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Reportaje:

Los astilleros salen a flote

La construcción naval en España vive un momento dulce y una nueva promesa de estabilidad

Los astilleros españoles tienen la virtud de nacer infinidad de veces de sus cenizas. Hace dos años emergieron de nuevo planes del Gobierno y pactos sindicales para hacer de la actividad naval en España un proyecto de futuro. Del ajuste, forzado por la situación de quiebra, nació Navantia, que agrupa los astilleros militares. Los activos civiles se pusieron en liquidación y todos, salvo Manises en Valencia, acaban de iniciar su nueva vida. De momento, el mercado va bien y hay carga de trabajo, especialmente en los astilleros públicos.

La Comisión Europea asegura que se pueden cambiar las condiciones de la inclusión del astillero Ferrol Fenes en el grupo militar

Izar tiene sin resolver la planta de motores de Manises pendiente del grupo Ros Casares, el único que ha presentado una oferta, o del cierre

Corría el año 2000 y los astilleros españoles, de la mano del PP, salían de su crisis gracias a la integración de los astilleros civiles (Aesa) y militares, Bazán. Era el plan perfecto para terminar con dos décadas de crisis y con la pérdida de más de 12.000 empleos. La nueva empresa, Izar, nació con los mejores augurios y tan sólo siete años después agoniza en liquidación. Su fin es el origen de un nuevo plan que salva de nuevo el sector. En el año 2000 se presentaba Izar con 11.000 trabajadores, cuatro años después, lo que queda de aquel proyecto ocupa a unas 8.300 personas.

El sector de astilleros públicos pierde dinero desde el año 1973. Entre 1984 y 1999 un total de 3.089,9 millones de euros (cubiertos por el Estado) y destruyó 21.635 empleos. En los últimos cuatro siguientes, Izar perdió más de 600 millones de euros y no logró cerrar contratos importantes en su rama civil. A esta situación se suma la obligación de devolver las ayudas ilegales, según los criterios de la UE, concedidas por el Gobierno de José María Aznar, por un importe global de 1.100 millones de euros.

Plantas liquidadas

De Izar cuelga aún un problema sin resolver, la planta de motores de Manises, en Valencia, cuyo futuro está o en el grupo Ros Casares, el único que ha presentado una oferta, o en el cierre. En sus instalaciones se pasean cerca de 128 trabajadores a la espera de destino. Mientras estos activos pertenezcan a Izar en liquidación no se puede contratar carga de trabajo. El futuro de la planta está en manos de la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales), luego del Consejo de Privatizaciones y por último de Consejo de Ministros.

Las otras tres plantas de Izar que han sido liquidadas se encuentran limpias y a la espera de la venta de Manises para que se forme el holding a partes iguales que pactaron la SEPI y los sindicatos. El astillero de Gijón, que ocupa a 160 personas y realiza dragas pequeñas, está en manos de Factoría Juliana, SAU. Sevilla, con 150 trabajadores y especializada en reparaciones y pequeños barcos, fue a manos de Astilleros de Sevilla, SA. Sestao, el mayor y con capacidad para hacer buques gaseros, fue comprado por Construcciones Navales del Norte, participada a su vez por Astilleros Murueta Inversora para el Desarrollo de Iniciativas Empresariales, SL, Marlon 25, SL, Iniciativas Navales del Norte, SL y Naviera Nervión.

Este último astillero, que cuenta con un gasero en sus gradas, y dos dragas, se encuentra a la espera de que Repsol autorice cinco nuevos gaseros, de los que esperan poder construir los tres más pequeños. Sestao es el único de los astilleros civiles que en el proceso de venta vivió un expediente de regulación de empleo por el que se jubilaron 229 trabajadores. Ahora cuenta con una plantilla de 350 personas.

Fuentes sindicales consideran que la vida de los astilleros civiles dependerá en gran medida de la situación del mercado, que ahora se encuentra en un gran momento. El futuro de los astilleros militares, Navantia, no lo ven tan problemático. Su doble garantía de público y militar consideran que es un flotador suficiente. Entienden que los astilleros militares forman parte del gasto en seguridad y defensa y, por tanto, se escapan al control de la Unión Europea.

