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Entrevista:CLIVE HAMILTON | DIRECTOR DE THE AUSTRALIA INSTITUTE | GESTIÓN Y FORMACIÓN

"El crecimiento económico se sustenta gracias a la insatisfacción de la sociedad"

La publicidad y el 'marketing' fomentan un consumismo vacuo

A lo largo de la última década, la economía española ha crecido un 2,6% anual de media, según un estudio de Caixa Cataluña. Entre otras causas que justifican este crecimiento se encuentra la aportación de la inmigración al PIB, y, entre otras consecuencias, la disminución del paro, que ahora mismo afecta al 8,30% de la población activa, según el INE.

La mayoría de actores socioeconómicos relacionan este auge económico con el incremento del bienestar de la sociedad, pero cada vez se alzan más voces que no sólo cuestionan dicha correlación, sino que se atreven a decir lo que nadie quiere oír: "Cada vez somos menos felices". Entre los economistas que propugnan un modelo de desarrollo más humanista destaca el australiano Clive Hamilton (Canberra, 1953), director de The Australia Institute y autor del best seller internacional El fetiche del crecimiento (editorial Laetoli).

Pregunta. ¿Cómo definiría a la sociedad occidental actual?

Respuesta. Los seres humanos, sobre todo los que habitan en los llamados países desarrollados, se han transformado en consumidores, la mayoría de los cuales cree que su felicidad se encuentra en el consumo de mercancías. Sin embargo, a pesar de haber multiplicado sus ingresos en las últimas décadas, estas sociedades se caracterizan por un profundo malestar general, que se retroalimenta bajo la falsa idea de que cuanto mayores sean los ingresos y el estatus social alcanzado, mayor será la felicidad. Pero quienes no se engañan a sí mismos saben que no es así...

P. ¿Y cómo se explica que se haya llegado a esta situación?

R. Existen muchas causas, pero creo justo señalar que los principales responsables de este drama son los políticos que, con independencia de sus tendencias ideológicas, no suelen cuestionar los efectos del desarrollo económico. O no se atreven. En el fondo, todos sabemos que el crecimiento económico se sustenta gracias a la insatisfacción de la sociedad.

P. ¿Por qué motivos?

R. El crecimiento económico destruye muchas de las cosas que sí satisfacen a las personas: fomenta un consumismo vacuo, degrada la naturaleza y genera relaciones personales individuales y competitivas. Además, vende objetivos externos como la riqueza, la fama o la belleza, que también están vacíos. De hecho, las investigaciones prueban que quienes se creen todo lo que les dice el sistema terminan aislados y deprimidos.

P. ¿Qué papel juegan el marketing y la publicidad?

R. La estrategia de estas herramientas comerciales es prometer cosas para hacer felices a las personas y, por tanto, sólo tendrán sentido mientras éstas se sientan infelices con lo que tienen. Así, la publicidad cada vez cuenta con presupuestos más abultados: para garantizar la reproducción del sistema se necesita potenciar esta creatividad perversa.

P. ¿Y cuál es su propuesta?

R. Ya que contamos con la infraestructura, propongo que el sistema desarrolle el concepto de eudemonía, utilizado por Aristóteles para plasmar la idea de la felicidad derivada de la realización plena de las capacidades humanas. Este modelo aboga por una organización de la sociedad que fomente entre sus ciudadanos metas intrínsecas dirigidas a desarrollarse personalmente, mantener relaciones más estrechas o ayudar a los demás. Sé que supone un profundo desafío para el capitalismo actual, pero yo me pregunto: ¿qué es preferible, potenciar una sociedad materialmente rica e infeliz o iniciar el cambio hacia una más austera pero también más plena?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de mayo de 2007