Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:ALBERTO NÚÑEZ FEIJOO | PRESIDENTE DEL PP EN GALICIA | ENTREVISTA

"No tengo miedo a los poderes fácticos de mi partido"

Alberto Núñez Feijoo (Ourense, 1961), que ha sucedido a Manuel Fraga al frente del PP de Galicia, afirma que está dispuesto a conducir el relevo generacional y que no tiene miedo a los poderes fácticos del PP. Se confiesa católico, pero reivindica su libertad de conciencia en relación a la defensa de los matrimonios gays.

No le intimida la sombra de Manuel Fraga y defiende el relevo generacional, aunque no parece dispuesto a jugar con las cosas de comer. No le gusta que le llamen conservador y califica de "una carallada" aquella imagen suya que le vinculó a la sombra de Romay Beccaría y al Opus Dei. Es demasiado brillante y demasiado seguro de sí mismo como para no despertar los recelos de los poderes fácticos del fraguismo en su partido.

Pregunta. Ya lleva usted un tiempo al frente del PP de Galicia. Y me pregunto qué le está resultando más difícil: suceder a Fraga, administrar su herencia o defender su autonomía frente a la voracidad centralista de la dirección de su partido.

Respuesta. Lo que me está resultando más difícil es ser consciente del capital político que tiene este partido, que es el principal partido que tiene Galicia. Mi máxima preocupación es saber interpretar todos los días el sentir mayoritario de los gallegos. Evidentemente no es nada fácil sustituir a Fraga; pero lo que yo me he planteado no es sustituirle, sino exclusivamente seguir una línea política de un partido galleguista como es el PP de Galicia; administrar su capital político, que es enorme. En cualquier caso, le puedo asegurar dos cosas: que soy muy consciente de la responsabilidad que he asumido y que pienso que nadie me tiene que decir lo que tengo que hacer. Es a mí a quien me toca ahora salir a la pista del circo a actuar, y lo que tengo que hacer lo sé yo; no hay modelos para seguir... Y por supuesto, que mi principal preocupación es llevar a cabo el relevo, el relevo generacional que convierta al PP de un partido con los dirigentes de mayor edad a un partido con los dirigentes más jóvenes. Y yo creo que hemos demostrado que somos capaces de mover banquillo.

"Soy consciente de que en las elecciones municipales me la juego. Por eso mediremos bien los cambios en las candidaturas"

"No es fácil sustituir a Fraga, pero lo que yo me he planteado no es sustituirle, sino seguir una línea política de un partido galleguista como es el PP de Galicia"

"La decisión que se ha adoptado sobre él en el partido no tiene relación directa con las inspecciones de los llamados 'hombres de Harrelson"

"Creo que no se debe hacer política con el sexo, aunque soy consciente de que el PSOE ha provocado un problema innecesario

"Si hay una cosa que no me gusta que me llamen es 'conservador', sencillamente porque no lo soy, aunque soy respetuoso con las creencias de los demás"

P. Pero Fraga mostró al final una gran resistencia a mover ese banquillo, y mucha gente piensa en su partido que eso les ha perjudicado de forma irreversible.

R. Eh... Yo creo que Fraga, al final de la legislatura pasada, adoptó una decisión muy difícil, que fue ser consciente de que se podía presentar de nuevo, pero que, esta vez, podía perder. Eso, la mayoría de los políticos nunca lo hacen, porque siempre calculan, miden interesadamente los riesgos... Él no hizo ese cálculo, aceptó el reto y el riesgo. En cuanto a los motivos por los que no preparó adecuadamente su sucesión habría que preguntárselo a él. Probablemente fue porque no sabía que el partido tenía tantas microfamilias como las que tenía y tantas divisiones como él no quería ver.

P. En cualquier caso, el resultado hubiera sido mucho peor si Fraga no hubiera sido el candidato, ¿no cree?

R. Yo no me atrevo a afirmar eso. Podíamos haber sacado ese resultado, podíamos haber sacado un resultado peor, o mejor. Eso nunca se sabe. Lo que sí está claro es que no hay un político en Galicia que hubiera obtenido los resultados que obtuvo Fraga.

