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Baloncesto | Final de la ACB

Éxito triple

Hay éxitos que se valoran por el qué. Ganar un título como la liga ACB es uno de los grandes. Otros, por el cómo, e intervienen en su análisis cuestiones menos resultadistas. Y luego está el desde dónde, que debe tener en cuenta el avance realizado durante la temporada. Este Madrid campeón sale triunfador se mire por donde se mire. En lo objetivo y también en lo subjetivo. Ha vencido en un campeonato muy exigente, y su estilo, aunque haya ido perdiendo fuerza en la segunda parte del curso, ha resultado una apuesta muy atractiva. Poco o nada recuerda ya a épocas recientes, algunas con título incluido como la del triple de Herreros en Vitoria. No estamos ante el equipo perfecto ni mucho menos, pero por primera vez asistimos al inicio de un proyecto coherente y con capacidad para poder construirse sobre él. Se terminaron los cambios constantes de dirección y entrenador, el medio equipo nuevo de todos los meses de agosto, la indiferencia del aficionado. Alguno podrá argumentar que una de las piezas básicas de todo lo que ha ocurrido ha sido producto de la casualidad. La que llevó a Joan Plaza al banquillo no siendo la primera opción de los directivos de la sección. Cierto. Pero también el Barça terminó fichando a Ronaldinho porque el Madrid se llevó a su primer objeto de deseo, un tal David Beckham.

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Si Plaza, con su sensatez, capacidad técnica, cesión de protagonismo a los jugadores y ejerciendo un liderazgo nada ruidoso (el más eficaz) ha sido importante, la confección de la plantilla no le va a la zaga. Desde hace una eternidad, el Madrid sufría la ausencia de bases de verdad. Con la llegada de Raúl y Tunçeri se subsanó de sobra este déficit vital. A partir de ellos, Plaza pudo poner en práctica una idea de baloncesto dinámico y atrevido, produciendo de inmediato un efecto atracción sobre el entorno madridista. Acertaron también en la contratación de Smith, curtido y eficiente, discreto y demoledor. Y en la vuelta de Mumbrú. Cuando empezaron a caer los lesionados, pívots sobre todo, llegó gente que se integró con rapidez, como Sekulic o Moiso. Cuando se resiste como lo ha hecho el Madrid a tanta adversidad, no hay otra explicación. Hay estilo. Hay equipo.

Una vez que en la Copa se demostró que el Madrid era competitivo, faltaba que en los playoffs surgiese un faro, un jugador al que agarrarse cuando te juegas un año en un minuto. Ha sido Felipe Reyes. Al final, los equipos se retratan en sus jugadores. Felipe ha dado muchas cosas, pero, sobre todo, se ha convertido en representante principal de una forma de hacer las cosas, de un espíritu indomable e inasequible al desaliento, de un deseo de ser cada día mejor. Impregnados y agarrados a él, el Madrid ha conseguido la cuadratura del círculo. Ha ganado, ha gustado y ha conseguido en un año avanzar como en cinco. Un éxito por triplicado que no puede despertar otra reacción que dar la más sincera enhorabuena a toda la sección.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de junio de 2007