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Crítica:TEATRO | 'El maletí, o la importància de ser algú' | Grec'07

Equívoco social

Al dramaturgo inglés Mark Ravenhill (1966), conocido en nuestro país por Shopping and Fucking, Some Explicit Polaroids y Product, le gusta ahondar en temas sociales y políticos desde sus historias y a partir de unos personajes contemporáneos con los que suele meter el dedo en la llaga. En Handbag (1998) la llaga es la responsabilidad de la paternidad/maternidad en una sociedad poco responsable. Y los dedos son varios: la explotación de canguros inexpertas que cuidan de nuestros hijos y a quienes traspasamos nuestra responsabilidad; la política económica de la fertilidad; el comercio sexual o la afirmación de los derechos de los homosexuales.

Ravenhill mete todas estas cuestiones en el interior del maletín que da título a la obra, da unos toques precisos con su varita mágica, juguetona, cínica, penetrante, y nos presenta el resultado en forma de puzzle para iniciados: Handbag, con el subtítulo The Importance of Being Someone, es la historia de una pareja de gays y otra de lesbianas que se ponen de acuerdo para tener un hijo, un niño que ha de ser afortunado porque contará con dos padres y dos madres, y es también la recreación de los antecedentes de The Importance of Being Earnest, de Oscar Wilde. El nexo de unión entre ambas tramas y épocas no es sino el maletín, con bebé en el interior, que desencadena uno de los equívocos de la pieza de Wilde al haber sido abandonado en Victoria Station y que encuentra en el polémico bolso rojo del personaje Tinky Winky de los Teletubbies un mordaz paralelismo.

Josep Maria Mestres, quien ya puso en escena Unes polaroids explícites en el Lliure de Gràcia hace años, vuelve a Ravenhill -y de rebote a Wilde- con este polisémico maletín traducido al catalán por Joan Sellent. El maletí, o la importància de ser algú (hasta el 19 de julio en la Sala Petita del Teatre Nacional de Catalunya en el marco del Grec) se desarrolla en el sobrio espacio escénico de Pep Durán y se explica, en parte, gracias al trabajo de la vestuarista Nina Pawlowsky, con cuyos maravillosos diseños se ilustra el vaivén de los intérpretes entre la actualidad y la época victoriana.

Los tres actores (Isaac Alcayde, Bien Durán, Òscar Molina) y las tres actrices (Llum Barrera, Tilda Espluga y Anna Ycobalzeta) se desdoblan, se desviven y muchos también se desvisten en esta puesta en escena fiel y no recomendada, según el TNC, para menores de 16 años, pues "contiene imágenes y un lenguaje que pueden herir la sensibilidad del espectador".

Como siempre, lo fuerte en Ravenhill no es tanto lo que se dice y lo que se ve en escena como las implicaciones de todo eso. Para disfrutar de este maletí y de sus sutilezas conviene tener el texto de Wilde presente. Y releer a Wilde siempre es un placer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de julio de 2007