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Reportaje:

El aprendizaje de Marta

Las crónicas de sociedad de una ciudad discreta y pequeñoburguesa como es A Coruña dieron cuenta aquel 4 de enero de 2002 de la celebración, la noche anterior, de una fiesta de cumpleaños en el Playa Club de la ciudad, un lugar pegado a Riazor que dista de ser un local exclusivo para grandes bolsillos. Algún periódico quiso elevar el rango de aquel evento y lo calificó como la puesta de largo de una joven que acababa de cumplir 18 años y tenía por nombre Marta Ortega Pérez. A nadie se le ocultaba que se trataba de la hija menor de Amancio Ortega, el hombre más rico de España, dueño y señor de Inditex, empresa que había situado sus marcas de moda entre las más conocidas del mundo. De Marta poco se sabía por entonces, salvo su afición por la hípica, que le había costado un serio disgusto fechas antes de alcanzar la mayoría de edad: Marta tuvo que acudir a su fiesta de cumpleaños con muletas. Llevaba un vestido negro, sandalias de tacón alto y una cadena en el cuello de la que colgaba un crucifijo que contrastaba con la vertiginosa transparencia del vestuario. De aquella celebración consta la presencia de amigos y compañeros de clase, entre quienes figuraban los hijos de algunos notables de la ciudad. A pesar del empeño de los cronistas locales por significar la importancia del acto, la madre de la homenajeada, Flora Pérez, matizó que la celebración no era "una fiesta de largo tradicional, sino una reunión con amigos para celebrar su cumpleaños". Era evidente que el color de su traje desmentía el clásico blanco o azul que se usan en ese tipo de conmemoraciones de alta alcurnia. Quienes conocían a Amancio Ortega, un hombre que probablemente sólo se puso corbata para su boda, sabían que no iba a ser su norma de conducta proyectar en su hija las rancias costumbres de la alta sociedad.

La prensa rosa la asedió con noticias sobre supuestos romances con hijos de personalidades

La trayectoria de la heredera estará diseñada por expertos, probablemente por una consultoraEmpezará por Bershka, y seguirá, aunque con menos tiempo, en el resto de cadenas del grupo

El aprendizaje durará años, en Londres, París y Shanghai, hasta conocer los entresijos del imperio

Amancio Ortega sigue siendo, a sus 71 años, la cabeza visible de Inditex y de sus siete marcas de moda

Marta fue nombrada vicepresidenta de dos sociedades con 23 años, pero sin funciones ejecutivas

Por muchos motivos, el tiempo parece haber dado la razón a Ortega.

En septiembre, Marta Ortega Pérez será una anónima empleada en alguna de las 445 tiendas de la cadena Bershka, una de las marcas del imperio Inditex. Cada hora revisará el estado de los estantes para reponer las prendas. Dos veces por semana trabajará desde las 7.30 en la recepción de la mercancía y su posterior clasificación, según se trate de prendas dobladas o colgadas. Atenderá al público, ajustará prendas, conocerá al detalle la milimétrica organización de un concepto de tienda donde cada detalle ha sido estudiado de antemano, desde el diseño del escaparate hasta la ubicación del frasco de caramelos en la zona de caja. Lo que pasará inadvertido a los clientes será que esa trabajadora será la hija menor del dueño de Inditex. Así, a pie de obra, comenzará un periodo de aprendizaje que durará varios años. Marta conocerá los entresijos de la empresa. Trabajará en las oficinas de París, Londres y Shanghai. El objetivo será prepararla para que algún día tome el testigo de su padre y se convierta en la persona que gestione la mayor fortuna de España. Esta estrategia dependerá de una última decisión: será ella quien decida si acepta ser la heredera.

El camino habrá sido tan discreto como suelen ser los actos protagonizados por su padre. Y ello, a pesar de que la imagen pública de Marta Ortega ha corrido algún riesgo.

