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Reportaje:

Un único 'Submarino amarillo' en la red

El Cádiz se adelanta al Villarreal y compra el dominio en Internet que se disputan los dos clubes

Eran los últimos años de la década de los 80 cuando el equipo del Cádiz C.F., que conformaban los hermanos Mejías, Mágico González, Carmelo o José González, comenzó a fraguar una leyenda: la de un conjunto desahuciado que resurgía del fondo de la clasificación para emerger en las últimas jornadas y mantenerse en primera división.

En las gradas del estadio Carranza se escuchaba ya un curioso cántico: "a-ma-ri-llo", gritaban unos aficionados. "Submarino es", respondían otros. A principios de los 90, los goles del brasileño Tilico, del argentino Derticia o de un jovencísimo Kiko permitieron que el Cádiz completara nueve años consecutivos en la máxima categoría del fútbol nacional y afianzara el sobrenombre de Submarino amarillo por el que fue conocido en toda España.

La coincidencia de los dos equipos en Primera ha despertado una amistosa rivalidad

Por aquel entonces, el Villarreal -también con la camiseta de color amarillo- competía en campos de tercera división. En un ascenso del conjunto castellonense a Segunda B, la afición asumió como segundo himno la versión española de Yelow submarine de Los Beatles. Esta tradición se apuntaló en los últimos años con la meteórica ascensión de un equipo que está en octavos de final de la Champions Ligue.

Ambos clubes han compartido el mismo apodo en las últimas décadas en la más absoluta indiferencia. Sin embargo, la coincidencia de los dos equipos en Primera ha despertado una amistosa rivalidad sobre quien es el verdadero submarino amarillo.

Todo se limitaba hasta ahora a mensajes, cánticos y pancartas entre aficiones. Sin embargo, el Cádiz C.F. ha dado el primer paso oficial para agenciarse en exclusiva el apodo. Ha adquirido el dominio Submarino amarillo en Internet. El club cadista destinará esta página www.submarinoamarillo.es a divulgar la historia del conjunto sureño. Para Ignacio Moldes, director de la página web del Cádiz -una de las más visitadas de los clubes españoles y con más de cinco millones de consultas mensuales-, se trata de "una demanda histórica de la afición". "Llevábamos con esta gestión más de dos meses y al final lo hemos conseguido", asegura.

El presidente del Cádiz, Antonio Muñoz, refrenda este interés: "De siempre he tenido claro que este sobrenombre es nuestro cuando eludíamos el descenso en la última jornada y así seguirá siendo por los siglos de los siglos". Con todo, resta acidez a la competencia con el Villarreal: "No nos preocupa porque hay buena relación con el equipo castellonense".

De esta misma opinión es José González, delantero centro del Cádiz en los años en los que se forjó el apodo. "El único submarino en mi época era el Cádiz. Lo pasábamos mal pero al final siempre nos librábamos del descenso", dice González. Rubrica su explicación uno de los fundadores de las Brigadas Amarillas en 1982, José Antonio Fernández Wuanchi: "Llamar submarino al Villarreal no tiene sentido".

Esta disputa amistosa no ha pasado a mayores porque se produce entre los clubes de dos ciudades que han estrechado lazos en los últimos años. En Villarreal y Castellón viven miles los jóvenes que han debido emigrar a estas tierras para trabajar en las fábricas de cerámica porque en la capital gaditana se les resistía el empleo y la vivienda.

Ajeno a esta polémica está el presidente del Villarreal, Fernando Roig. "Lo del submarino es algo que no me preocupa en absoluto. Soy de los que piensan que uno y otro club caen bien por toda España y, aunque busquen objetivos diferentes en la Liga, los dos somos clubes históricos y señoriales. Es igual que se lo llamen al Cádiz o a nosotros. Es un apodo cariñoso y bajo ese prisma hay que mirarlo y aceptarlo", afirma. En esta misma línea, el pesriodista de Castellón Rubén Martín, sostiene que el sentir de la afición del Villareal es "de total indiferencia". "Lo que preocupa aquí es llegar lejos en Europa y lograr una buena clasificación en la Liga", concluye.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de diciembre de 2005