Fútbol | Fase clasificatoria para la Eurocopa de 2008

España saca brillo a sus botas

El equipo de Luis golea a la débil Liechtenstein, que no se acercó a la portería de Casillas

La selección se regaló una noche de solaz a costa de Liechtenstein. Un ejercicio cómodo, un tanto funcionarial, en el que los delanteros españoles sacaron brillo a sus botas de tanto pegarle al balón.

Fue como una práctica rutinaria en la que los jugadores aprovechan para divertirse o para hacer méritos con vistas al aseguramiento de un puesto para ocasiones de mayor rango. Salvo el cambio de Albelda por Xavi, el equipo titular fue el mismo que quedó eliminado del Mundial, en los octavos, contra Francia.

El trámite sirvió para cerrar un poco la herida. Todo se acomodó tan bien y tan rápido que en la segunda parte Luis juntó a Oubiña, Iniesta y Alonso en la zona de creación. Hubo entretenimiento para todos salvo Casillas, que no tuvo que intervenir nunca.

ESPAÑA 4 LIECHTENSTEIN 0

España: Casillas; Ramos, Puyol, Pablo, Pernía; Albelda (Oubiña, m. 67); Xabi, Raúl, Cesc (Iniesta, m. 62); Torres y Villa (Luis García, m. 62).

Liechtenstein: Jehle; Telser (Fisher, m. 47), Maierhofer, Hasler, Stocklasa; Burgmeier, Buechel, Ritzberger, T, Beck (R. Beck, m. 67), Frick (Rohrer, m. 86); y D'Elia.

Goles: 1-0. M. 19. Raúl envía un pase en profundidad para Villa, que centra para que Torres marque. 2-0. M. 44. Villa, de fuerte disparo desde dentro del área. 3-0. M. 61. Villa, de falta. 4-0. M. 64. Luis García, desde dentro del área pequeña.

Árbitro: Emil Bozinovski (Macedonia). Amonestó a Maierhofer, Villa y Ramos.

Unas 10.000 personas en el Nuevo Vivero.

A España le bastó con el oficio. Ganó con la colocación. No necesitó más para dominar

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La selección de Liechtenstein respondió a las expectativas. Se trata de un equipo generoso que siempre concedió a sus oponentes eso que últimamente está tan caro: el tiempo necesario. Cada jugador español que recibió el balón tuvo tiempo para pensárselo. Para levantar la cabeza y mirar. Para perfilarse, amagar y rectificar. Todo eso sin necesidad de desmarcarse mucho. Al toque.

Liechtenstein contempló las jugadas con aire resignado. Repartió segundos y ante la duda se replegó al área chica de Jehle, convertida en atalaya improvisada. Esos metros cuadrados fueron el único lugar del campo donde los jugadores españoles debieron apresurarse. La mayoría de las veces llegaron tarde.

Con un poco de puntualidad España reventaba el marcador. No lo hizo o se anticipó el portero. Bravo por Jehle.

A España le bastó con el oficio. Ganó con la colocación. No necesitó más para dominar el partido sin sobresaltos. Dispuso de la pelota cuando quiso y como quiso en una atmósfera vacacional. El público se distrajo y los jugadores se entretuvieron. Fue una tarde para los delanteros, que remataron cada vez que lo intentaron. En el minuto siete del partido España llevaba cuatro tiros entre los palos. Una frecuencia sólo posible cuando los oponentes son diletantes o cuando sus figuras se ganan la vida en la Liga suiza.

España jugó sin un media punta natural. Esta situación es tan clara en la selección que el dorsal número diez está vacante. Un caso curioso, que habla de la modestia del futbolista español. En este equipo nadie se cree Zidane.

El ocho, otro de los números que se identifican con los pasadores, también ha sido omitido por los jugadores. Son todos gente humilde. El encargado de oficiar de enganche fue el siete, un número propio de delanteros. Raúl es el siete y es delantero. También se atreve a todo y tiene muchos admiradores. El capitán debe ser un hombre venerado en Liechtenstein porque no fue molestado nunca por los gentiles visitantes centroeuropeos. El hombre aprovechó el regalo para provocarles un desaguisado irreparable. Estuvo en el origen de los dos primeros goles de España. Mediada la primera mitad, cogió un balón en el callejón del diez, oteó el horizonte verde y le metió un pase vertical a Villa. Para Villa cualquier pase es una ocasión de ponerse de frente a la portería. Como los grandes delanteros, sabe recibir de tal forma que con un movimiento ya están perfilados. Burló al ingenuo Telser, se fue a la línea de fondo y le sirvió en bandeja el primer gol a Torres. Torres, que tiene pasta de punta-punta, estaba donde tenía que estar y estaba como debía: más solo que la una. Un empujoncito y fue gol.

En el origen del segundo tanto estuvo la misma conexión. Raúl y Villa. El madridista robó una pelota y se la dio a Villa, que se quería dar un gusto.

Aceleró, pisó el área y dejó clavado a Jehle con un remate maestro. Seco y a la escuadra. Sin parábolas ni efectos. Villa inauguró su guateque. Se le notaba disfrutar de cada minuto, de cada acción. Tuvo un segundo premio con un gol de falta que dejó a Liechtenstein definitivamente fuera del partido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 03 de septiembre de 2006.

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