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Entrevista:AQUÍ, UNOS AMIGOS

Icíar Bollaín: "La sala de montaje es la cocina del cine"

Carlos Álvarez: "¿La cocina? ¿Y dónde echas lo que sobra?"

Cineasta ella, barítono él, son dos artistas con los pies en la tierra. Icíar Bollaín, de 49 años, y Carlos Álvarez, de 40, se toman un café en el Teatro Real, con vistas a los jardines de Oriente. Hablan de zarzuela, de mundos reales y torres de marfil, de la confusión hortofrutícola, de cómo ven sus niños las respectivas farándulas en las que los dos están envueltos.

Icíar. Mi hermana Marina ha hecho una zarzuela, ha montado una Verbena de la Paloma que hizo en Berlín, se le ocurrió hacerla multicultural, pero ha tenido que readaptarla para estrenar aquí. Allí, cada uno cantaba en un idioma, los chinos en chino, los árabes en árabe y así.

Carlos. ¡Qué bien! A mí me toca hacer Luisa Fernanda. Hay que hacer zarzuelas y espectáculos que no sean para lugares específicos, así llegan mejor a la gente.

Icíar. La gente joven se siente alejada de ellas, y eso que hay algunas muy graciosas.

Carlos. Porque no se le da la posibilidad de conocerlas.

Icíar. Hay que montarlas con otra energía. No así, con los brazos en jarras. Hay otro problema. Que no se entienden los textos, cómo están escritos, los giros que llevan.

Carlos. La necesidad de adaptar es importantísima. Siempre que seas honesto con el texto que tienes delante. Ahora, ¿tú qué estás haciendo?

Icíar. Montando una nueva película. Se llama Mataharis.

Carlos. ¿Mataharis? O sea, no una. Varias.

Icíar. Sí, son tres. Son detectives. Con sus problemas, situaciones graciosas y no tanto.

Carlos. ¿Podría depender del montaje que una película termine siendo algo que tú no esperabas?

Icíar. Puedes llevarla por muchos caminos. Hombre, el guión es el guión, pero sí que puedes marcar un ritmo u otro. Luego si ruedas con cierta elasticidad y los actores van dando cosas, pues también puedes montar según qué escenas. La sala de montaje es la cocina del cine.

Carlos. ¿La cocina? ¿Y dónde echas lo que sobra?

Icíar. Al cesto.

Carlos. Pero si luego, a los 20 años llega "el montaje del director".

Icíar. No. Lo que pasa con el DVD es que añades alguna escena bonita que cortaste para la sala porque no cabía.

Carlos. ¿Por qué no cabía? ¿Por qué el metraje tiene que ser uno en concreto?

Icíar. Porque ya estaba todo contado. Porque si no darías exceso de información al espectador. A veces se te olvida que la imagen cuenta muchísimo y que a lo mejor un actor te ha dado ya suficiente. Pero no sé quién ve los extras de los DVD, la verdad.

Carlos. Bueno, yo. Yo, lo primero que hago es ir a los extras.

Icíar. ¿Sí? ¡Qué gracioso!

Carlos. A lo mejor es una forma de ver las cosas. Como el periódico, yo empiezo siempre por atrás. Necesito ser selectivo.

Icíar. Yo también, porque si tienes que empezar por delante, con las bombas y los muertos y...

Carlos. ¿Cuántos hijos tienes?

Icíar. Yo, dos. Tener tres es física cuántica. Tienes dos manos, dos ojos, ¿con qué ojo miras al tercero?

Carlos. Esto se lo voy a decir yo a mi mujer que es la octava.

Icíar. Bueno, cuando son ocho se cuidan entre ellos.

Carlos. ¿Y te gustaría que se dedicaran a lo tuyo?

Icíar. No. Al menos de pequeños, me parece monstruoso y eso que tengo niños en mis películas.

Carlos. Son niños privilegiados. Mis niños vienen al teatro y conocen el trabajo desde dentro. Pero es que la educación musical debería formar parte de la básica, en serio, porque fomentas esa sensibilidad. Si no, los músicos seguirán como hasta hoy. Yo soy un trabajador subvencionado, sin la intervención del Estado, no seríamos nada.

Icíar. Pero, ¿en todos sitios?

Carlos. No, en España.

Icíar. Mi madre era profesora de música y se deprimía muchísimo. Decía: "Los niños en este país no cantan nada, berrean".

Carlos. No cantar es terrible. Yo me sentí muy identificado con Los chicos del coro. No porque fuera un niño en esas condiciones, sino porque yo pertenecía a la Escolanía de mi colegio y se me dio la oportunidad de asumir que eso era parte de mi vida. Tú que escribes guiones, ¿lo adaptas de una pieza más literaria que haces antes o directamente lo creas como guión?

Icíar. Es que un guión es una pieza literaria. Aunque no se te puede ir la olla, tienes que crear situaciones que cuenten lo que le pasa al personaje.

Carlos. Pero en los musicales, el paréntesis que se crea cuando uno canta, es donde el personaje expresa todo lo que le pasa por la cabeza. En los recitativos, está la acción, y en la música, la reflexión.

Icíar. En el cine, la acción siempre debe ir hacia delante. Y respecto a vosotros, se intenta que seáis cada vez más actores, que sepáis interpretar, hasta que tengáis la pinta de los personajes.

Carlos. Sin duda. Aunque, lo de la pinta, es un plus, pero a veces tendríamos la mala fortuna de desdeñar magníficas voces.

Icíar. Eso antes no pasaba.

Carlos. Sucede porque tenemos una cultura cinematográfica. O nos llevamos por lo que vemos o nada. Pero nos cargamos la sugerencia, el creernos que Montserrat Caballé puede ser Mimì en La Bohème, que te lo tragas por la música. Aunque la culpa no la tiene el cine, la culpa es otra cosa que administra Benedicto XVI.

Icíar. También en el cine se ha perdido mucha sugerencia, eh. La violencia es explícita. La sugerencia es un rollo, da miedo una pausa, un silencio.

Carlos. Horror al vacío.

Icíar. Estamos ultrasugeridos, bombardeados y luego el cine y la ópera tienen que estar a la altura.

Carlos. Pero hay que preguntarse cuáles son los puntos de los que no podrías prescindir para hacer tu trabajo. Primero la honestidad, pero aquí como todo se está convirtiendo en producto.

Icíar. Con buena pinta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de agosto de 2006