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Entrevista:CAÑIZARES | Portero del Valencia | Fútbol | 31ª jornada de Liga

"Lo que más temo es el ridículo"

Palabras como responsabilidad, exigencia y profesionalidad fluyen de las reflexiones de Cañizares (Puertollano, 18 de diciembre de 1969), de cuyo dedo anular asoma un anillo plateado como aviso de que también puede ser un chico malo. Hoy, ante el Madrid, se enfrenta a su pasado en el Bernabéu.

Pregunta. ¿La pócima para mantenerse arriba tanto tiempo?

Respuesta. Amor a tu profesión; una situación emocional estable; descansar y comer bien, aunque haya que hacer algún exceso. Hago una siesta de dos horas y empiezo a vivir a partir de las seis. La siesta es una obligación para regenerar el cuerpo. Y también rodearse de buenos profesionales para los problemas físicos y psíquicos.

"Maradona marcó en cuartos de un Mundial a Inglaterra, tras lo de las Malvinas. Messi se lo ha hecho en casa al Getafe"

"Decidí ser buen profesional y no tan buena persona. La élite es muy exclusiva y hay que afilarse las garras"

"Me avergüenzo de perder y de no hacer las cosas bien. Me aparto de la gente por vergüenza"

"Mis compañeros se peinan más que yo. No soy tan vanidoso ni tan narcisista como parezco. O quizá sí"

P. ¿Practica el taoísmo?

R. Sí, me alimento según las reglas del tao, hago algún ejercicio de relajación y a veces practico el sexo según el tao.

P. ¿La eyaculación desgasta?

R. No soy quién para hablar. Si me oye un médico se llevará las manos a la cabeza, aunque yo, cuando oigo a un médico hablar de fútbol, me las llevo más arriba.

P. Carl Lewis dijo que los estiramientos están sobrevalorados.

R. Lewis no es una referencia: sin estirar, vuela. Para su especialidad, lo que más le importa es estar caliente. Para la mía, es estar elástico, caliente, hay que tener un montón de condiciones físicas.

P. ¿En qué nota que envejece?

R. Físicamente no lo noto. Pero sí en la diferencia de opinión respecto a los jóvenes. Me choca con qué tranquilidad se toman las cosas, que a veces es bueno, pero a veces les lleva a la relajación. Nosotros nos poníamos muy nerviosos.

P. ¿Sigue nervioso?

R. Siempre, ante todos los partidos. Es un examen. Y gracias a eso, a que no pierdo el respeto, puedo mantener mi forma. El día de antes y durante la semana tengo mi tensión. Le doy muchas vueltas.

P. ¿Huye tras un mal partido?

R. Me avergüenzo de perder y de no hacer las cosas bien. Es lo que más temo en el fútbol: la sensación de ridículo, que llegue un equipo inferior a ti y te gane. Me aparto por vergüenza.

P. ¿Sueña con paradas?

R. Se me ha pasado ese rollo de hacer un gran partido en el Bernabéu para cotizar al alta. Trato de ser rentable y de justificar el dinero que el club invierte en mí. Esa responsabilidad la he aprendido de mi padre, un humilde trabajador, un funcionario del Ayuntamiento de Puertollano por la mañana y profesor de yudo por la tarde.

P. ¿Alguna parada suya a la altura de la de Banks a Pelé?

R. Banks hizo aquella parada al mejor jugador del mundo en un Mundial. Maradona marcó en unos cuartos de final a Inglaterra, que un año antes había invadido las Malvinas. Messi se lo ha hecho en su casa al Getafe.

P. Hay un momento en su carrera en que cambia la imagen: de modosito a enfant terrible.

R. Cuando llegué del Celta al Madrid me di cuenta de que, para la élite, debía tener carácter. En el fútbol no triunfan las mejores personas, sino los mejores profesionales. Es mejor ser buen profesional que buena persona. Si no, se van a reír de ti. Y yo tengo un amor propio grande cuando se ríen de mí.

P. ¿Se rieron en el Madrid?

R. No, las buenas personas en el fútbol se subestiman y se aprovechan de su dignidad. Entonces decidí ser buen profesional y no tan buena persona, sin haber hecho mal a nadie. La élite es muy exclusiva y hay que afilarse las garras.

P. ¿Un portero es un loco?

R. Locura, ninguna. Responsabilidad y presión máximas. Una vocación grande. Locura había antes, cuando uno podía hacer el payaso en el campo. Ahora, con la velocidad que hay, no se puede.

P. ¿Exhibicionismo?

R. En todos los espectáculos hay una puesta en escena: hay un público y hay miradas. A puerta cerrada, no habría que exhibirse, y si hay un gol, no pasa nada.

P. ¿La vanidad ha sido un motor en su carrera?

R. He visto a vanidosos de verdad que se olvidan de su empresa para darle de comer a su vanidad.

P. ¿Y su narcisismo?

R. Moderado. Mis compañeros se peinan más que yo y usan más productos de belleza que yo. No soy ni tan vanidoso ni tan narcisista como parezco. O a lo mejor sí.

P. ¿Le cuesta salir de meta?

R. Sí, claro, cada día los centros vienen más fuertes, los balones están más mojados y los delanteros son más agresivos. No vienen los centros como hace 10 años, cuando yo salía a casi todas. A los 20 porteros nos cuesta un huevo salir.

P. Cuando un estadio le insulta masivamente. ¿Disfruta?

R. Disfruto si gano, y no por el público, sino por mi equipo. La gente tiene un sentimiento muy bueno hacia los desgraciados y Cañizares no lo es. Y, cuando se le ve, despierta unas ganas de que le pase algo. Si un día aparezco en silla de ruedas, me van a dar un aplauso en El Sadar y en el Camp Nou.

P. Su imagen llorando en Milán ante el Bayern de Múnich...

R. Sí, ahí caí muy bien porque era un desgraciado que acababa de perder la Copa de Europa.

P. ¿Por qué el fútbol inglés ha adelantado al español?

R. Tiene un poder de contratación y experimentación con jugadores de todos los continentes. Trabajan muy bien en las secciones inferiores y son maestros del espionaje. Al Chelsea no le ha dolido contratar a Sol de ojeador.

P. ¿El Barça ha sido beneficiado por los árbitros?

R. Sí. Ha sido el que más fortuna ha tenido. Mientras no se demuestre lo contrario, los arbitrajes es tener fortuna o no.

P. ¿Qué perderá el Valencia con la marcha de Ayala?

R. Un ejemplo. Hace dos meses anunciaron su contrato con el Villarreal, y hoy está siendo el mejor.

P. ¿Es kamikaze Carboni al enfrentarse a los pesos pesados?

R. Carboni y yo somos personas distintas y nunca he acertado a saber qué pasa por su cabeza.

P. ¿Cómo es usted ideológicamente?

R. Me río de los radicales.

P. ¿Le gusta jugar a la bolsa?

R. Ya no. Hubo una época en que sí. No quiero enriquecerme con algo que no sea mi sudor.

P. ¿Es millonario?

R. Sí, porque tengo más dinero del que gasto. Pero yo sé lo que es que tu casa esté en una subasta, y sé lo que es una familia destrozada por problemas económicos.

P. ¿El último capricho?

R. Poner un par de accesorios a mi coche antiguo. O irme a vivir al lado del mar.

P. ¿Qué está leyendo?

R. Un libro sobre germinados: semillas que dan energía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de abril de 2007