Reportaje:SEGOVIA | LA COSTUMBRE DE VIVIR

El cielo en su sitio

El amigo de todo el mundo. Segovia tiene el cielo en su sitio, decía María Zambrano, y hay en este sitio un espacio, entre muchos otros, en el que el tiempo se detuvo, y al detenerse convirtió un lugar, una pensión de mala muerte, en un símbolo imperecedero.

Es la pensión en la que vivió, entre 1919 y 1932, el poeta Antonio Machado. Está en la calle de los Desamparados, y ahora es sede de la Casa Museo Antonio Machado; desprende la austeridad y el sosiego que son propios de Segovia, y que evocan también el propio carácter del andaluz que parecía castellano.

Sobrecoge estar allí, un retrete antiguo, la cocina de juguete y miseria, el pasillo estrecho, hasta llegar a la habitación en la que el poeta vivió años de frío y de pobreza. Y de amistad. Aquí contribuyó a hacer la Universidad Popular de Segovia, se juntó con gente que le quiso mucho, y de todos los ámbitos políticos; él fue el primero que izó en Segovia, el 14 de abril de 1931, una bandera republicana.

"Era un viajero ligero de equipaje, era un pasajero eventual, y, sin embargo, cuántos años estuvo aquí...", dice el ex conservador de la Casa Museo de Machado
"Hemos vivido desde siempre mirando a través de los arcos de medio punto, así que yo creo que lo que nos define es la mirada romana", dice Sanz
Entre las bromas que los segovianos soportan con estoicismo castellano está la siguiente: "En Segovia me gusta la jaula, pero no me gusta el pájaro"
Ángel Román lleva 64 años haciendo fotos en el mismo sitio, en lo que desde 1992 se llama oficialmente El Rincón del Minutero
Atilano Monterrubio advierte de uno de los problemas que padece la ciudad: "Vienen a comer, y se van; no vienen a ver... no se quedan"

Y pocos años después, tras la muerte y el silencio, algunos de sus amigos -entre ellos, conservadores, como el marqués de Lozoya- hicieron algo insólito en aquel clima: alquilaron de nuevo la habitación de Machado, para que nadie más la ocupara; después la compraron, y se hicieron, en nombre de la Academia de San Quirce, con la pensión.

Ahora ésta es la única Casa Museo Antonio Machado que hay en España, y -como dice Carlos Muñoz de Pablos, que fue su conservador durante diez años- representa la identidad de su inquilino: "Era un viajero, ligero de equipaje verdaderamente, era un pasajero eventual, y sin embargo cuántos años estuvo aquí...".

Charlot. Machado fundó en Segovia la Universidad Popular, con Blas Zambrano, el padre de María... Hizo muchas relaciones, y de ellas hay imágenes en las paredes de convento pobre que siguen guardando hoy su cuarto.

En una de esas fotografías aparece el hombre del "torpe aliño indumentario" rodeado de alumnos y profesores, apoyado en el bastón que corregía sus problemas con los pies, y calzado con unos zapatones con la punta alzada, como las de los payasos. Él se reía de su atuendo, y los chicos también; lo llamaban Charlot.

Muñoz de Pablos, vitralista que restaura o instaura vidrios religiosos y civiles en toda España, dice que lo que se propuso la Academia de San Quirce, heredera de la Universidad Popular, a la que él pertenece y de quien depende la casa museo, fue "preservar el aire", porque poco más era esta pensión que perpetúa aquí la memoria simbólica de Machado.

"Era una esencia, y pura miseria, el aire casi... Compramos los muebles, que también eran nada". Pero los que iniciaron esta restitución tuvieron en cuenta una metáfora mayor: "Machado representaba aquí la posibilidad del sentido democrático, la gente que le rodeó quiso hacerlo presente así, cuando más difícil era. Acaso esto simboliza también Segovia. Y lo que hemos conservado en realidad son formas de vivir que ya no existen; la casa de Machado es también el tiempo de Machado aquí".

Cinco mil clientes. César Gutiérrez cambió un día los fogones -los ajenos, los propios-, rompió con una tradición que le ligaba a "los Duque y a los Cándido", traspasó su propio restaurante, puso una librería de viejo, estuvo con ella en Pedraza, y luego aquí, en Segovia, y ahora es librero de viejo y el conservador de la Casa Museo Antonio Machado... "Ahora tengo cinco mil personas a mi alrededor; me enseñan y no me chillan". Se refiere a los autores de los libros que le rodean; ha recorrido el mundo, fue también hostelero en Tejas, y ha vuelto a su lugar: "Gano menos que en la hostelería, pero tengo más tiempo...". Él mantiene con la paciencia de un cocinero antiguo la pasión por los libros y los autores, "que no chillan, enseñan"... Cuando hablamos de Segovia y de su porvenir, César desliza acaso un resumen de lo que hemos ido escuchando acerca de su pueblo: "Somos derrotistas de nosotros mismos". Y cuando le preguntamos por el símbolo inolvidable de su pueblo no sólo es realista, sino fiel al mundo del que ya no vive: "El cochinillo".

