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Reportaje:TOUR 2007

Una carrera de obstáculos

Valverde y Pereiro superan la primera valla en una tormentosa conferencia de prensa

"Qué fastidio, otra vez vuelta a empezar", decían en un póster de los años 70 un par de monos que veían a lo lejos el hongo de una explosión atómica. Si alguien dentro del pelotón mundial puede quejarse de sufrir el mismo mal que los primates, la sensación de que los sucesos de la vida son un círculo, que no se avanza sino que todo se repite cada cierto tiempo, ése es José Miguel Echávarri, el patrón del Caisse d'Épargne que está reviviendo en su 25º Tour situaciones que ya padeció antes incluso de debutar en la grande boucle y después, en 1988, cuando el Tour de Perico Delgado. Situaciones que le colocan en un papel de solo contra todos, de provocador, agitador, que saca a la luz las contradicciones de un mundo que se empeña en caminar hacia el suicidio haciendo siempre lo contrario de lo que dicta el sentido común.

Pereiro: "Estamos hartos de que pregunten siempre lo mismo. La paciencia tiene un límite"

El contencioso de Echávarri con el sector de los organizadores, el que detenta el poder económico del ciclismo, ya comenzó en 1981, cuando estuvo a punto de no llevar a su Reynolds a la Vuelta; la lucha prosiguió en 1988, cuando el falso positivo de Delgado en el Tour, y ha alcanzado su apogeo en 2007, el año de la resaca de la Operación Puerto, el año en que el Tour ha trabajado lo imposible para evitar que Valverde tome la salida hoy, el año en que la Unión Ciclista Internacional (UCI) ha actuado al dictado absoluto de los organizadores. El año de todas las contradicciones.

Y todo ello se ha resumido en un par de días de estancia londinense. El primero, el jueves, muy intenso, comenzó para Echávarri con la constatación de que el director del Tour, Christian Prudhomme, había llegado a acusarle ante su patrocinador francés de organizar un sistema de dopaje dentro del equipo -objetivo denunciado: lograr que Caisse d'Épargne, el patrocinador francés más fuerte, abandone al grupo español y financie a uno de su país-, y terminó con una reunión de la asociación de equipos -de la que, recordando sus años de inicio, ya había dimitido- en la que ocho equipos, sector minoritario, seis franceses y dos alemanes, se retiraron al comprobar que no tenían votos suficientes para forzar la caída del presidente, Patrick Lefévère, y fundaron su propio movimiento por "un ciclismo creíble". La acusación principal, el hecho que los distingue de los "increíbles", de todos los demás: el que éstos, según ellos, no acatan en su plena extensión el Código Ético -algunos corredores, o sea, Valverde, no deberían estar en Londres- y ni siquiera firman la carta de juramento que ha hecho partirse de risa e indignación a la mayoría de los ciclistas.

Como explicó Johan Bruyneel, del Discovery, otro agitador, "en el ciclismo actual se toman medidas bajo presión y sin pensar y luego se convierten en ley". El segundo día, ayer, fue el de la conferencia de prensa de Eusebio Unzue, Oscar Pereiro y Alejandro Valverde. Los tres comparecieron, puntuales, en la sala de prensa del Excel, el centro de convenciones al este de Londres. Pascal Schyns, belga y responsable del Caisse d'Épargne, dio la palabra a un periodista alemán. El colega se levantó con los papeles de la Operación Puerto en la mano y planteó a Valverde: "Aparece usted en estos documentos, se reconoce en alguna de los nombres en clave de la Operación Puerto". Schyns respondió por el ciclista murciano. "Estamos aquí para hablar de la carrera que empieza mañana", avisó al tiempo que cedió el turno a un periodista francés. No llegó a preguntar nada, sólo dijo: "Si no piensa hablar de esto, no tenemos nada que hacer aquí". Se levantó y se marchó. Una decena de periodistas abandonaron la sala. El resto, más de cincuenta, ni se inmutó. La rueda de prensa prosiguió. "Estamos hartos de que nos pregunten siempre por lo mismo. Es aburrido y la paciencia tiene un límite", dijo Pereiro más tarde. "Lo peor es que acusan sin pruebas", insistió Valverde.

Terminada la comparecencia, como nuestros grandes antepasados, Echávarri puso cara de fastidio -mezclado con la satisfacción de observar que no había llegado la sangre al río- y dijo: "En fin, siempre lo mismo, esto es una carrera de obstáculos. Ya hemos pasado el primero".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007