Este desdén por la cuenta de resultados no se ve igual desde la empresa, que a los dos años de su puesta en marcha ve el futuro "como nunca". Las pérdidas de 2005, por valor de 128 millones de euros, se redujeron hasta los 35 millones en 2006, según la empresa, y caminan hacia el equilibrio en este ejercicio y los beneficios en el próximo; algo que sería sorprendente en el sector naval español. Navantia cerró el ejercicio 2006 con una cartera de pedidos de 42 barcos y más de 5.500 millones de euros, un récord histórico. Lógicamente, el principal cliente es la Armada española, aunque se han logrado ventas en el extranjero. La carga de trabajo actual coloca el nivel de actividad en el conjunto de los astilleros en el 95% y con esperanza de subir.

El astillero público, que por mandato de la Unión Europea no puede contratar más de un 20% de su facturación en buques civiles, ha reestructurado sus centros de trabajo en cuatro: Ferrol Fene, Cádiz, Cartagena y Puerto Real San Fernando.

Cartagena está especializado en submarinos y cazaminas. La cartera de pedidos del astillero de Cartagena está compuesta por dos submarinos Scorpene para la Marina de Malasia, que se construyen en colaboración con la DCN francesa; cuatro submarinos S-80 para la Armada Española, que serán los primeros que se realizan con diseño propio; además de un contrato de transferencia de tecnología, que incluye la ingeniería y la asistencia técnica, para la construcción de seis submarinos Scorpene para la Marina India en aquel país.

El astillero Ferrol Fene es el que ha presentado en los últimos tiempos mayores problemas. Fene, que por empeño sindical en 2004 se incluyó entre los astilleros militares, trabaja directamente en bloques para el viejo astillero militar de Ferrol. Ni en este astillero ni en San Fernando se pueden realizar buques civiles hasta 2015. La Xunta de Galicia ha venido haciendo gestiones para privatizar Fene.

Grupo militar

El debate lo ha cerrado la propia Comisión Europea al asegurar que se pueden cambiar las condiciones de la inclusión de este astillero en el grupo militar. Actualmente, la cartera de pedidos de este astillero incluye la quinta fragata F-100 para la Armada Española, continuación de una serie de cuatro ya entregadas; cuatro fragatas F-310 para la Marina Noruega, de una serie de cinco de la que se entregó la primera, y un buque de proyección estratégica, el mayor buque fabricado para la Armada Española.

Puerto Real-San Fernando tiene en su cartera de pedidos el buque de aprovisionamiento de combate, que incorporará un doble casco, cuatro buques de acción marítima y ocho lanchas de desembarco, todos para la Armada, y ocho patrulleras para Venezuela. También tiene tres cascos para unos buques quimiqueros y dos buques para Trasmediterránea.

Falta mano de obra cualificada

La crisis permanente de los astilleros ha provocado una situación de periódicas prejubilaciones anticipadas; un buen sistema para resolver un conflicto social que deja el sector huérfano de mano de obra cualificada y con experiencia. Las gradas y diques de los astilleros han visto cómo profesiones denostadas por la crisis, como caldereros, soldadores, electricistas, navales o tuberos, se han convertido en oficios de éxito. Gobiernos autonómicos y central están firmando acuerdos con los sindicatos para realizar cursos de formación para cubrir estas necesidades. Muchos de estos puestos se están cubriendo también por extranjeros.

Pero el sector naval es más que los restos de Izar. La industria auxiliar que trabaja para Navantia y para los antiguos astilleros públicos civiles ocupa a más de 14.000 personas. Además, hay astilleros privados en Galicia (Freire, Vulcano y Barreras), en el País Vasco (Zamakona y Murueta), en Andalucía (Astilleros de Huelva) y en Valencia (Unión Naval del Norte). Todos ellos se dedican al barco mediano y pequeño, fundamentalmente de pesca. Todos van bien y están en posición de crecer. De hecho, Murueta viene de hacerse con el control de Bilbao Construcciones Navales y Zamakona con el astillero de Pasaia. Los gallegos Vulcano y Barreras han mostrado su interés por hacerse con Fene, una de las plantas de Navantia en Ferrol.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de abril de 2007

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