Que viene el Ave. Carlos cree que el Ave, que vendrá a Segovia (si la fecha no se sigue posponiendo) en 2008, "puede ser el taladro que traspase la sierra, porque la sierra es una muralla". Madrid está cerca y lejos, hay 300.000 segovianos en Madrid, y eso lleva a pensar que acaso Segovia influye más en Madrid que viceversa... El temor ahora es que el Ave convierta a la ciudad de la luz en una ciudad dormitorio... "Habrá que verlo", dicen los escépticos; "será fatal: no hay infraestructuras para que la ciudad duplique su población", dicen los pesimistas, "y será bueno, hará que la ciudad acaricie el futuro, y se pongan a latir las piedras, ojalá", como dice la concejala socialista de Cultura, Clara Luquero... De todos los asuntos de los que quisimos hablar en Segovia, es el que más controversia generó. Estábamos en el estudio de Ignacio Sanz, escritor, alfarero, experto literario en cerdos (Tantas cochinadas es su último libro); creador de un festival, el de los narradores orales, que ya lleva siete ediciones de éxito, y surgió el tema del Ave. Su estudio es acaso la casa más vieja y más estrecha de la judería segoviana; en cada planta hay un elemento de trabajo, y nosotros nos sentamos junto al torno... A él le parece bien la inmediata llegada del Ave, pero con él estaba Moncho Alpuente, que lo ve como una amenaza. Ignacio cree que "Segovia es una ciudad sometida durante siglos a los curas y a los militares, y ahora mismo sigue dependiendo de esa poderosa influencia, y eso le ha hecho perder ya muchos trenes; es hora de que cojamos uno; vendrán vientos de fuera, nos vamos a renovar". "¡Qué dices!", le espeta Alpuente, "¡van a venir cincuenta mil personas más!, ¡tendremos una muralla de chalets adosados!". "Demasiados años hemos estado obligados a marcharnos; el progreso que traiga el tren proporcionará riqueza, siempre la gente es la que ha llevado riqueza a los pueblos, eso es lo que dice la historia de la economía...", le explica Ignacio, pero Moncho no se resiste: "¡Esto será Móstoles!". "Lo importante", le ataja Ignacio Sanz, "es que mis hijos no tengan que emigrar...".

La mirada romana. A Ignacio Sanz se le ocurre una metáfora: "Hemos vivido desde siempre mirando a través de los arcos de medio punto, así que yo creo que lo que nos define es la mirada romana... Esa mirada, y la luz, la luz de Segovia es única. Y el paisaje, esas parameras desnudas, y en medio el románico, ¡doscientas iglesias románicas!... En Segovia tiene mucho peso el mundo medieval, que sigue coleando". ¿Para lo bueno y para lo malo? "Lo malo: las mentalidades caciquiles, condicionadas por supersticiones medievales... La intolerancia. Lo cierto es que ahora ya se están produciendo mezclas, y la gente recibe información, por tantos canales, y la política se va haciendo cada vez más dúctil y más variada...".

Rincón del Minutero. Ángel Román lleva 64 años haciendo fotos en el mismo sitio, en lo que desde 1992 se llama oficialmente El Rincón del Minutero. Pero desde hace tres meses, cuando el Ayuntamiento decidió hacer obras en su plaza, está en el paro...

El padre era sepulvedano, y su madre era segoviana... Su padre fue mecánico y conductor, pero inventó la fotografía, y él heredó la pasión... Ahora casi no ve, pero se sabe los metros y así ejecuta los enfoques... Ahora es su otro hijo, Javier, que tiene 42 años, el que lleva los bártulos; pero una de las invenciones tradicionales de El Rincón del Minutero, los tableros que utiliza Ángel para añadir diversión a los rostros de sus retratados, puede que dejen de existir en algún momento...

El fotomatón estuvo a punto de acabar con El Rincón del Minutero, y de hecho le propusieron cambiar sus bártulos por una máquina de fotografías instantáneas... Se negó. "¡Ni harto de vino!". Su máquina tiene cien años, "y sigue tan campante"; sólo él (y acaso su hijo Javier, dice) es capaz de arreglarla cuando se descompone... Trabaja "de memoria", "soy fotógrafo y pertenezco a la ONCE, y aunque no vea bien, ¡las fotos salen perfectas!". Los médicos le dicen que su mal no tiene solución, pero él sigue alimentando la pasión de las fotos y el amor por la radio.

