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Reportaje:AIRE LIBRE

Cinco valles a todo color

Senderos tapizados de hojas caídas en las riberas otoñales

El valle leonés del Silencio; las hayas del río Urederra, en Navarra, o los castaños de la serranía de Ronda. Caminatas por los calveros del valle de Arán o por las estribaciones de Gredos. Puntos calientes del otoño.

Las frías gotas que cada año desprende del calendario el mes de octubre anuncian una nueva y relumbrante etapa en el almanaque de la vida silvestre. Los aguaceros de otoño traen consigo los momentos maduros del bosque, el periodo anual de más abundancia entre los intrincados recovecos del monte. La mayor parte de los frutos silvestres maduran en este tiempo y convierten los campos en una auténtica despensa a disposición de la fauna salvaje. Da comienzo la montanera en las dehesas mediterráneas; revientan los castañares de prietos erizos a punto de parir; los bosques se pintan de rojo con los frutos de serbales, mostajos, majuelos y escaramujos, y los suelos se colorean con el multicolor pigmento de miles de setas.

1. Valle del Silencio

(LEÓN)

Al sur de la industriosa Ponferrada corta el paisaje la cuerda serrana de los Montes de León, donde nacen las aguas inocentes del río Oza horadando las laderas boscosas de la sierra de Valdueza, que da forma al místico valle del Silencio. Los 20 kilómetros que separan los pueblos de San Esteban de Valdueza y Peñalba de Santiago ascienden por una pequeña carretera al borde del río cobijada por una ribera emboscada de castaños, chopos, alisos, fresnos y nogales que muestran la fulgurante otoñada de estos lares. La espesura y el aislamiento de estos parajes atrajeron la atención de eremitas y santones, que levantaron el monasterio de San Pedro, cuyas primeras piedras datan del siglo VII; la ermita de Santa Cruz, del siglo X, y la mozárabe iglesia de Santiago, una maravilla, enclavada en Peñalba entre caseríos de pizarra. Desde aquí se visita la cueva en la que vivió san Genadio, el más famoso santo de la vallejada.

- Cómo llegar: al sur de Ponferrada parte la carretera que lleva en unos 4 kilómetros hasta San Esteban de Valdueza, punto de entrada del valle.

- Dormir: Posada del Amanecer (987 69 54 39; www.espinoso.com). La Era, s/n. Espinoso de Complugo. Casona antigua de piedra con corral y jardines. Habitación doble, 60 euros.

2. Valle del Genal

(MÁLAGA)

El río Genal riega los ribazos de la serranía de Ronda dando forma a un valle atípico en estas latitudes meridionales, cubierto de castaños dorados por el otoño que sobresalen por encima de las encinas y alcornoques propios de estos predios mediterráneos. Los pueblos blancos agarrados a las vertientes, de arracimadas callejuelas estrechas, recuerdan su ascendencia árabe, como Linarejos, donde inicia sus pasos el río a la sombra del castañar. Pero el caminar de las aguas descubre otros rincones singulares, como los Riscos de Cartajima, imponentes farallones calcáreos que asoman por encima del bosque, o los cercanos pinsapares de los Reales de Sierra Bermeja, y otros pintorescos pueblos, como Pujerra, Faraján, Alpandeire, Benalauría o Algatocín.

- Cómo llegar: desde Ronda se sale por la carretera A-376 hasta encontrar, en 12 kilómetros, el desvío a Igualeja y Pujerra por la MA-526.

- Dormir: La Cazalla (952 11 41 75). Tajo del Abanico. Ronda. Edificio singular en medio de jardines poblados de encinas centenarias, granados y nogales. Habitación doble, 102 euros.

3. Valle del Urederra

(NAVARRA)

Las nieblas rastreras del otoño se agarran a las copas de las hayas, en el parque natural de Urbasa-Andía, cegando la vista que en los días claros se deja ver, desde el Balcón de Pilatos (carretera Zudaire-Alsasua), del fabuloso valle del río Urederra. Pero si la niebla levanta, el espectáculo está servido: un tupido hayedo tiznado con los colores más bellos de la otoñada guarda a sus pies el serpenteante trazo del río, con sus fuentes en la base de un paredón vertical de 200 metros de altura. Desde la localidad de Baquedano parte el sendero, que en hora y media acerca los pasos hasta el nacedero del Urederra, convertido en una espectacular cascada que desmelena sus aguas entre musgo por el roquedo calcáreo una quincena de metros arriba.

- Cómo llegar: desde Pamplona se toma la N-111. Una vez en Estella se sigue por la NA-718 hacia Zudaire y Baquedano.

- Dormir: Casa Aialusa (948 53 91 05). La Fuente, 43. Baquedano. Habitación doble, 45 euros.

4. Valle del Iruelas

(ÁVILA)

En las sierras del Sistema Central, metido entre las cumbres septentrionales de Gredos y las pinadas de Guadarrama, allá donde las montañas dejan paso al río Alberche, se localiza uno de los valles más desconocidos y valiosos de toda la cuerda serrana. El pequeño río Iruelas desciende del pico Escusa, y una apretada fronda de castaños, arces, majuelos y serbales da color al otoño en los tramos bajos. Este valle acoge una de las mayores colonias de buitres negros, con un centenar de parejas nidificantes. Desde las orillas del embalse del Burguillo parte una pequeña carretera, eje para todas las sendas y caminos que recorren el valle. El centro de acogida de Las Cruceras (918 62 50 59) informa sobre aves y sendas.

- Cómo ir: la carretera N-403, entre Ávila y San Martín de Valdeiglesias, atraviesa el río Alberche muy cerca de El Tiemblo, desde donde parte la carretera al poblado de Las Cruceras y al interior del valle.

- Dormir: Casas Rurales Valle de Iruelas (918 62 50 59). Poblado de las Cruceras. Poblado rehabilitado con 35 casas independientes con capacidades entre dos y ocho personas. Precio por día, entre 60 y 300 euros.

5. Valle de la Artiga de Lin

(LÉRIDA)

Los hielos del cuaternario excavaron en el pirenaico valle de Arán llanuras colgadas de las alturas montañosas, que la naturaleza, el tiempo y la mano del hombre han convertido en extensos calvijares denominados artigas. La Artiga de Lin es uno de esos calveros de alta montaña arropados por extensos bosques de abetos y hayas. El circo glaciar del Pla de la Artiga desagua sus torrenteras en un tropel de cascadas que modelan el curso del río Joeu en su recorrido por medio del valle. Desde la localidad de Es Bordes parte una pista asfaltada que termina en la ermita de Mare de Deu, muy cerca de una antigua borda ganadera reconvertida en restaurante y punto de partida de las sendas que recorren la Artiga de Lin siguiendo el rumor de las aguas torrenciales.

- Cómo llegar: desde Vielha se toma la N-230 con dirección a Francia, hasta llegar a Es Bordes, donde parte la pista de la Artiga de Lin.

- Dormir: Casa Ushera (973 64 27 68). Major, 9. Vilamós. Casa antigua de montaña rehabilitada, con restaurante. Habitación doble, 40 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de octubre de 2006