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Ronaldinho y las bandas

Las bandas fueron un filón. El sistema del Barça, el 4-3-3, no invita a jugar por los costados. Menos aún si se atiende a las características de sus extremos. Giuly, aunque rápido, no destaca por pisar la línea de fondo, sino por trazar exquisitas diagonales. Y a Ronaldinho, a pesar de tener una buena zurda, no le gusta centrar; más bien lo contrario: intenta meterse hacia el interior y perfilarse para el disparo. Víctor Espárrago, que siempre condiciona su equipo a las exigencias que pueda deparar el partido, teórico en grado superlativo, sabía del juego del Barça. Y apostó por presionar a los creadores, a Motta, a Deco y a Van Bommel.Funcionó, pero provocó efectos colaterales determinantes.

Ronaldinho no jugaba en la Liga desde el 1 de abril, cuando el Barça recibió al Madrid. Rijkaard quería a Ronie en óptimas condiciones para las eliminatorias contra el Benfica y el Milan. Una vez cumplido el objetivo, alcanzada la final de la Champions, el brasileño volvió ayer a jugar un encuentro liguero. Se retocó el pelo, se ajustó la coleta y saltó el último al campo. Tras el protocolo, charló con sus compañeros de línea. Movilidad les exige el técnico y movilidad ofrecieron los jugadores. Ronaldinho, de hecho, pareció jugar como segundo punta. Incluso fue delantero centro durante muchas fases, aspecto motivado porque los laterales, poco apegados a la zaga, corrieron la banda con frecuencia. Sylvinho dobló a menudo a Ronaldinho y Belletti le sirvió el gol con una asistencia de libro, al punto de penalti. En su 105º disparo en la Liga, Ronaldinho marcó. Materializó su tanto 24º, el 74º del Barça, uno más que en toda la temporada pasada. Pero fue significativa su celebración: señaló reiteradamente a Belletti con el dedo para reconocerle la asistencia. Y el público ovacionó a ambos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de abril de 2006