P. Fraga se ha ido de la vida política sin un duro en el bolsillo, pero ha dejado una espesa red de relaciones entre el poder político y la sociedad que conforma eso que todos conocemos como la Galicia clientelar. No sé cómo ve usted este problema.

R. Mire, está claro que lo que ha hecho Fraga ha sido la primera modernización de Galicia, y en eso los datos son inapelables. Y además creo que también ha conseguido para Galicia un prestigio que antes no tenía. En cualquier caso, lo que es insólito es que, habiendo ganado las elecciones, en votos y escaños, no se nos permitiera algo tan simple como habernos dejado gobernar...

P. Pero, ¿usted cree, de verdad, que ésa era una decisión tan simple, que la izquierda le entregara de nuevo el poder a una derecha que lo había ocupado durante dieciséis años?

R. Yo no digo que se nos entregara el poder, sino que lo insólito y lo injusto es que, con los resultados que obtuvimos, al PP ni siquiera se le hiciera una propuesta para dejarle gobernar. Simplemente dejarnos gobernar, en lugar de una coalición de perdedores que es la que está gobernando ahora Galicia, aunque sea un gobierno legítimo.

P. Creo que va a ser mejor que me aclare qué haría con esa Galicia clientelar que han dejado ustedes.

R. Mire, aquí se han dicho muchas cosas de la Galicia clientelar que dicen que hemos dejado nosotros, pero lo cierto es que nosotros no tenemos el PER como tienen en Andalucía, donde gobiernan los socialistas, ni tenemos el gobierno de las ciudades, donde está el poder económico. Probablemente, la Galicia clientelar a la que usted se refiere pudo ser una realidad hace unas décadas, pero no en la actualidad. Que podamos tener algún dirigente que podría respetar más las formas, y algunos contenidos, es construir una imagen interesada de la Galicia rural, por ejemplo...

P. Donde el PP tiene su granero de votos más seguro. Dígame cómo se explica que tantos alcaldes de pequeñas ciudades hayan sido, o sigan siendo, empresarios de la construcción, por ejemplo.

R. No niego que haya un número no muy grande de alcaldes que tengan esa característica, pero es la excepción. Y le aseguro que los votantes del PP no han vivido de la Xunta.

P. Pero sí de la economía paralela que genera el poder político. Además, el alma gallega tiende a la sumisión, a buscar el favor, en lugar de exigir un derecho. Me pregunto si usted ha optado por convivir con los poderes fácticos de su partido, o la defenestración de Cacharro Pardo, el todopoderoso presidente de la Diputación de Lugo, es un claro aviso para navegantes.

R. Voy a ser claro: yo creo que cuando una persona llega a un sitio, no llega para destruir; pero tampoco para que todo siga igual. Para mí, la referencia básica a la hora de tomar decisiones es la perspectiva de los resultados electorales, y tengo muy claro que en los lugares donde estemos perdiendo apoyo electoral, pues ahí tenemos que cambiar. Y le aseguro que no voy a convivir ni un minuto con los poderes fácticos, porque no creo en ellos. Seguro que hay gente que ha tenido mucho peso en el partido, y yo a esa gente lo único que les voy a pedir es que me ayuden, si quieren, aunque ya no vayan a estar en primera línea. Y éste es el caso de Cacharro Pardo. Él ha aceptado deportivamente que la mayoría de la gente del partido en Lugo prefiera a Xose Manuel Barreiro y...

P. Pues sus declaraciones públicas no han sido muy deportivas que digamos. Y usted se lo quitó de en medio con una frialdad asombrosa, agarrándose al respeto a los tribunales, a raíz de la investigación sobre las contratas en monopolio, como a un clavo ardiendo. No tuvo usted ni una palabra apostando por su inocencia...

