Columna
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La política

Resulta muy tentador el pensamiento moral que puede acomodarse a las decisiones absolutas entre el bien y el mal. Las certezas, los principios fuertes, los dogmas, las creencias personales elevadas a categoría pública, dejan pocas grietas a la hora de organizar el mundo. En las conciencias cerradas no entran dudas. Pero de las conciencias cerradas tampoco pueden salir las moscas y las obsesiones que cada experiencia particular genera en el trato diario con la vida. Por eso la política, que por obligación debe atender a las tensiones y las posibilidades que genera la convivencia de todos los ciudadanos, nunca tiene las cosas tan fáciles. La política no es una tarea de moralización, sino un esfuerzo por interpretar la realidad, detectar los problemas y buscar soluciones. La política tiene principios, desde luego, pero tiene también circunstancias, situaciones concretas en las que trabajar, necesidad de estudiar el terreno, de tender puentes, abrir caminos y evitar que sus labores provoquen una catástrofe por error en los cálculos. La política no se parece a una sentencia judicial, o a una elección religiosa entre la santidad y el pecado. Tiene mucho más que ver con una obra pública. A veces exige un esfuerzo ético muy profundo, un ejercicio de íntima soledad y de compromiso social para delimitar bien, y en cada caso, aquello que resulta conveniente, algo que no siempre se identifica con una realidad perfecta. Los credos hablan desde el futuro, la política dialoga sobre el futuro. Los credos hablan en nombre de la verdad, la política busca soluciones. No se trata de renunciar a los principios o a la moral, sino de comprender que la política supone un modo de encauzar esos principios para ser dueños también, y responsables, de los finales. Hago estas reflexiones animado por la lectura de Victoria Kent. Una pasión republicana (Debate, 2007), la biografía que Miguel Ángel Villena ha escrito sobre una de las políticas y de las mujeres españolas más admirables del siglo XX.

Nacida en la Málaga liberal de Jiménez Fraud y Moreno Villa, la Málaga que poco después iba a alentar la revista Litoral y la obra de Prados y Altolaguirre, Victoria Kent fue una pionera, una ciudadana que abrió caminos. Leer su biografía significa atravesar los asuntos de la educación de la mujer, del derecho penal y de la política republicana bajo un estribillo exacto: fue la primera en... Sin embargo, no ha gozado en la democracia española del reconocimiento que se merecía. Quizá se debe a que su figura de republicana solitaria, sin más adjetivos, resultó incómoda no sólo para los padres de la transición monárquica, sino también para un movimiento feminista que no comprendió su actitud, cuando votó en las Cortes contra la concesión a las mujeres del derecho al voto, postura que compartió con la diputada socialista Margarita Nelken. El discurso parlamentario con el que explicó su postura, estuviese o no equivocada, es un documento conmovedor de honradez política, la misma que demostró cuando Manuel Azaña forzó su dimisión como Directora General de Prisiones, asustado por la modernidad de una medidas que transformaron los rumbos penitenciarios en Europa. Su lealtad a una política, se plasmó en su ejemplo muy discreto de autocontrol. Del mismo modo, al tomar una postura sobre el voto femenino, asunto que le afectaba íntimamente, hizo política, reflexionó sobre la situación española, señaló que la clase obrera anarquista había sido llamada a la abstención electoral, que la iglesia estaba volcándose en el apoyo de los movimientos antirrepublicanos y que una parte muy significativa de las mujeres sometía su voto a la iglesia. Pidió un poco de tiempo, sólo un aplazamiento, para que el voto de la mujer no fuese un arma contra la República. Quien se limite a decir que Victoria Kent se opuso al voto femenino será incapaz de comprender la altura de esta mujer, que quiso intervenir en la realidad, siendo muy consciente de la situación española, es decir, haciendo política. No negociaba una verdad, sino el futuro de todos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 02 de marzo de 2007.

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