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Reportaje:Fútbol | Copa del Rey: ida de los octavos de final

Piterman se da otro capricho

El dueño del Alavés recibe al Barça con un nuevo entrenador al que, según asegura, no necesita

Desde siempre para él, es decir desde Dimitri Piterman en adelante, Chuchi Cos ha sido para el empresario estadounidense de origen ucraniano un entrenador de usar y tirar. Eso sí, nunca le echa de casa: le quita del banquillo y lo manda al despacho hasta que prescinde de su sustituto y le devuelve el puesto. Así, Cos pasará a la historia por dos detalles: por ser el técnico al que más veces han echado del mismo sitio -tres le ha destituido Piterman en el Alavés- y por decir que su equipo había sido mejor que el rival, la UD Las Palmas, tras perder por 6-1. Hay muchas formas de trascender y Cos ha elegido la peor.

Su nuevo sustituto, Fabriciano González, el sexto técnico de la era Piterman, viene con la lección aprendida. "Soy un empleado del club. Ya sé lo que hay", dijo en su presentación. No podía decir otra cosa porque Piterman le había dejado las cosas claras. Si por él fuera, no habría tenido ningún entrenador porque, aseguró, esa figura no es necesaria y él podría hacerse cargo del equipo en solitario y sin necesidad de que alguien le preste el carné como ocurre en Portugal o Inglaterra, donde, dijo, "no hace falta ningún título".

Fabri lo tiene y se sentará en el banquillo esta noche contra el Barcelona. Habrá que ver dónde lo hace Piterman si es que acude al estadio. El gallego sabe cómo funcionan las cosas en el Alavés de Piterman y lo acepta: "Esto es una empresa y yo soy un trabajador más", dijo sin rubor. Esta capitulación ha sorprendido a quienes conocen a Fabri, al que se tiene por un hombre duro y de fuerte carácter.

De momento, tendrá que asistir a la limpieza de vestuario que anunció Piterman y que presumiblemente se llevará por delante a unos cuantos futbolistas que "enrarecen el ambiente" y "contagian" al resto, según Piterman. Es decir, los que por una u otra razón molestan al dueño.

Recibir al todopoderoso Barça de Frank Rijkaard en la ida de los octavos de final de la Copa es un sueño para muchos equipos. Pero para el Alavés amenaza con convertirse en pesadilla. En este caso, después de Navidad, no antes como en la famosa película de Tim Burton. Piterman ha logrado de nuevo que lo deportivo pase a segundo plano Y es que las gradas amenazan con estar vacías si los seguidores albiazules secundan los llamamientos de peñas y asociaciones para no acudir al partido en señal de protesta por la gestión del amo del club. Piterman ha conseguido que el Alavés sea el mundo al revés: viene el Barça y no va nadie. También pasará a la historia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de enero de 2007