R. Yo creo que la decisión que se ha adoptado sobre él en el partido no tiene relación directa con las inspecciones de los llamados hombres de Harrelson que ha hecho el señor fiscal de Lugo, que, por cierto, tiene a 80 o 90 cargos del PP imputados y a nadie del PSOE ni del Bloque, que parece que no ha habido nunca nada sospechoso en ellos. Y yo creo que ese expediente se va a sobreseer, porque todo lo que se ha hecho ha sido conforme a derecho. Cuestión distinta es que esa práctica en las contrataciones llevadas a cabo por la Diputación de Lugo pudiera ser políticamente aceptable... Pero, desde luego, yo aceptaré lo que dictaminen esos tribunales. Yo le he pedido a Cacharro Pardo que me ayude, y él sabrá lo que quiere hacer. Lo único que he hecho es apoyar la renovación que ha propuesto la dirección provincial de mi partido. Le quiero reiterar, aunque usted no me crea, que yo sólo intervengo cuando no hay unanimidad, y en el caso del relevo de Cacharro Pardo era un caso de inmensa mayoría a favor de ese relevo. Justamente lo contrario de lo que ha sucedido con Baltar, el presidente de la Diputación de Ourense, al que apoya la mayoría del PP en la provincia. Lo siento, pero las cosas son así. No sé si lo entiende.

P. Entiendo perfectamente que usted no haya querido, o podido, prescindir de un poder fáctico que no ha tenido problemas con la justicia y además pasa por ser el gran empleador de la provincia. Lo que no sé es si le intimida, o no, sentir la presión, el aliento en el cogote, de esos poderes fácticos que usted conoce muy bien...

R. Le diré sinceramente que a mí no me preocupa que mi partido me acepte o no me acepte, porque si un día no me acepta, me lo va a hacer saber, y ellos saben que conmigo no habría nunca ningún problema, nunca me prestaría a maniobras oscuras de resistencia. Pero yo no estoy dispuesto a ser un presidente asambleario, sino un presidente que toma decisiones responsablemente. Yo ya sé que tiene que haber gente que me está observando, que se pregunta con cierta inquietud "vamos a ver qué hace éste". Y le digo con claridad que a mí esos poderes fácticos a los que usted alude no me quitan el sueño, ni tampoco me impedirían dormir en el caso de que me enviaran ese tipo de mensajes, que le puedo asegurar que no me han llegado. No le tengo miedo a los poderes fácticos de mi partido; sólo tengo preocupación por acertar en interpretar lo que la gente quiere; eso sí que me preocupa.

P. No sé si está en condiciones de asegurarme que está dispuesto a sanear las candidaturas municipales del fraguismo, teniendo en cuenta que han sido siempre esos alcaldes de toda la vida los que les han garantizado un poder local que puede desplomarse si usted no se anda con cuidado.

R. Está claro que lo que tenemos que hacer es medir mucho las cosas, medir los cambios que vayamos a hacer y medir lo que le interesa al partido y no lo que le interese a algunos dirigentes. Y lo que le interesa al partido es asegurarse los resultados electorales, la representación en los Ayuntamientos; sería absurdo negar eso. Yo soy plenamente consciente de que en las próximas elecciones municipales el partido se la juega y yo me la juego más todavía. Yo sé que si en las municipales sacamos un buen resultado será porque los alcaldes y los candidatos lo han hecho bien, y si los resultados son malos, es evidente que el presidente del partido, que se enfrenta a sus primeras elecciones, pues será el responsable de todo. Yo lo tengo muy claro: cambiaremos los candidatos allá donde los resultados no estén garantizados y no cambiaremos a aquellos candidatos que nos garanticen el mantenimiento del poder municipal, que entenderá usted que ahora para nosotros es vital.

P. O sea, que si un alcalde de la vieja guardia fraguista le garantiza la alcaldía, usted dejaría el relevo generacional para otro momento. Que no se juega con las cosas de comer, ¿no?

R. ¡Hombre, qué cosas me dice usted! En fin... Está claro que si hubiera un alcalde que es una máquina de ganar elecciones, no lo vamos a desperdiciar porque pertenezca a una generación que a lo mejor ya no tendría que estar en la política. Yo estoy dispuesto a hacer cirugía siempre que sea necesario, no de forma caprichosa o irresponsable. Yo a los alcaldes del PP de toda la vida les diría que no se olviden de que cada día es más difícil ganar por mayoría absoluta, y que si no renuevan sus listas, la gente va a ver lo mismo de siempre y que la gente quiere candidatos que estén en sintonía con los nuevos tiempos. Le aseguro que tendrán que entender que vamos a hacer muchos cambios en las candidaturas y que a ellos no les va a quedar más remedio que apoyarlas aunque ya no estén.

