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Tribuna:DESDE MI SILLÓN | TOUR 2006 | Duodécima etapa

El nudo

Planteamiento, nudo y desenlace. Ése es el esquema básico de cualquier buena historia.

Cualquier carrera ciclista puede ser, aunque no siempre lo sea, una buena historia. Una etapa de, por ejemplo, un Tour de Francia. Un día de los que suelen denominarse de transición, de ésos en los que, supuestamente, nada ocurre que afecte a la clasificación general.

Un día cualquiera... No, mejor un día especial, un 14 de julio, fiesta nacional francesa, la conmemoración de la toma de la Bastilla.

Los ciclistas toman la salida a las 12.10 del mediodía en un día de canícula. Tienen 211 kilómetros por delante, infinidad de repechos y pocos puertos.

Salen, comienzan los ataques y las fugas se suceden hasta que una de ellas consigue fructificar.

Son cuatro los protagonistas del día. Se acercan al final, uno de ellos se distancia y cruza en solitario la meta proclamándose vencedor. Una historia redonda, un final bien cerrado, pero sólo para él.

Visto el desenlace..., hablaré más bien de lo anterior, sobre todo del nudo, porque el planteamiento es de sobra conocido.

Incomprensión

Son corredores, corren el Tour, quieren ganar y hacen lo que buenamente pueden o quieren, según el caso.

¿Motivos para olvidar el desenlace? Uno, la incomprensión. Ni me ha gustado ni lo entiendo, pero son tantas las cosas que no entiendo, y no sólo del ciclismo, que tampoco me alarmo.

El nudo, los 99 kilómetros recorridos entre el momento de la salida y el momento en el que se forma la fuga del día y los 112 que desde allí les quedan a los fugados.

Dos horas y 15 minutos entre un momento y otro, buena media. Aún les faltarán casi dos horas y media más. Muchos, muchísimos kilómetros recorridos con violencia. Con ataques, parones y contraataques. Con grupos que se van y equipos que trabajan para que no se vayan. Con guerras secundarias, la montaña, los puntos del maillot verde, el orgullo de coger la fuga buena...

Con tensión en los coches, tensión en las piernas y tensión en la cadena. Tensión y nervios. Y una constante, el equipo del líder, Floyd Landis, tratando de poner orden en el desaguisado.

Rara vez hay ocasión de ver el nudo a través de la televisión. Las etapas pirenaicas han sido un par de ellas y a mí, que, además de corredor, soy aficionado, es de las cosas que más me gustan.

Ayer ninguno de los cuatro fugados fue de los primeros en atacar. Otros lo hicieron por ellos y ninguno protagonizó el desenlace.

A los pirotécnicos, a los corredores mecha que encienden la llama, el viento se les pone en contra y terminan quemados. Pero, por suerte, siempre están ahí y seguirán estando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de julio de 2006