Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Alemania 2006 | México-Angola

El león que vino de Brasil

Zinha abandonó su país hace ocho años y hoy es el héroe de México

Cuando los marineros portugueses llegaron a la India trajeron a Europa sedas, especias, joyas, plantas y animales exóticos, pero también alguna que otra palabra en sánscrito que quedó incorporada al idioma de Enrique el Navegante. Una de ellas fue Sinha, león pequeño. No consta que el apodo de Antonio Naelson Matías, que en la nómina oficial de la FIFA figura con z aunque él asegure que es con s, tenga que ver con una melena rubia o un reinado selvático que un cuerpo menudo y un cabello corto desmienten al primer vistazo. Tampoco queda claro si aprendió a caminar con la inteligencia que demostró el domingo pasado en Núremberg, cuando su ingreso resultó vital en la victoria de México sobre Irán, esquivando piedras sobre la tierra ardiente de Itajá, en el estado brasileño de Río Grande do Norte, o mirando a sus primos Souza y Bebeto, y a su hermano Netinho, todos ellos también profesionales. Lo único concreto es que también él, como su apodo, debió atravesar varios miles de kilómetros hasta encontrar su lugar en el mundo. Partió de casa en 1998 rumbo a una aventura improbable en un equipo desconocido, el Saltillo de la Segunda División mexicana, y las tierras aztecas le cambiaron la vida.

Salvo que se posea un talento privilegiado, las cosas no suelen ser fáciles en el fútbol para alguien que apenas llega a los 163 centímetros de altura (estamos hablando del segundo jugador más bajo del Mundial). No lo fueron para Zinha, uno más entre once hermanos (cinco mujeres y seis varones), uno más entre los infinitos habilidosos que las lluvias tropicales hacen brotar sin esfuerzos en los pueblos y ciudades de Brasil.

"Yo jugaba para divertirme y pasar el rato con los amigos de mi pueblo. Llegué a profesional porque me ofrecieron la posibilidad de hacerlo, no porque me lo hubiera planteado cuando era chico", dice ahora mirando hacia atrás, como si aquel pasado tan lejano no fuese suyo. Primero fue el Río Branco, después el América de Río de Janeiro los que le vieron pasar sin hacer demasiado caso a su capacidad para ubicar los espacios libres, a su exquisita visión de juego, a su explosiva llegada desde la segunda línea.

En México todo fue diferente. Apenas duró una temporada en las mazmorras de la Segunda División. Al año siguiente fichó por el Monterrey y doce meses después, por el Toluca que por entonces dirigía Ricardo Lavolpe, actual seleccionador, donde ya ha cosechado cuatro títulos de campeón. El resto vino solo: su boda con una saltillense, su nacionalización y su llamada para la tricolor. "Si digo que cuando llegué al Saltillo imaginé algo como lo que estoy viviendo, mentiría. Uno siempre tiene la ilusión de hacer bien las cosas, pero no tanto", decía el domingo después de su asistencia en el segundo gol mexicano y el cabezazo para el 3-1 definitivo.

Una rotura del ligamento cruzado en la rodilla derecha estuvo a punto de dejarle sin Mundial. Pero se recuperó a tiempo, y hoy, el pequeño león de Itajá vuelve al "lugar del crimen". Porque hace exactamente un año, el 16 de junio de 2005, México derrotaba 2-1 a Japón en Hannover, en el arranque de la Copa de las Confederaciones, donde días después repetiría ante Brasil. Esa tarde, Antonio Naelson Matías marcó el primer gol y fue elegido el mejor jugador del partido. Ya por entonces, en México a casi nadie le importaba si su apodo, Zinha, se escribe con z o con s.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de junio de 2006