P. Pues ándese a modiño [con cuidado], no sea que tenga que acabar pidiendo escolta personal.

R. No la he pedido, de momento. Lo que le aseguro es que si hubiera una falta de sintonía entre mi voluntad de cambio y otras formas de pensar, pues tendría que hablarlo con mis compañeros de la dirección del partido. Y en cualquier caso, soy partidario de llevar a cabo el relevo generacional en las candidaturas, pero no tengo intención de suicidarme ni creo que los cambios que yo tengo en la cabeza se puedan hacer en un año.

P. Mucha gente se pregunta eso: qué tendrá usted en la cabeza. Y aunque, como buen gallego, ya se cuida de que no sepamos muy bien si sube o si baja, yo quisiera que se definiera respecto de las tendencias de su partido. Y si es usted claro, pues tanto mejor.

R. Mire, yo soy rehén de mis raíces. Nací en un pueblo muy pequeño, de familia muy humilde. Estudié con becas. Creo en la iniciativa y en la competencia. Odio las etiquetas, los prejuicios. Para mí es muy importante que una persona, cuando se desnuda, tenga las mismas oportunidades que cualquier otra y...

P. Y yo estoy intentando averiguar qué es lo que le diferencia,si es que le diferencia, de personas de su partido como Ángel Acebes. Por favor...

R. ¡Je, je! Mire, creo sin pedantería que cuando una persona llega a determinados lugares sin pedirlo, sin deberle nada a nadie, pues es una persona con una gran libertad de espíritu, como es mi caso. Pero, bueno, para responder claramente le diré que si hay una cosa que no me gusta que me llamen es "conservador", sencillamente porque no lo soy, aunque soy una persona respetuosa con las creencias de los demás.

P. Lo malo es que en eso del respeto vivimos "malos tiempos para la lírica". Pero es innegable que su particular posición a favor de los matrimonios gays le ha colocado en un incómodo lugar frente a la intransigencia inútil de la dirección de su partido. ¿Le preocupa?

R. No me preocupa situarme en una posición distinta a la dirección de mi partido en ese tema; se lo digo sinceramente. Yo asistí a aquella boda, oficiada por el alcalde de Ourense, que también es del PP, porque yo nunca le doy la espalda a un compañero de mi partido y él me pidió que lo apoyara. Y porque creo en los derechos civiles, a pesar de que la ley es una trampa hecha por un partido que se ha derechizado claramente, que ha ido abandonando las banderas de la izquierda. El PSOE ha buscado la división de la sociedad imponiendo el término matrimonio.

P. No se busque usted la coartada en el lado enemigo, que es usted el que es un mal ejemplo dentro de un partido de orden como es el suyo. Usted, Ruiz-Gallardón y algunos depravados más van a acabar en el infierno.

R. ¡No lo creo, no lo creo! Puede que haya personas en mi partido que no estén de acuerdo con mi posición, pero no se hunde el mundo por eso.

P. Según se mire. De momento, usted, y otros como usted, le están hundiendo el discurso moralista al PP y a los obispos. Por cierto, ¿es católico?

R. No creo que estemos causando tanto escándalo. Le diré que soy católico y que estoy en paz con mi conciencia, que es ante lo que tengo que responder. Por lo demás, los obispos no están en contra de los gays, ni la Iglesia ataca a...

P. Debe de ser que usted no va mucho a misa, porque lo que dicen algunos curas es terrible. Y, bueno, a Ruiz-Gallardón le ha caído una buena. ¿A usted le ha llamado al orden Rajoy?

