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Necrológica:

Manolita del Arco, veterana militante comunista y republicana

Adiós a la mujer que más tiempo estuvo en las cárceles franquistas

Nació en Bilbao en 1920. Militante comunista y republicana, fue la mujer que más tiempo estuvo, ininterrumpidamente, en las cárceles franquistas.

Con la discreción que la caracterizaba se nos fue ayer Manolita del Arco. De origen vasco, militó desde los 18 años en el Partido Comunista en Madrid. Luchadora infatigable durante toda la guerra civil por la libertad y por la República fue detenida, como ella decía, como tantas otras "no tengo ningún mérito" y condenada a muerte por los tribunales franquistas.

Manolita del Arco relataba cómo un 7 de marzo de 1939 fue detenida a la entrada del edificio del Comité Central del Partido Comunista. Se estaba gestando la traición de Casado que llevó a la cárcel a ella y a miles de hombres y mujeres que habían luchado contra el golpe militar de Franco en defensa de la República.

Pasó por diversas cárceles Ventas, Málaga y Segovia, donde vivió y sufrió la represión contra ella y todas sus compañeras. En 1942 fue condenada a muerte, justo ese día conoció en Las Salesas de Madrid al que sería su compañero de toda la vida, Ángel Martínez, que como ella también le condenaron a muerte. Ambos permanecieron en la cárcel 19 años. En ese largo periodo mantuvieron una relación epistolar.Yo he tenido el privilegio de leer algunas de esas cartas que se han podido conservar y se refleja en ellas no sólo el amor sino la militancia y la complicidad que mantuvieron de por vida. En una entrevista, yo le pregunté que cómo se podía amar por carta y me dijo "a Ángel hace ya 20 años que falleció y le sigo amando".

Cuando les fue conmutada la pena de muerte y salieron de la cárcel contrajeron matrimonio, del que nació su único hijo Miguel Ángel.

Fue una de las mujeres que llevó a cabo, junto con Pilar Claudín, Merche Gómez, María Blázquez, Nieves Torres y Josefina María Villa la huelga de hambre en la cárcel de Segovia, en el año 1949. Cuando salió de la cárcel, en los años sesenta, siguió militando en el Partido y luchando por los principios democráticos y las libertades de este país, solidaria con sus camaradas y tolerante con todos.

Manolita, junto con mujeres como Tomasa Cuevas o las citadas arriba en los años de clandestinidad lucharon por la libertad y acudieron a las puertas del penal de Burgos con sus hijos a apoyar no sólo a sus maridos sino a todos los presos políticos.

Cuando se produce la transición llegó el olvido y si fue duro para los hombres mucho más para ella y todas las mujeres.

Ella decía que "fue la mujer con mayúsculas, la que luchó y se sacrificó por el preso, el encarcelado, el perseguido, el que anduvo en los montes con las guerrillas, el luchador en las mil y una batallas que había que librar en contra del fascismo para conseguir la libertad".

Huyó siempre de todo protagonismo pero contribuyó a la historia dejando con su testimonio lo que había sido la represión, sin resentimiento, pero con la firmeza de que había un valor por el que luchar siempre: la libertad. Nunca quiso homenajes, como tanta otras decía "yo soy una más", por eso este texto sólo pretende ser un acto de justicia y de reconocimiento para ti Manolita y para todas las que sacrificasteis vuestras vidas luchando por la "República y la libertad de todos", y no podemos permitir que quedéis en el olvido. Hasta el último momento conservó su lucidez y se mantuvo firme en ser comunista y republicana y su fuerte militancia con apenas fuerzas le llevó a aceptar la Presidencia de Honor, el pasado año, de la Asociación de Mujeres Sororidad.

Para los historiadores que la entrevistamos fue un fondo de datos históricos inigualable. Para mí un privilegio, un referente. Me enseñó que por encima de todo hay que ser íntegro, duro como una piedra pero transparente como un cristal. Hasta siempre Manolita. Tu lucha como la de tus compañeras no fue en balde.

Jorge J. Montes Salguero es Subdirector General de la Biblioteca Nacional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de enero de 2006