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Reportaje:

La cruzada de los 'rebeldes sin casa'

Miles de jóvenes se organizan en toda España para denunciar la precariedad laboral y la dificultad de acceso a una vivienda digna

Los ocupantes de los despachos del número 112 del madrileño paseo de la Castellana viven estos días ajenos a lo que se les viene encima. El de la ministra de Vivienda María Antonia Trujillo, en la primera planta, al lado, el de la secretaria general, el del gabinete de la ministra... Por los largos pasillos de mármol de este vetusto edificio gris sólo se escucha el teclear de los ordenadores y el ruido de las fotocopiadoras.

A 10 kilómetros de allí, en un edificio okupado pegado a la vía del tren, en un barrio ruinoso de la zona de Puente de Vallecas, hay una actividad bulliciosa: decenas de personas, de entre 20 y 35 años, planean una estrategia "de ataque". Metros de papeles se despliegan sobre el suelo de ese edificio de dos plantas que ahora responde al nombre de Centro Social Seco. Y los rotuladores pintan frases como: "No vas a tener casa en la puta vida"; "Derecho a techo"; "Hipoteca= Cadena perpetua", "Banqueros carceleros"; "STOP Especulación"; "¿Si no es ahora, cuándo? ¿Si no es aquí, dónde?"...

La reciente suspensión, "por razones de seguridad" en palabras de la ministra Trujillo,

de la cumbre de ministros de vivienda de la Unión Europea prevista para esta semana en Barcelona, junto con los escándalos inmobiliarios que estallan por toda España han agitado los ánimos.

Miles de jóvenes llevaban meses organizándose: webs, talleres, charlas, publicaciones, asambleas, reuniones, difusión de mensajes, carteles, camisetas, pancartas, pegatinas... Todo estaba listo para trasladar a aquella cumbre sus protestas. Y ahora sienten que les han dado plantón, aunque esperan ansiosos ese encuentro aplazado para noviembre, tras las elecciones catalanas.

Pero, en realidad, todo este movimiento "contra la precariedad laboral y por una vivienda digna" empezó en el mes de mayo pasado. Todo se gestó a partir de un mensaje de correo electrónico anónimo. Decía algo así como que había que demostrarle a los políticos que a los jóvenes no les preocupaba sólo el botellón, sino que les preocupaban mucho más otras cosas, como el no poder acceder a una vivienda, no poder independizarse, no poder tener un sueldo para construir un proyecto de vida... Y convocaba a una sentada en todas las capitales de provincia de España el día 14 de ese mes: "Por una vivienda digna. Pásalo".

Y sucedió lo inesperado. Miles de jóvenes, y no tan jóvenes, acudieron a esa llamada espontáneamente y a título individual. En la Puerta del Sol de Madrid, en la Plaza de Cataluña de Barcelona, en Valencia, en Bilbao, en Sevilla...

Los primeros sorprendidos fueron los propios manifestantes. Nadie esperaba semejante respuesta, y menos el que la protesta acabase con una intervención policial que se saldó con ocho detenidos en ciudades como Madrid, y que aún están a la espera de juicio.

"Aquello nos hizo ver que éramos demasiados en la misma situación. Que había que decir basta. Y que si una convocatoria anónima había conseguido reunir a tantos miles de personas, el movimiento tenía que organizarse para que no se quedase en un hecho anecdótico", explica Bernat Feliu, un catalán de 33 años licenciado en Ciencias Políticas y que trabaja de profesor de español por 900 euros.

Y la red empezó a crecer y a extenderse por toda España. Cada uno de los que, a título individual, empezó a acudir a las asambleas, contactó y movilizó a su vez a las asociaciones de vecinos de su barrio y a las organizaciones sociales de su entorno. En Madrid, Barcelona, Zaragoza, Bilbao y Sevilla ya existen Asambleas Contra la Precariedad y Por una Vivienda Digna. En las dos primeras, estas organizaciones completamente abiertas ya han alcanzado un grado de desarrollo importante. Se reúnen semanalmente, funcionan con comisiones (de detenidos, contenidos, comunicación, organización, economía y financiación, publicaciones...). Y se autogestionan a base de donativos de sus miembros y de las recaudaciones de las fiestas que organizan.

