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Necrológica:

Joan Casals Thomás, empresario, democristiano y antifranquista

Fue desterrado durante nueve meses a la isla de Fuerteventura por participar en el llamado 'Contubernio de Múnich'

Joan Casals Thomás, hotelero, político y activista cultural (Es Mercadal, 1921), falleció ayer en Ferreries, Menorca, víctima de un tumor. Democristiano y antifranquista, fue desterrado en 1962 nueve meses a Fuerteventura por asistir al llamado 'Contubernio de Múnich'. Fue diputado a Cortes.

Joan Casals Thomás dejó el escaño en las Cortes en 1989 cuando el grupo democristiano de la Colación Popular AP-PDP-PL se integró en el partido de Manuel Fraga, el actual PP. La dictadura franquista, en 1962, le persiguió por haber asistido al llamado Contubernio de Múnich (Congreso del Movimiento Europeo), junto a Félix Pons Marqués (padre del ex presidente socialista de las Cortes, Félix Pons Irazazábal), otro demócrata centrista, prematuramente desaparecido.

Casals, que fue un joven militar de la República en su isla leal de Menorca, sufrió las peripecias de la represión. En 1942 se instaló en Mallorca, donde dirigió una empresa familiar de tejidos y presidió la compañía de un hotel de Palma, el Jaime I, que se afamó por sus torneos internacionales de ajedrez, los festivales pioneros de la Nova Cançó en catalán y las convocatorias de Unicef. En 1957, Joan Casals se comprometió en la fundación de Izquierda Democrática y en 1977 organizó la Unió Democràtica de les Illes Balears (UBIB), que se integró en la DC de Gil Robles y Ruiz Jiménez, con los que compartió el fracaso de aquella candidatura del primer 15-J.

Joan Casals desplegó sus negocios turísticos con diferentes ramas de su familia, en Proturmesa, y en 1986 fue elegido parlamentario nacional. Presidió el Fomento de Turismo y fue galardonado por el Gobierno y la Comunidad. Nunca se retiró de la vida pública, de opinar y preguntar en los foros abiertos. Su enclave hotelero de Cala Galdana lo consolidó como un punto de encuentro y reflexión. En agosto, al escritor Josep Maria Quintana le confesó casi en un epitafio desde su fe humanista: "Estoy muy mal, veo que mi enfermedad avanza de manera rápida. El problema es que, después de tantos años de vivir, resulta que ante la muerte no tengo ninguna experiencia. Y no sé exactamente cómo debo hacerlo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de septiembre de 2006