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Los médicos del Barça, convencidos de que Messi no jugará en París

La final de la Copa de Europa seguirá siendo un sueño para Lionel Messi, a quien nadie del Barcelona espera ver sobre el césped de Saint Denis el próximo 17 de mayo. "Tiene un dos por ciento de posibilidades de jugar ese partido. En este tipo de lesiones no hay milagros", confirmó un miembro del cuerpo médico del Barcelona ayer. El delantero argentino, que sufrió el pasado siete de marzo una rotura en el bíceps femoral de la pierna derecha en el partido contra el Chelsea en el Camp Nou, recayó de su dolencia justo la semana antes de que el Barça se midiera en las semifinales al Milan. Messi, el sábado pasado, regresó de su exilio en Argentina, donde estuvo recuperándose de la recaída. El domingo, tras el partido contra el Cádiz, fue recibido por sus compañeros con muestras de afecto en el vestuario. Ayer, en el campo de entrenamiento de La Masía, con aplausos. El Barça cuida a Messi porque sabe que está triste: no jugará en Paris y eso duele.

Mimado en lo físico y en lo anímico, a Messi se le cuida su músculo de velocista tanto como se le intenta mantener protegido de la presión que ya le hizo recaer una vez. "Me pudo el ansia. Lo vi tan cerca que quise volver demasiado pronto", reconoció en su página web. "Le mataron dos rondos. Si no se hubiera obsesionado con jugar...", recuerdan desde el cuerpo técnico. "Le engañó la sintomatología", dicen los médicos. "Es normal, son cosas de la edad", le disculpan sus compañeros.

Diagnóstico asumido

"No tendrá el alta por lo menos en dos semanas y lo sabe", asumen los médicos, los compañeros, y hasta su padre, Jorge. La final se juega el día 17 de mayo. Faltan 16 días. Nadie lo hace oficial, ni en Barcelona ni en Argentina, pero en el diagnóstico coinciden los médicos del club y de la selección argentina. En Buenos Aires le vieron el 19 de abril y el prónostico, tras analizar el hematoma por sobreesfuezo junto a la cicatriz del bíceps femoral sobre una rotura de seis centímetros, fue claro: entre cuatro o seis semanas, dependiendo de la evolución. Y la evolución va a ser tan lenta como que nadie tiene prisa por verle en los terrenos de juego. "Si se precipita se queda sin Mundial", aseguran todos.

El jugador parece haber asumido que no se recuperará a tiempo. "Le ha visto las orejas al lobo. La recaída no ha sido ninguna tontería", advierten quienes trabajan a su lado. Ayer, Messi correteó un poco conduciendo el balón en el festivo entrenamiento matinal, protagonizado por la visita, entre otros, del sobrino de Leo, y los hijos de Eto'o, Larson, Unzue, Rijkaard y Eusebio. "A estas alturas de campeonato, las pilas están cargadas o no hay nada que hacer. Nos preocupa tenerlos frescos de coco", reconoció Juan Carlos Unzue, miembro del cuerpo tecnico; "la mejor preparación física a estas alturas es la motivación". Rijkaard recuperó a Oleguer, Motta se quedó en el gimnasio, y Ronaldinho, indispuesto, en casa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de mayo de 2006