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Entrevista:JAVIER CASTILLO, 'POTY' | Coreógrafo de '¡Mira quién baila!'

(TVE-1) "El formato es tan bueno que puede con 'CSI' y con lo que sea"

Bailarín del Ballet Nacional durante siete años bajo la tutela de Maya Plisétskaya y Nacho Duato, Javier Castillo, Poty (Torrelavega, Cantabria, 1960), exhibe una kilómetrica y heterogénea hoja de servicios. Las coreografías de la selección nacional de gimnasia rítmica (1992-1993), de Operación Triunfo (TVE) y de Eurojunior llevan su firma, al igual que la puesta en escena de las giras de Enrique Iglesias, Rosa López, David Bustamante o María Isabel. En los últimos meses ocupa su tiempo como coreógrafo y miembro del jurado en ¡Mira quién baila! (TVE-1).

Pregunta. Con cuatro millones de seguidores, el concurso es uno de los escasos espacios de éxito de TVE. ¿Tanta responsabilidad les hace trabajar bajo presión?

Respuesta. Sí, es el más visto, así que la responsabilidad es enorme. Los martes, en cuanto me levanto, me pasan los datos de audiencia, y aunque son buenos, desgraciadamente la mayoría de las veces no se corresponde el esfuerzo con el éxito obtenido. Eso no quiere decir que sólo trabajemos para el público, lo que intentamos es hacer un trabajo bueno y serio.

P. ¿Temen que el regreso de CSI: Las Vegas eclipse la buena audiencia del concurso?

R. No, porque el programa está consolidado y el casting es muy bueno. El formato es tan fantástico que puede con CSI y con lo que sea. En ningún momento hay sensación de temor.

P. Nada más finalizar la segunda temporada se ha estrenado la tercera. ¿No piensa que los espectadores pueden llegar a saturarse de tanto baile de salón?

R. No, creo que les puede la curiosidad de saber qué famosos van a ir y cómo se desenvuelven. ¡Mira quién baila! no es nada perecedero, y en esta edición, los altos jefes, que son muy sabios, han incorporado nuevos ritmos, como hip-hop, merengue, salsa, reggeton, disco... Pero quiero aclarar que no es exclusivamente de bailes de salón, es ante todo un espacio de televisión con sus leyes y normas, pero transformado en espectáculo para que guste.

P. ¿Entre sus competencias está también elegir a los concursantes?

R. No, es un asunto exclusivo de la dirección. Yo sólo he hecho el casting de los bailarines, que también tiene su aquel. Lo que sí es cierto es que conozco a casi todos los famosos. He trabajado con muchos y eso es un gran ventaja.

P. ¿Los famosos se dejan convencer fácilmente para mostrar sus habilidades o hay que utilizar grandes dotes de persuasión?

R. Quizá en la primera edición, cuando no sabían muy bien en que consistía ¡Mira quién baila! tendrían sus más y sus menos, pero ahora hay bofetadas para participar. Con todo el mundo que hablo, como Ramoncín, Azúcar Moreno, Paloma Gómez Borrero o Los Morancos, dicen que les encantaría entrar en la academia de baile.

P. Ahora, atrévase y haga un pronóstico. ¿Quién va a ganar esta tercera edición?

R. Juro que no tengo ni idea. A veces, entre nosotros, hacemos una porra y nunca acertamos. La verdad es que es muy difícil conocer los gustos del público.

P. En junio va a organizar el primer crucero temático de baile. ¿Cómo se ha metido en este lío?

R. Una agencia de viajes con unas ideas muy creativas me propuso colaborar en un crucero temático en el que unas de las actividades de la navegación es el baile. Me pareció bien y me he puesto en marcha. Pero sólo voy a intervenir en un crucero, que sale de Venecia y una semana después llega a Barcelona, porque necesito descansar. Estoy hecho polvo, tengo una cara de cansado. ¡Mira quién baila! es el trabajo más duro que he hecho, más incluso que Operación Triunfo.

P. Una curiosidad, ¿por qué le apodan Poty?

R. De chiquitín comía fatal, y para que comiera la papilla mi madre me sentaba ante el televisor. Por la tarde había un programa de payasos que se llamaban Poty y Pepino. A mi me gustaba Poty, y con el nombre de mi payaso favorito me quedé. Hasta en la mili me llamaban Poty.

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