El cerdo y las piedras viejas. Clara Luquero cree que un día las piedras van a latir, "latirán, ya verás", y su antecesor popular en la Concejalía de Cultura, el hijo del minutero, piensa que "la gente cree que se puede vivir de las piedras viejas", y esto ha de cambiar. "Podía estar mejor, pero está mejor que en otras épocas; estuvo en auge, y otras la rebasaron. Mira Ávila: la tenemos que mirar con envidia sana. El urbanismo aquí ha estado muy parado... No tenemos que dormirnos". Se ha juntado más gente en torno a Román. Atilano Monterrubio, que fue banquero, advierte de uno de los problemas que padece Segovia: "Vienen a comer, y se van; no vienen a ver..., no se quedan". "Y es que los hosteleros no hacen mucho para que la ciudad sea mejor", le dice Ángel, el ex concejal... Derivan hacia el cerdo, porque Segovia es la segunda provincia española (después de Girona) en producción de cerdo... "Curioso, una ciudad tan delicada, y tan devota del cerdo...". Ninguna contradicción, dice Ignacio Sanz, que escribió para Nuevo Mester de Juglaría esta copla festiva: "De todos los peces de la mar oceana, / la que más me gusta: la puerca marrana...". ¿Y qué tiene el cerdo? "Además de que ha matado el hambre de millones de personas, y que ha condicionado los gustos culinarios de la mayor parte del mundo, es un animal simpático, que además nos proporciona ayuda en los hospitales, dando órganos para la salud de los hombres: válvulas biliares, los hígados...".

José María, uno de los grandes cocineros de Segovia, vende con convicción el cochinillo asado de Segovia, que es ahora la denominación oficial del más importante reclamo, después del Acueducto (¿después del Acueducto?): "Es bueno, satisface la vista y el paladar; lo hacemos de modo que no contenga grasas masivas, para que sea tan saludable como dice que es el doctor Mataix, de la Universidad de Granada...". José María lo ha metido en el futuro, como elemento gastronómico, y hoy en su carta convive el cochinillo de toda la vida con "rollos de cochinillo, con crujientes de corteza de trigo" y con "cuchifrito a fuego lento"... El de hoy, dice, "es un cochinillo mucho más ligero de grasas y de todo...". ¿Y cómo hacerlo? "Con paciencia, con honestidad, con transparencia".

La jaula y el pájaro. Entre las bromas que los segovianos soportan con estoicismo castellano hay una que desata risas entre los que hablan con nosotros en torno a la mesa de José María: "De Segovia me gusta la jaula, pero no me gusta el pájaro". Un vagabundo le dijo a Moncho Alpuente: "En Segovia hay mucho listo y mucha piedra". Ignacio Sanz cree que van a venir buenos tiempos; "que la piedra lata en Segovia, aunque tiemble el Acueducto", es la frase de Clara Luquero. Preguntamos por lo inolvidable de Segovia. Para Ignacio Sanz, "la sobriedad, ese carácter que tan bien describe Delibes; la capacidad de sufrimiento, que es la fuente de la austeridad".

Moro se ve de lejos. A José María Moro se le ve de lejos. Sube por una calle empinada de Segovia, con su camisa de colores brillantes, diversos, y él mismo parece un color, con su barba de años ("me la dejé por una apuesta: el primero que se la quitaba pagaba una cena; yo cumplí la apuesta"), su paso decidido, su risa. Es escultor, pintor, fue dadaísta, pop, es el autor de una sorprendente escultura del músico Agapito Marazuela (dos cuerpos separados por el aire), y también de una más convencional, e imponente, de san Juan de la Cruz, otro vecino de Segovia... Ha hecho, también, acciones memorables, como el lanzamiento de globos de colores desde el Acueducto...

Nada más verlo, José María Moro nos contó su origen: si viera al Rey le diría, nos dijo, "que él vive gracias a los huevos de mi abuela", pues su abuela tenía la granja que servía huevos a la familia real... Es un pozo de anécdotas. Cuenta, muy divertido, el paso de Semana Santa que preparó en pleno franquismo: incluía una burra, a la que pintó con luces de neón, con la pintura de la que dispuso en aquella época de tan pobres materiales... Cuando sacaron la burra a la calle, y el sol le dio descubrieron ¡que la habían pintado de rojo! "¡Salí corriendo; todavía me están buscando el obispo y los militares!".

Nació en Madrid, hace 73 años, en la plaza de la Alegría, que así se llamaba Manuel Becerra: porque allí se despedían antiguamente los entierros... "La Plaza de la Alegría...".

Le preguntamos cómo son los segovianos: "Hay individuos excelentes, y otros que no lo son tanto. Tienen mucha ironía, y esa ironía es como un desencanto... De aquí me gusta el color, y de todo me gusta el color, ¿no ves cómo me visto? El color es parte de la vida. Y la luz. La luz de Segovia. Mira lo que decía María Zambrano: la luz transparente, casi mágica, una luz que viene de abajo, o de atrás, casi irreal...".

Paseantes por uno de los lugares más interesantes de Segovia: el acueducto romano.
Paseantes por uno de los lugares más interesantes de Segovia: el acueducto romano.ULY MARTÍN
El fotógrafo callejero Ángel Román, conocido popularmente como <b><i>El Minutero</b></i>.
El fotógrafo callejero Ángel Román, conocido popularmente como <b><i>El Minutero</b></i>.ULY MARTÍN

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