Aquella fiesta de cumpleaños celebrada en un entorno navideño fue el primer acto social de una joven que, a diferencia de sus dos hermanos, parecía destinada a servir de carnaza. Tiempo después, la corta biografía de la hija menor de Ortega comenzó a empañarse por sus episódicas relaciones con el papel cuché, con la prensa del corazón. La afición por la hípica fue responsable indirecto del problema. Su participación en concursos hípicos, sus relaciones de amistad en ese entorno exclusivo, inaccesible al común de los mortales, terminó por dibujar un perfil elitista de Marta Ortega, de quien se divulgaban fotografías en ambientes ecuestres y a quien la prensa del corazón comenzaba a asediar con algunas informaciones referentes a supuestos romances con hijos de personalidades. El rumor más persistente fue aquel que la vinculó a un noviazgo con el hijo de José Bono, por entonces presidente de la Junta de Castilla-La Mancha y cuya familia posee una instalación hípica a las afueras de Toledo. También se la relacionó con uno de los hijos del presidente del Banco Pastor. "Casi ninguno de los noviazgos que se le han adjudicado ha sido cierto", afirma un amigo personal de Amancio Ortega, "pero era muy difícil combatir esas informaciones, máxime teniendo en cuenta la aversión de Ortega hacia los medios de comunicación". En mayo de 2006, los paparazis la cazaron disfrutando de una cariñosa tarde de paseo en los jardines coruñeses de Méndez Núñez junto al jinete catalán Gonzalo Testa, compañero de fatigas en algunas competiciones. Desde entonces, ese tipo de rumores han desaparecido ante la evidencia de una relación estable que dura ya algo más de dos años.

Año tras año, concurso tras concurso, sobre Marta Ortega se terminó trazando un perfil ligero. Se le atribuyó el papel de ojito derecho de su padre por el hecho de que Amancio Ortega, para satisfacer la afición de su hija, mandara edificar el centro hípico de Casas Novas en unos terrenos de su propiedad en la localidad de Larín. Aquella instalación sigue siendo considerada como una de las punteras de Europa en su género y ha sido sede de concursos hípicos de carácter internacional. Si el padre le traía los concursos a casa y las fotos la mostraban en compañía de Athina Onassis, heredera del imperio del magnate griego Aristóteles Onassis e igualmente aficionada a la hípica, no era de extrañar que Marta Ortega terminara por ser un personaje más del selecto club de hijas de papá sin otro oficio que disfrutar de una herencia multimillonaria.

Fuera del interés de las crónicas sociales quedaron algunos detalles. Marta, que comenzó a practicar la hípica a los 10 años, llegó a tener un palmarés interesante. Conquistó el Trofeo Príncipe de Asturias y fue campeona de España de su categoría a edad temprana. En una entrevista concedida al diario local La Opinión manifestaba, ya en marzo de 2003, que no se dedicaría profesionalmente a la hípica. "De momento", dijo, "estoy estudiando empresariales en Londres". Aquel aviso pasó inadvertido engullido por las crónicas de sociedad. Marta Ortega había estudiado en los jesuitas en A Coruña, para después ingresar en un colegio en Suiza y terminar realizando la carrera de empresariales en el European Business School de Londres. "No se podría decir que era una alumna de notas brillantes, pero sí que mostraba una fuerza de voluntad y un espíritu de trabajo muy del estilo de sus padres", explica un amigo de la familia. "Marta ha sido desde pequeña un ejemplo de tenacidad. Lo demostraba en los estudios y en su práctica deportiva. Es, además, una mujer muy sensata, de tal manera que puede aparentar mayor edad de la que tiene". Marta domina tres idiomas (inglés, francés e italiano). Actualmente asiste a un curso de inmersión en economía financiera fuera de España, que terminará en julio.

Su adolescencia transcurrió ajena a los avatares de la empresa de su padre. Pero el futuro de Inditex había sido objeto en más de una ocasión de especulación en los diarios financieros, a pesar de que la expansión internacional de la compañía parecía imparable y pasaba a convertirse en la tercera firma del mundo en su sector por facturación y la primera en crecimiento fuera de las fronteras de España (actualmente cuenta con 3.215 tiendas, de las cuales 2.711 están radicadas en Europa, 256 en América, 68 en Asia y 80 en Oriente Próximo y África).

