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Fórmula 1 | Gran Premio de Mónaco

Los pilotos, por encima de todo

A pesar del repaso que McLaren dio a todos sus rivales en Mónaco -sólo Felipe Massa, tercero, se libró de ser doblado-, la diferencia entre la escudería británica y Ferrari no es tanta. Si se magnificó en esta carrera fue por culpa de Fernando Alonso y Lewis Hamilton. Hay elementos de los monoplazas que pueden engrandecer o disminuir la diferencia de potenciales, pero la carrera que llevaron a cabo Alonso y Hamilton fue casi perfecta. Ambos remataron un fin de semana de lo más fructífero para su equipo.

Las características de este gran premio otorgan al piloto una mayor influencia en el resultado final de la carrera que en otros circuitos, donde el coche resulta determinante. Si en la mayoría de los trazados la proporción es de un 70% a un 30% entre el coche y el piloto, el protagonismo del piloto en Mónaco está casi a la par con la mecánica. Alonso ya había ganado aquí anteriormente y Hamilton también aunque no lo hubiera hecho al volante de un fórmula 1. Además, los dos arrancaron desde la primera línea, algo importante en cada carrera, pero que cobra mayor importancia en la cita monegasca. Con Raikkonen embotellado e hipotecado por su tropezón en la sesión clasificatoria, Hamilton se protegió de Massa, le cerró el paso en el momento de la salida y se marchó pegado a su compañero. Aunque el déficit que exhibió Ferrari respecto a McLaren no será la tónica de aquí en adelante. La escudería italiana no tardará nada en volver a ser competitiva. Más allá de la diferencia que pueda existir entre el MP4/22 y el F2007, está claro que la mayor distancia entre los ejes que exhibe el Ferrari de este año no ha beneficiado en nada a sus pilotos, que deben pelearse con un coche más torpe en sus movimientos que el del año anterior. En un circuito tan revirado como el de Mónaco, un coche más corto siempre se desenvolverá mucho mejor. Un Mini rodará más cómodo en un circuito de karting que, por ejemplo, un Cadillac. En una pista como la de Mónaco, la más lenta del certamen, repleta de curvas cerradas y en la que los coches deben retorcerse mucho, una menor distancia entre ejes siempre ayuda. Si a la brillante carrera de Alonso y Hamilton sumamos algunos elementos mecánicos que Mercedes puso a su disposición, el resultado final es el que se vio en la carrera: un monólogo de McLaren.

El déficit de Ferrari respecto al equipo de Alonso no será la tónica en adelante

En una pista como la monegasca, la menor distancia entre los ejes de los McLaren ayuda

A la pericia de Alonso y Hamilton se unió un nuevo paquete en el motor que Mercedes hizo llegar al Principado. Aunque, a estas alturas de la película, la evolución no les proporcionará un plus de más de 10 ó 12 caballos de potencia, todo ayuda, máxime si se tiene en cuenta que la lucha abierta es con Ferrari. La naturaleza de esta carrera no exige demasiado a los motores, pero los McLaren aguantaron bien y esto es importante. Además, en la carrera que cada marca interpreta para evolucionar sus vehículos, han entrado en escena una serie de elementos que ofrecen una ligera ventaja a quienes los incorporan primero.

Es el caso del Quick Shifting, un sistema de cambio que incorporan algunos equipos como McLaren o Ferrari. Con este sistema, la caja de cambios aprovecha la potencia del motor y de este modo se consigue que el coche esté empujando en todo momento. Mientras existen otros sistemas que engranan dos marchas para tratar de reducir el tiempo en que el coche no recibe potencia del motor, el Quik Shifting anula cualquier tiempo muerto entre que el motor empuja y el embrague actúa, con lo que se consigue una ganancia de unas milésimas de segundo.

Pero, aunque todos los elementos técnicos ayudan, los culpables de la abismal diferencia que quedó patente en las calles de Mónaco fueron Alonso y Hamilton.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de mayo de 2007