R. Creo que exagera un poquito. Yo en mi partido no tengo capacidad de decidir nada, pero sí para tomar una posición y ser coherente con ella. Creo que no se debe hacer política con el sexo, con la libertad sexual de cada individuo, aunque soy consciente de que el PSOE ha provocado un problema innecesario. Le puedo asegurar que Rajoy no me dijo nada después de la boda de Ourense, ni yo esperaba que lo hiciese.

P. Para eso ya están los obispos, que les han leído la cartilla a los políticos católicos como usted que van por libre.

R. Los obispos tienen su criterio y defienden sus posiciones. Y yo no tengo nada que añadir porque yo no soy obispo. Los dirigentes católicos hacen lo que consideran oportuno y yo hago lo que considero oportuno, y me considero católico antes y después de aquella boda. ¡Por favor! ¿Cómo nosotros nos vamos a otorgar el derecho a decidir sobre la unión de unas personas sea cual sea su identidad sexual? En cualquier caso, la Iglesia católica... Creo que una confesión religiosa tiene que buscar el acercamiento a los problemas de la sociedad, pero no necesariamente tiene que supeditarse a los modernismos de esa sociedad. La Iglesia tiene que mantenerse en su posición, y es lógico que le cueste comprender algunas incoherencias en las que podamos caer algunos políticos católicos, igual que a mí me cuesta, y me preocupa, no poder comprender algunas de las decisiones de la Iglesia.

P. Pues hay un arzobispo, monseñor Cañizares, que se lo ha puesto realmente complicado. Porque él sostiene que la autonomía y la autodeterminación no son compatibles con la fe cristiana, y usted se ha lanzado a un idilio político con Anxo Quintana que me tiene desconcertada. ¿Acabará en boda?

R. Vamos por partes: mire, yo no le voy a quitar a la Iglesia su derecho a opinar sobre todo lo que le parezca oportuno, igual que lo puede hacer cualquier organización no gubernamental. Y dicho esto, el arzobispo Cañizares debe saber lo que ha dicho y por qué lo ha dicho. Lo que yo sí digo es que las políticas que en este momento se están llevando cabo sobre las autonomías son unas políticas que están a favor del privilegio y la desigualdad, y yo creo que eso es lo que ha debido de querer decir monseñor Cañizares. En cuanto a si va a haber boda entre Quintana y yo. No lo sé. Ambos militamos en partidos muy distintos, porque él es nacionalista y yo soy galleguista, aunque precisamente a partir de esas dos identidades podemos lograr acuerdos. ¿Si hay boda o no hay boda? Yo creo que sería bueno que la hubiera si eso beneficia a los intereses de los gallegos.

P. Es estupendo que el PP y el Bloque se pongan de acuerdo en cuanto a las reivindicaciones financieras de Galicia. Pero mucho me temo que aquí el que va a pagar la boda va a ser el PSOE, o sea, los Presupuestos Generales del Estado. Y el presidente Touriño se va a quedar de malo de la película. ¡Qué fácil!, ¿no?

R. Pero, ¡si lo que pedimos es mucho menos de lo que pedían los socialistas cuando estaban en la oposición! En principio vamos a tener un porcentaje sobre el Presupuesto, pero sólo sobre las "inversiones territorializadas". Eso que se lo expliquen los socialistas a los gallegos porque yo no tengo el valor de explicárselo. El PSOE tiene varias varas de medir, según sea la autonomía de Cataluña, o de Andalucía, que son sus protegidas, o la de Galicia, que para ellos ni siquiera está en los niveles de lo financieramente estimable. ¡Si hasta los del Bloque se han dado cuenta de que esto es algo que no se puede comprar!

P. Lo que yo le quería plantear es si esta sintonía reivindicativa entre el PP y el BNG contra la racanería de Touriño, apresado por la dependencia del Gobierno de Madrid, no tiene aquel aroma añejo de la pinza que llevaron a cabo Anguita y Aznar.

R. ¡No, no! Nosotros no estamos en ninguna pinza con el Bloque, sino en lograr acuerdos que beneficien a Galicia y que la gente lo pueda entender, que no sea un planteamiento gaseoso. Es muy simple: nosotros no queremos más de lo que otros tengan, pero tampoco aceptaremos menos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de agosto de 2006