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CARTAS AL DIRECTOR

Sobre la consulta a los europeos

Carlos Brú entabla debate con la propuesta de consulta a la ciudadanía europea lanzada por el eurodiputado polaco Bronislaw Geremek y yo mismo en un artículo publicado en EL PAÍS hace unos días, sobre la que hemos recibido buenas y numerosas reacciones, en apoyo o crítica a la misma.

Nuestro objetivo, más allá de las formas concretas de tal consulta, es doble: acabar con el troceamiento nacional de la decisión de los europeos que lleva inevitablemente a la actual "ruleta rusa" en la ratificación de los tratados, considerándoles como un cuerpo electoral único -partiendo de que ya se hace en las elecciones a la Eurocámara-, y abrir la puerta a la figura del referéndum en el sistema de decisiones de la UE.

Podemos imaginar varias posiblidades de aplicación a corto plazo de nuestra propuesta, además de las que ya avanzábamos en nuestro artículo. Una: que el resultado de la Conferencia Intergubernamental que deberá sacar adelante, al menos, la columna vertebral de la Constitución Europea sea sometido al voto de los europeos a través de la citada consulta, lo que complementaría decisivamente el todavía insoslayable proceso de ratificación nacional; dos: si lo que sale de esa Conferencia se queda corto -no nos gusta, pero es una posibili-dad-, entonces podría preguntarse a la ciudadanía sobre los asuntos en los que debería seguir profundizándose en el futuro.

¿Cómo? Que el Consejo encargue a la Comisión Europea organizar la consulta con la colaboración de los Estados miembros: jurídicamente no podría argumentarse que se trata de un referéndum en sentido estricto, lo que nos desbloquearía la situación en países que no contemplan tal forma de voto; técnicamente sería muy sencillo y económico de llevar a cabo.

¿Cuándo? En la primera opción, inmediatamente después de finalizar la Conferencia, antes de comenzar los procesos de ratificación nacionales; en la segunda, cuando éstos hubieran terminado. Si los plazos nos llevaran lejos en la conclusión de la Conferencia, el voto podría ser simultáneo a las elecciones europeas de 2009: un elector llegaría a su colegio y encontraría dos urnas, una para elegir los diputados al Parlamento Europeo y otra, al lado, llevando la bandera azul con las 12 estrellas, para votar en lo que sería una consulta europea que abriría la puerta al futuro referéndum.

Una buena campaña de preparación de la consulta la convertiría en un éxito; digo más, ayudaría a que la abstención en las elecciones europeas disminuyera. ¿Por qué no? Pues el objetivo no es evitar que alguien se escape, sino que todo el mundo participe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de abril de 2007