Esas especulaciones tuvieron su origen en el enigma que rodeó durante años la figura de su propietario, Amancio Ortega, un hombre desconocido por la opinión pública hasta que se divulgó su primera fotografía en 1998, cuando la empresa había alcanzado ya gran notoriedad. Inditex era una multinacional en manos de un hombre sin rostro. La inquietud sobre la estabilidad futura de la empresa se apaciguó temporalmente el 23 de mayo de 2001 tras el éxito de la colocación en Bolsa del 23% de las acciones, que experimentaron una subida del 25,99% el primer día de emisión (la cotización se ha triplicado desde entonces). Amancio Ortega dejó de ser un personaje desconocido aun cuando ha permanecido fiel a su deseo de no hacer declaraciones públicas. La fama de este empresario nacido en León y criado en Galicia ha sido imparable en la medida en la que algunas publicaciones le señalaron como uno de los hombres más ricos del planeta. La revista Forbes le situó como la octava fortuna mundial en su última edición de 2006.

Amancio Ortega, sin embargo, sigue siendo a sus 71 años cabeza visible de Inditex y sus siete marcas de moda (Zara, Massimo Dutti, Pull & Bear, Bershka, Stradivarius, Oysho y Zarahome), dado que posee casi el 60% del capital de la compañía a través de dos sociedades patrimoniales, Gartler (que controla el 50,1% de las acciones) y Partler (el 9,28%). Las especulaciones resucitaron hace dos años cuando Ortega atravesó ciertas dificultades de salud, ya superadas. Por entonces, además, se efectuaron importantes cambios en el Consejo de Administración de Inditex y algunas sustituciones de relevancia en cargos ejecutivos, protagonizados todos ellos por la marcha de José María Castellanos y de Juan Carlos Cebrián, estrechos colaboradores de Ortega en la expansión de Inditex.

Se produjo en el entorno de la compañía un auténtico "cambio generacional", expresión utilizada por el propio Ortega, con la entrada de Pablo Isla, que, a sus 41 años, asumía la coordinación de los equipos tanto de negocio como corporativos. Se incorporaron algunos ejecutivos de fuera y se mantuvo a la mayoría del esquema directivo y sus correspondientes equipos, "lo que aseguraba la continuidad del modelo de negocio", según un portavoz de la empresa. Esa mezcla de renovación y experiencia invitaba a pensar que la empresa inclinaba su futuro hacia la gestión profesional. Paralelamente, adquiría también una mayor relevancia el papel de Flora Pérez, actual esposa de Amancio Ortega, que pasaba a formar parte del consejo.

Dada esa situación, la sucesión de Amancio Ortega parecía no depender de su línea familiar. Ortega se había casado en primeras nupcias con Rosalía Mera, con quien tuvo dos hijos, Sandra y Marcos. Sandra, que le ha dado su primera nieta, había decidido seguir el camino emprendido por su madre en la Fundación Paideia, dedicada a la formación e investigación en ciencias humanas y sociales, que Rosalía fundó poco después de tener a Marcos, que nació con una deficiencia. En 2001, y tras 19 años de relación, Amancio Ortega se casó con Flora Pérez Marcote, con quien había tenido una hija, Marta. Y de Marta sólo se había tenido noticias relacionadas con los ecos de sociedad.

Pero, una vez más, Ortega maniobraba y los analistas quedaban en entredicho. El pasado mes de diciembre, Marta Ortega, con 23 años, era nombrada vicepresidenta de las dos sociedades patrimoniales, Gartler y Partler. Algunas noticias le adjudicaron funciones ejecutivas, informaciones que de forma inmediata se difundieron por toda la prensa económica. Sin embargo, su entrada en el Consejo de Administración de ambas sociedades no tuvo carácter ejecutivo. "La constitución de Partler y Gartler", según un portavoz de la compañía, "no tiene ninguna repercusión ni en el accionariado, ni en el desarrollo de la sociedad. Fue una decisión privada y consiste en una mera partición patrimonial". Dicho portavoz añadió que una eventual entrada de Marta Ortega en el consejo de Inditex (otro rumor de reciente aparición) "no está encima de la mesa, y desde luego ella no lo tiene en sus planteamientos". Se había disparado la sospecha de que Marta Ortega había sido elegida como delfín de Amancio Ortega y estaba destinada a heredar la fortuna de su padre.

De golpe, Marta saltaba del papel cuché al papel salmón. ¿Qué había sido de esa joven que parecía destinada a interpretar el papel de hija rica y superficial? ¿Estábamos ante una decisión caprichosa? ¿O bien es otro ejemplo de la capacidad de anticipación de Ortega?

