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La encrucijada turca

El islamismo moderado arrasa en Turquía

El partido de Erdogan gana votos en las legislativas, aunque pierde escaños en el Parlamento

El islamismo político obtuvo ayer su mayor victoria electoral, con un 47% de los votos, en la historia de la Turquía moderna. El primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, vio refrendada en las urnas su gestión de los últimos cinco años, durante los cuales se han abierto las negociaciones para la adhesión de Turquía a la Unión Europea, y además la economía ha experimentado un crecimiento sostenido a un ritmo anual del 7% del PIB. Erdogan anticipó en mayo la celebración de los comicios legislativos a raíz del enfrentamiento con el aparato laico del Estado, respaldado por las poderosas Fuerzas Armadas, que han protagonizado cuatro golpes de Estado desde el año 1960.

Tras la victoria, el primer ministro prometió respetar los valores laicos del país

El pulso con el Ejército por la fallida elección de un candidato islamista como presidente de la República parece haberse saldado aparentemente a favor de Erdogan. Su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) consigue más votos que en 2002 (34%) y podrá seguir gobernando en solitario. Pero la pérdida de una veintena de diputados en el nuevo Parlamento, debida a la participación de un nuevo partido en el reparto de los 550 escaños, le aleja de la mayoría cualificada de los dos tercios de la Cámara exigida para la designación del jefe de Estado y la reforma de la Constitución.

El AKP mejora claramente su marca electoral de 2002, tras ocupar el centro político y movilizar a más de 15 millones de votantes en los feudos del islamismo de las periferias de las grandes ciudades (35% de los votos en Estambul y 45% en Ankara) y en las provincias centrales de Anatolia, donde superó el 66% en Konya, cuna del islamismo turco, y el 75% en Bingol (este del país).

Aclamado por miles de seguidores que le gritaban "Turquía está orgullosa de ti", Erdogan pronunció anoche, desde el balcón de la sede del AKP en Ankara, el que tal vez pueda considerarse como el discurso inaugural del posislamismo turco. "No haremos ninguna concesión sobre los principios fundacionales de la República", dijo, para garantizar que respetará el laicismo y la unidad territorial.

"Seremos respetuosos con las diferencias de nuestra sociedad, que son parte de nuestra riqueza", aseguró, al tiempo que entendía su victoria electoral como un mensaje para proseguir por el camino del desarrollo económico, con la promesa de volver a duplicar en la próxima legislatura la renta per cápita para llevarla hasta los 10.000 dólares (unos 7.200 euros), y profundizar en las reformas para reactivar el proceso de adhesión a la UE. "Llevaremos a nuestro país al nivel de la civilización contemporánea, como fijó como objetivo Mustafá Kemal Atatürk".

La euforia del primer ministro sólo se vio truncada por los resultados del líder del Partido del Movimiento Nacionalista (MHP), dirigido por Devlet Bahçeli, que regresa con fuerza al Parlamento con cerca de un 15% de los votos. La irrupción en la escena política del ultranacionalismo, que ha hecho una vocinglera campaña contra la que considera "tibia" actitud del Gobierno frente al terrorismo kurdo, es la causa principal de la pérdida de peso del AKP en el hemiciclo. La extrema derecha supera sobradamente, con el 14,3% de los votos, el umbral mínimo del 10% de los sufragios nacionales.

El éxito del MHP tiene como contrapartida el estancamiento en torno al 20% de los sufragios del Partido Republicano del Pueblo (CHP), el tradicional baluarte del laicismo, fundado por el propio Atatürk, y que en la actualidad mantiene un programa indefinido que discurre entre el nacionalismo y la socialdemocracia. El CHP y su líder, Deniz Baykal, han llevado en solitario el peso de la oposición a la gestión de Erdogan, y provocado el boicoteo a la votación parlamentaria para designar al ministro de Exteriores, Abdulá Gül, como jefe de Estado, que finalmente desencadenó su renuncia tras un polémico fallo del Tribunal Constitucional.

Pero los electores no parecen haber valorado esos esfuerzos, y Baykal se ha limitado a mantener sus resultados en la costa del Mediterráneo, sobre todo en Esmirna. Cientos de militantes del CHP exigieron anoche su dimisión ante la sede de su partido en Ankara.

Una cuarta fuerza en disputa surge también en Turquía tras las elecciones de ayer. Los nacionalistas kurdos decidieron presentar candidatos independientes en su bastión del sureste de Anatolia para poder sortear la infranqueable barrera del 10% de los votos nacionales.

Escrutado el 99,9% de los votos, aunque los resultados aún no son oficiales, estos candidatos independientes -que ya han anunciado su intención de reagruparse tras la constitución de la Cámara bajo el paraguas del Partido de la Sociedad Democrática (DTP, nacionalista kurdo)- pueden alcanzar hasta 27 escaños.

Estos diputados pueden ser claves para que el Gobierno islamista (respaldado por 340 escaños) impulse nuevas reformas constitucionales e imponga a su candidato a la Presidencia de la República. Para ello, necesita al menos 367 votos en el Parlamento. En caso contrario, los votantes pueden tener que ser convocados de nuevo a las urnas este otoño para sacar a Turquía de su crisis política más grave de los diez últimos años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de julio de 2007