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Reportaje:ESCAPADAS

El cerezo de Rousseau en Chambéry

Paseo por la ciudad francesa que inspiró el nombre del barrio madrileño

La esposa de Felipe V encontró en Madrid un reflejo de su bella Chambéry. Allí sigue el castillo de su familia, los Saboya, y el jardín donde paseaba el joven Jean-Jacques Rousseau.

A la sombra de los Alpes, relajada, en una esquina de Francia, entre Ginebra y Grenoble, se encuentra una ciudad con historia agitadísima, Chambéry, localidad alpina de ambiente medieval situada en plena Saboya, que inspiró el nombre de un barrio madrileño.

Resulta que María Luisa Gabriela de Saboya se casó (en Figueres, además) con un Borbón, concretamente con su primo Felipe V, nieto de Luis XIV. Éste se la trajo a Madrid. Una vez instalada, parece ser que encontraba muchas similitudes entre su Chambéry y el distrito madrileño. De eso hace muchos años, claro, fue entre 1701 y 1714, cuando en Chamberí habría más zonas verdes que bares. No es un cuento. Aunque no cabe duda de que si María Luisa Gabriela de Saboya levantara la cabeza y viera las cervecerías de la plaza de Olavide, le costaría reconocer el barrio donde paseaba con su Felipe mientras ejercía de reina consorte de España. Y es probable que quisiera volver a los Alpes, cerca de los lagos, a ese patrimonio natural excepcional.

El centro histórico de Chambéry se caracteriza por ser, en su mayoría, peatonal, y por estar en perfecto estado. Abundan las casas típicas saboyanas -con un tejado más largo que el otro-, los suelos adoquinados y las ventanas con forja. Estos avances deben mucho a uno de sus personajes más célebres, el general Boigne (1751-1830), cuya vida hace alucinar a cualquiera. Participó en numerosas cruzadas de las que salió victorioso. Los avances tecnológicos que observaba en otros lugares se los guardaba en la memoria para ponerlos en práctica al volver a su ciudad. Napoleón le quiso fichar para unas expediciones a la India, pero a Boigne le pesó más el amor de su esposa, Adélaïde d'Osmond. Así, se quedó en Chambéry, donde desarrolló numerosas obras benéficas. Impulsó la creación de teatros, asilos y plazas como la encantadora Saint Léger. No es de extrañar que una de las calles principales de Chambéry sea la Rue de Boigne, ni que la fuente más emblemática, la Fontaine des Elephants (obra de Sappey, en 1838), fuera construida en su honor.

Siguiendo en el casco antiguo, es preciso detenerse en la Place de la Metropole: allí aparece la catedral, una iglesia franciscana de estilo gótico temprano que en su interior guarda pinturas en trompe- l'oeil, de esas que parecen tener relieve y que, más que atraer, asustan, y un claustro, eso sí, más hospitalario. Fuera, la devoción se convierte en cerveza en la fantástica terraza del pub O Cardinal's, el único bar que abre hasta horas afines con el Chamberí castizo.

Muy cerca de ahí, en un convento franciscano, se encuentra el Musée Savoisien, cuya muestra permanente ofrece un recorrido por el arte, la arqueología y la cultura de la región. En cuanto a la exposición temporal, hasta el 4 de septiembre puede visitarse una interesantísima retrospectiva de la obra de Giovanni Caracha, uno de los maestros flamencos, retratista y pintor oficial de la corte de Saboya entre 1568 y 1607, y que estuvo pintando en la corte de Madrid.

Veranos en Les Charmettes

Otro personaje estrechamente vinculado a Chambéry es Jean-Jacques Rousseau. Llegó por primera vez en 1731, a los 19 años, porque lo apadrinó madame De Warens, como a muchos otros, para convertirle al catolicismo. En lo alto de la ciudad se sitúa la casa, llamada Les Charmettes, enorme, en la que pasaban los veranos. En el jardín quedan cerezos. Uno de ellos era el favorito de Rousseau, a él se subía para coger cerezas. Madame De Warens venía detrás, buscaba con la mirada, por entre las ramas, al joven Jean-Jacques y esperaba a que este le enviara cerezas a la boca; pero el niño tenía buena puntería y apuntaba siempre al escote, por cuyo canal se colaban las frutas. Eso animaba a la De Warens, aunque dicen las malas lenguas que, a la hora de la verdad, Rousseau se meaba en la cama o le subía la fiebre, con lo cual enseguida era despachado a su habitación. Un romántico. Ella prefería dormir sola, parece que la cosa no funcionaba, y Rousseau arrastra aún fama de mal amante.

En sus Confesiones, Rousseau alude en varias ocasiones a Chambéry, siempre con cariño. Ahora, la ciudad, desde el 15 de mayo hasta el 31 de diciembre del año en curso, le devuelve el homenaje en forma de exposición, de título bastante delator: Dis-moi, que serions-nous si nous n'aimions plus? (Dime, ¿qué sería de nosotros si ya no nos amáramos?). En Les Charmettes se exhiben cartas y grabados que ilustran la famosa Nouvelle Héloïse, novela epistolar, best seller en el siglo XVIII, en la que Rousseau da rienda suelta a todo su lirismo amoroso y que convirtió al escritor en precursor del romanticismo europeo.

Visitas imprescindibles

Dos de las reliquias más visitadas de la ciudad son el castillo de los duques de Saboya y el parque Verney. El primero, antigua residencia de los duques, un conjunto de edificios (Torre del Tesoro, Santa Capilla...), se fue construyendo entre la Edad Media y el siglo XIX. Verney se presenta como un espacio verde y abierto a dos pasos del centro histórico. Los sábados abundan aquí los espectáculos de guiñol para todos los públicos, un arte que nació en Lyón y que mantiene intacta su raigambre.

Otra ruta interesante es la de la arquitectura contemporánea, representada por espacios como el Malraux, que alberga en su interior biblioteca, cafeterías, salas de cine..., edificado en 1987 por el arquitecto Mario Botta, o el centro de congresos Le Manège, construido en 1992 por Jean-Jacques Morrisseau aprovechando una antigua caserna militar. Muy cerca de ambos está el Théâtre Charles Dullin, construcción del XIX que guarda un telón pintado por Louis Vacca y, a las puertas, una terraza muy acogedora.

Por si sobra tiempo, no está de más recordar que a pocos kilómetros de Chambéry se halla el lago natural más grande de Francia, el Lac du Bourget, al que Lamartine le dedicó un poema (El lago, 1816), así como los grandes viñedos de Saboya: Apremont, Abymes y Chignin.

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Eusebio Lahoz (Barcelona, 1976) es autor de la novela Leer del revés (El Cobre)

GUÍA PRÁCTICA

Cómo ir- Chambéry se encuentra a 90 kilómetros en coche de Ginebra (Suiza) y a 98 de la francesa Lyón.- Air France (www.airfranc.es; 902 20 70 90) tiene una oferta para volar a Lyón desde Madrid, ida y vuelta, a partir de 260,75 euros, con tasas y gastos de emisión incluidos.- Easyjet (www.easyjet.es; 902 29 99 92). Ida y vuelta entre Madrid y Ginebra, con antelación, desde 94 euros, tasas y gastos incluidos.- Iberia (902 400 500; www.iberia.com) vuela a Lyón y Ginebra, en julio, desde Madrid, a partir de 273,75 y 166,79 euros, respectivamente (tasas y gastos incluidos).Información- Oficina de turismo de Chambéry (www.chambery-tourisme.com; 00 33 479 33 42 47).- Maison de la France en España (807 11 71 81; www.franceguide.com).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de julio de 2006

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