Tienen su propio manual: "El cielo está enladrillado: contra el mobbing y la violencia inmobiliaria y urbanística", un libro editado por Bellaterra y descargable en Internet. Amparados en el artículo 47 de la Constitución Española -"Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación"-, exigen que los poderes públicos cumplan su obligación y garanticen sus derechos.

"No pedimos nada. Exigimos lo que es nuestro. No queremos que hagan más viviendas de protección oficial (VPO). No queremos parches de ese tipo que terminan sucumbiendo también a las leyes del mercado. Lo que queremos son cambios estructurales que acaben con la mercantilización de derechos fundamentales. Que la Administración intervenga y no deje esto en manos y bajo las reglas del mercado. La realidad es que estamos condenados a sueldos míseros pese a estar altamente cualificados y que eso, junto a la especulación inmobiliaria que encarece el precio de las viviendas año a año, nos impide tener un proyecto de vida", dice Iñaki Rodríguez, biólogo de 30 años.

Al trasladar esas demandas al Ministerio de Vivienda, la respuesta es: "Estamos de acuerdo. En lo que va de legislatura hemos conseguido bajar el incremento del precio de la vivienda libre a la mitad (9,8%), en el último año se han iniciado 85.440 viviendas protegidas, cifra récord... Pero intervenir el mercado, eso..." Los unos quieren que se establezcan limitaciones a las inmobiliarias y a los propietarios de viviendas y se articulen sanciones, "como ocurre en otros países europeos o en los nórdicos". Y los políticos optan por acciones puntuales.

Este desacuerdo se volverá a hacer patente. En Madrid hay convocada una manifestación el próximo 28 de octubre, a la que se espera que acuda gente de toda España. Y en Barcelona se preparan, aparte de para la cumbre aplazada a Noviembre, para la feria inmobiliaria que se celebra del 7 al 12 de noviembre. Y las calles volverán a llenarse de "rebeldes sin casa".

Los otros 'dependientes': cifras y razones

El último sondeo de opinión, de finales de 2005, realizado por el Instituto Nacional de la Juventud (Injuve) sobre "Juventud y Vivienda" arroja algunas conclusiones. A continuación se señalan unas de las principales relativas a una muestra de personas de entre 18 y 34 años:

- El 78% de los jóvenes dice que no vive donde le gustaría por razones económicas.

- En los grupos de mayor edad, una vez cumplida la treintena, más de un 20% de jóvenes necesita la ayuda de otras personas para vivir.

- El 52% de los jóvenes que posee una vivienda lo ha hecho mediante la petición de un crédito. Y el 57% ha recurrido a la ayuda económica o a los avales de familiares.

- El 63% de los jóvenes ve muy difícil o prácticamente imposible independizarse.

- El 64% de los jóvenes que sienten ese deseo de independizarse afirma que necesitaría la ayuda familiar tanto para comprar como para alquilar la vivienda.

- El máximo dinero que dicen poder pagar por una hipoteca o un alquiler son 434 euros.

EL 'PROFE' DE ESPAÑOL

Bernat Feliu, 33 años y licenciado en Políticas. Trabaja de profesor de español por 900 euros al mes, de los que invierte 400 en la casa que comparte en Barcelona.

EL FILÓSOFO FOLLONERO

José Antonio López, filósofo de 38 años. Vive en Barcelona en casa de sus padres. Hizo de follonero en Buenafuente. Vivió solo y ahora, de cartero, no gana para el alquiler.

EL ETERNO BECARIO

Iñaki Rodríguez, biólogo de 30 años, reside en Madrid en casa de sus padres. Trabaja como becario de investigación sin beca y sin sueldo.

LA CERRAJERA DE ALQUILER

Laura Romero, educadora social de 27 años. Le salen trabajos de cerrajería tras haber estudiado Artes y Oficios y comparte piso en Madrid por 200 euros al mes.

LA 'MINIFUNDISTA'

Eva Marín, trabajadora social de 32 años, vive en Barcelona en un piso de 25 metros cuadrados. Se independizó a los 28, pero a los 30 tuvo que volver un año a casa de sus padres.

EL COMPROMETIDO

Nacho Murgui, 34 años. Comparte piso en Madrid. Tuvo varios empleos y ahora trabaja en la Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de octubre de 2006

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