Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crónica:Fútbol | Segunda jornada de Liga

El Sevilla desnuda a la Real

El líder da otra lección de oficio y pegada en Anoeta ante un adversario sin capacidad de respuesta

Pedía, en las horas previas al partido, José Mari Bakero que no se dramatizara el resultado ante el Sevilla, como si intuyera que algo podía pasar. Quizás, por la altura de la temporada, nada se deba dramatizar ni ensalzar exageradamente, pero se atisban borrascas en la Real y anticiclones en el Sevilla. Quizá no se deba dramatizar el resultado, pero el fútbol de la Real necesita progresar urgentemente. De tanto insistir en los valores defensivos, en la capacidad de entrega, en el voluntariado social (todos para uno, uno...), a la Real se le ha olvidado que existe una asignatura en el fútbol que se llama ataque. No es que sea imprescindible para ganar, pero resulta conveniente. Hay equipos en la historia que no han necesitado atacar, ni siquiera combinar, para ganar un partido, pero son los menos. A menudo, no está de más tener delanteros, alinearlos, juntarlos y proveerlos de balones, por arriba o por abajo (a ser posible, de ambas formas), para que tengan oportunidades de enchufarlas. Esa lección no se ha dado o la Real ha hecho novillos. El Sevilla, por ejemplo, el equipo de moda, no es que fuera en Anoeta un dechado de virtudes, pero al menos se le adivinaba la intención de ganar. Atacaba con cinco y nunca contragolpeaba con menos de tres, tenía dos delanteros en el campo (Kanouté y Kepa) y a los centrocampistas les gusta más la portería contraria que la propia. De hecho, el gol lo marcó Renato, un medio centro que bien podría jugar de medio punta, como en la segunda mitad, o en un costado por sus capacidades técnicas. Ayer, de hecho, podía haberlo hecho donde hubiera querido porque la Real nunca supo cómo pararlo, ni siquiera dónde estaba. Ni supo cómo parar a Adriano, un portento físico, que tiene la manía extraña de culminar mal lo que inventa con acierto.

REAL SOCIEDAD 1 - SEVILLA 3

Real Sociedad: Riesgo; Cifu (Aranburu, m. 55), Labaka, Juanito, López Rekarte (Díaz de Cerio, m. 79); Gerardo, Diego Rivas; Xabi Prieto, Mikel Alonso (Felicio, m. 68), Gari Uranga; y Kovacevic. No utilizados: Bravo, Ansotegi, Garrido y Stevanovic.

Sevilla: Palop: Alves (Hinkel, m. 46), Javi Navarro, Escudé, David (Dragutinovic, m. 76); Navas, Martí, Renato, Adriano; Kanouté y Kepa (Poulsen, m. 62). No utilizados: Cobeño, Luis Fabiano, Puerta y Maresca.

Goles: 0-1. M. 7. Renato resuelve un barullo en el área de la Real.

0-2. M. 75. Cabezazo de Adriano que se traga Labaka y Kanouté, también de cabeza, marca a placer.

0-3. M. 90. Dragutinovic, desde 30 metros, pilla adelantado a Riesgo.

1-3. M. 92. Diaz de Cerio marca desde dentro del área.

Árbitro: Teixeira Vitienes. Amonestó a Alves, Juanito, Cifu, Martí, López Rekarte, Renato y Kovacevic.

20.903 espectadores en Anoeta.

En realidad, el Sevilla, el líder, demostró en Anoeta que ha encontrado la manera tan complicada de jugar fácil al fútbol. Y, encima, haciendo goles para que nadie le acuse de racanería.

Ayer le ayudó el gol madrugador de Renato, que tuvo un efecto narcotizante en la Real. El equipo donostiarra ha construido su discurso sobre la dificultad de ser vencido más que en su capacidad para ganar. A los siete minutos se veía en el abismo, del que nunca salió. El que realmente es un equipo difícil de ganar es el Sevilla, más aún si le acompaña la tranquilidad del resultado.

A la Real le falta creatividad y, por tanto, remate. La única ocasión, antes del anecdótico gol de Díaz Cerio, fue un error de Navarro que dejó el balón a los pies de Kovacevic con cinco metros de ventaja. Navarro llegó a tiempo de entorpecer su disparo porque al serbio le faltan meses de partidos para acercarse a lo que fue. Así fue muriendo el partido al ritmo que le ponía el Sevilla, es decir al que ordenaba Renato, y caían los goles como si el Sevilla los eligiera. Ahora éste, dentro de un poco otro, hasta permitiendo a Dragutinovic lucirse con una vaselina desde 39 metros para que hubiera de todo. Para que no faltara ni un detalle.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de septiembre de 2006