Como dijo Marta Ortega a sus 19 años, en una entrevista que pasó inadvertida, su destino profesional no sería la hípica. Terminados sus estudios, llegó el momento de emprender el camino que la puede llevar a la presidencia de Inditex. Será un trayecto estudiado en todos sus pasos; diseñado por expertos, probablemente a través de una consultora; conocido en el mundo de los negocios como fast track rail (carrera rápida sobre raíles), cuyo objetivo es que Marta Ortega conozca todos los aspectos de una maquinaria tan sofisticada como Inditex.

El camino de la hija menor hacia una hipotética presidencia de Inditex puede ser largo y no tan inmediato como se ha escrito. Y, desde luego, este camino, fiel a la forma de actuar que ha tenido Amancio Ortega desde que fundó Zara, comenzará desde abajo, desde el trabajo en tienda y el conocimiento de las necesidades y los gustos del cliente. La intuición para adivinar tendencias ha sido una de las virtudes de Amancio Ortega, un hombre que nunca ha dejado de estar a pie de obra en su empresa.

Su itinerario arrancará en una de las tiendas de Bershka a primeros de septiembre. Durante mes y medio realizará todas las funciones, a excepción quizá de la de caja. Posteriormente se incorporará, como un trabajador más, al departamento financiero y de administración, en la sección de análisis de ventas. Éste será el periodo más largo de su formación y durará varios meses. No trabajará como becaria, sino como un elemento más de la plantilla, con sus propias responsabilidades.

Posteriormente, Marta Ortega entrará en los departamentos de producto y diseño. Allí se integrará en una tarea específica y será responsable de los datos de un área geográfica determinada. Más tarde se incorporará al área de responsabilidad social y corporativa, un departamento por el que ella ha mostrado especial interés. Es el departamento responsable de auditar el cien por cien de la fuerza productiva, de supervisar las fábricas y de inspeccionar el grado de cumplimiento del código de conducta y cumplimiento del producto, según cuatro baremos (A, B, C y D). Marta trabajará en la verificación de esos niveles.

Más genérica será su formación en mercados de capitales, servicio jurídico, fiscal y departamento de comunicación. Aún sin definir está cuánto tiempo durará su aprendizaje de la estructura internacional de la empresa. Es seguro que trabajará durante un tiempo en las oficinas de París, Londres y también en la de Shanghai (China), esta última a petición propia. En todas estas oficinas se integrará en aquel departamento por el que ella sienta más afinidad. Ese periodo durará aproximadamente un año.

"Una formación de este tipo está diseñada para que ella se identifique con la tarea", confirma un portavoz de la compañía, "y descubra su interés". También recorrerá el resto de las cadenas del grupo. "La gente tiende a olvidar que Marta tiene 23 años y que es demasiado pronto para especular sobre su futuro", añadió el portavoz.

Fiel a la filosofía de su padre -o, lo que es lo mismo, fiel a la filosofía de la casa-, Marta ha comenzado a abandonar los ecos de sociedad. No concede entrevistas. Se muestra inaccesible. Aquella joven tachada de niña rica y frívola será dentro de tres meses una anónima empleada con un proyecto en ciernes. Su camino está trazado. Será lento. Comienza así una carrera hacia un destino que probablemente la convierta no sólo en una de las mujeres más ricas del mundo, sino en una importante ejecutiva. Acaba de nacer la heredera de Zara. El círculo se cierra.

El largo camino

El camino del cambio será largo y fiel a la forma de actuar del padre de Marta: trabajo desde abajo e intuición para adivinar tendencias

La heredera inaccesible

Marta se prepara para tomar el relevo con gran discreción y alejada de los ecos de sociedad. Es prácticamente inaccesible

Empezar desde abajo

Marta Ortega será en septiembre una anónima empleada en alguna de las 445 tiendas de la cadenaBershka, marca del imperio Inditex

Del papel cuché al salmón

La afición a la hípica llevó a Marta al papel cuché, que ha seguido su relación con el jinete Gonzalo Testa. Ahora pasa al papel salmón

Un imperio de 3.215 tiendas

Inditex es un imperio de 3.215 tiendas, y su presidente, Amancio Ortega, es la octava fortuna del mundo, según la revista 'Forbes'

La hípica

Para satisfacer la afición de su hija a la hípica, Amancio Ortega edificó el centro de Casas Novas, unas

instalaciones punteras en Europa

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de mayo de 2007

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