Crónica:Fútbol | 32ª jornada de Liga
Crónica
Texto informativo con interpretación

Siempre quedará la Intertoto

El Atlético, incapaz de superar a un miedoso Betis, vuelve a fracasar en su estadio y complica su puesto europeo

Fue pisar Petrov el césped y montarse un jolgorio de cuidado en el Calderón, cuya hinchada recibió al búlgaro como si de Garrincha, en zurdo, se tratara. Seis meses y una semana después de romperse la rodilla, el búlgaro volvió a escena para intentar arreglar un pestiño de partido, otro más, protagonizado por el Atlético.

ATLÉTICO 0 - BETIS 0

Atlético de Madrid: Leo Franco (Pichu, m. 46); Seitaridis, Pablo, Zé Castro, Pernía (Petrov, m. 55); Galletti,Costinha, Jurado, Antonio López; Agüero y Torres (Rufino, m. 65). No utilizados: Perea, Marqués, Pollo y Rufino.

Betis: Doblas; Miguel Ángel, Juanito, Nano, Melli, Isidoro; Capi, Assunçao, Rivera (Sobis, m. 59); Fernando y Robert (Vogel, m. 65). No utilizados: Casto; Ilic, Fernando Vega, Odonkor, Caffa y Xisco.

Árbitro: Rodríguez Santiago. Amonestó a Jurado y Nano.

Unos 40.000 espectadores en el Calderón.

Petrov, que volvió a los seis meses, fue recibido como un héroe y tuvo el triunfo en sus pies
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Pudo marcar incluso el búlgaro en dos ocasiones: en la primera, Vogel sacó con la punta de la bota el balón en la línea de meta cuando el búlgaro intentaba cabecear; en la segunda, su durísimo disparo se fue rozando el larguero. Pero ni con Petrov ni sin él. No pasó el Atlético del empate ante un Betis que cambió su indumentaria y se vistió de azul y blanco, los colores con los que nació, hace 100 años. El Betis vestía como Italia, toda una declaración de intenciones que se multiplicó cuando su técnico, Luis Fernández, puso en liza a cinco defensas. Bien tapadito se plantó el Betis en escena, temeroso no se sabe bien de qué. Y se quedó a verlas venir, bien pertrechado, esperando quizá que su rival saliera con la intención de arrollarle. Esperando sigue.

Ocurre que el Atlético está perdido. No se cree su apuesta. Vive en el sexto puesto de la clasificación, en la fontera con la gloria europea. Y está allí porque de vez en cuando saca la cabeza del charco gracias a algún golpe de magia de Agüero, cada vez menos, algún arrebato de Torres , cada vez más, alguna jugada a balón parado o alguna pifia del rival. Acciones siempre puntuales, aisladas, que poco tienen que ver con su fútbol o con su sentido de la creación.

Ayer, ante el Betis, Aguirre se vio obligado a cambiar el paso por aquello de las bajas. El técnico mexicano se encontró con el centro del campo agujereado, sin Luccin, sin Gabi, sin Maniche, y echó mano de Costinha, con el que apenas contaba, y de Jurado. El chaval dejó su exilio de la banda izquierda, y de su imaginación, y sus botas, salieron las únicas acciones luminosas de un Atlético cuyo fútbol fue, de nuevo, plano, gris, vacío y grosero a ratos.

Tan animoso como inestable, el Atlético dio un curso de cómo perder la pelota con una prontitud desesperante. Sería por el césped, rápido como estaba por culpa de la lluvia que había azotado la capital, o sería, quizá, porque el equipo no da para más. Un tiro a puerta en la primera parte y dos en la segunda. Ésa fue toda la producción ofensiva del Atlético. Así las cosas, el Betis no dudó en estirarse, sin exagerar, amparado en un centro del campo de buen gusto, con Assunçao, Capi y Rivera al mando. Pero sólo creó peligro cuando su técnico le dio vuelo al brasileño Sobis.

Tocaba y tocaba el Betis, y más que tocó cuando el partido fue languideciendo, feliz como estaba con el empate. El Atlético, mientras, repetía el guión acostumbrado. El equipo se bloquea en cuanto sus centrales se ven obligados a subir el balón, a repartir juego, tarea para la que no les llamaron las musas. Así que Pablo le daba el balón al rival, Zé Castro le daba el balón al rival, mientras Jurado se dejaba ver sin éxito. Con un mínimo de velocidad, de precisión, y, sobre todo, de valentía (incapaz como fue de disparar entre los tres palos), el Betis se hubiera llevado ayer el partido sin mayores problemas.

Puesto a acumular desgracias, el Atlético vio cómo se lesionaba su portero, Leo Franco y, lo que es peor, cómo lo hacía Fernando Torres. Sin su guía, el Atlético fue menguando. Y suerte tuvo de que el Betis no quisiera líos y de que fuera Odonkor quien, a poco del final, se viera solo ante Pichu (sustituto de Franco). El alemán fue incapaz de encontrar siquiera la portería. Al poco llegó la segunda ocasión de Petrov y el partido murió con el Betis aplaudiéndose a sí mismo como si hubiera logrado una proeza, y con el Atlético dilapidando la (poca) credibilidad que le quedaba, dispuesto como parece el equipo a huir de los puestos de Champions y de los de la UEFA. Quizá la Intertoto acabe siendo un digno objetivo.

Agüero intenta llevarse la pelota ante Isidoro y Rivera.
Agüero intenta llevarse la pelota ante Isidoro y Rivera.MANUEL ESCALERA

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