Contador, de 24, que no era tan novato en estas lides, que había terminado el Tour de 2005, se sorprendió de la grandeur de la ceremonia en la que recibió el maillot amarillo definitivo, de la felicidad que sintió. También descubrió, ya de madrugada, que la Maison Blanche no era una réplica de la Casa Blanca, sino una terraza muy pija en la avenida Montaigne, con vistas a la torre Eiffel, en la que un buen grupo de millonarios estadounidenses llegados con Lance Armstrong en su avión celebraron su victoria. Contador, buen chico, se fue pronto a la cama. Los otros vieron amanecer, ostras y champaña, en el Sena.

"Todo está en los genes", explica Pedro Celaya, médico del Discovery Channel

Ambos corredores, Valverde y Contador, la punta de lanza de la generación española de los 80, comparten también una característica fisiológica que les garantiza la pertenencia al club de los grandes. "Alberto tiene una gran capacidad para lavar muy rápidamente el lactato", dice Pedro Celaya, el médico del Discovery Channel, haciendo eco a su colega Jesús Hoyos, del Caisse d'Épargne, refiriéndose a Valverde. Lavar el lactato significa eliminar las toxinas producto de la combustión energética que se produce en el músculo durante el ejercicio; estos desechos, aparte de dolorosos, frenan el rendimiento. Lavarlo deprisa equivale a recuperarse rápidamente de un ataque en llano, de un demarraje en un puerto, para poder repetirlo. Como Valverde en Tignes, como Contador en el Peyresourde.

Como Contador toda su vida.

"Todo está en los genes", explica Celaya. Y el médico vasco, que conoce bien al chico de Pinto y a otros grandes campeones, pues ya era médico en los tiempos de Luis Ocaña en el Fagor, se permite ir un pelín más allá al hablar del polluelo que acaba de ganar el Tour. Habla de eficiencia. De mucha eficiencia. De cómo para conseguir que su organismo produzca los mismos vatios de potencia que otros corredores, Contador necesita menos trabajo, no necesita consumir tanto oxígeno. Contador, viene a decir, ha nacido para ser ciclista.

Fausto Coppi, el campionissimo, tenía las piernas muy largas, el busto muy corto y los brazos muy finos. Cuentan sus biógrafos que fuera de la bicicleta parecía un ser contrahecho, pero que esa anomalía se transformaba en belleza cuando pedaleaba. Sin llegar a los extremos coppianos, la morfología de Contador, su adaptación a la bicicleta, su aerodinamismo natural, reflejan el mismo don: la eficiencia. Lo mismo que los atletas del Valle del Rif, del altiplano africano, etíopes y kenianos, que parecen haber nacido para correr y lo hacen muy deprisa cuando la carrera supera los 800 metros, con sus largas piernas, sus inexistentes gemelos, su resistencia. Y su gran capacidad para lavar lactato, como demuestran Bekele, Gebrselassie o Cherono con sus cambios de ritmo. Maratonianos de la bicicleta. Así es Contador, como los grandes del ciclismo castellano; como Bahamontes, la misma piel dura y renegrida, la cara huesuda, los bracitos, las piernas largas: la misma herencia genética de trabajadores del campo, resistentes, acostumbrados a largas tareas. En ellos se han producido las adaptaciones fisiológicas que han favorecido un uso más eficiente de las grasas como fuente de energía, con la consiguiente pérdida de peso, la mejora de la relación peso-potencia, el ahorro de gasto de glucógeno, el retraso de la fatiga y la mejor recuperación: las mismas cualidades de los hombres Tour. Y la adaptación al calor, al sol que quema.

"Quizás la diferencia entre las cualidades de Contador con otros ciclistas del Tour sea porcentualmente muy pequeña", prosigue Celaya. "Mínima, pero suficiente. El Tour, una carrera de casi 100 horas, se ha resuelto a su favor por 23 segundos". Y quizás esas cualidades no le habrían supuesto nada si no estuvieran conjuntadas con una cabeza muy amueblada, una determinación única, seriedad y ambición: el carácter de Contador, que nunca se pararía a tomar un helado en la cima de un puerto como Bahamontes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de julio de 2007