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MÚSICA EN 7D

Andrés Calamaro regresa a Madrid tras seis años de ausencia

Hacía seis años que el argentino Andrés Calamaro no actuaba en Madrid, ciudad que le acogió y aclamó desde los años noventa, tanto cuando lideraba al grupo Los Rodríguez como cuando decidió trazar su carrera en solitario. Mientras, el Festival de Jazz se cobra esta semana dos actuaciones destacadas, la de María Schneider y Son de la Frontera, el grupo que ha ido más allá en buscarle nuevos caminos al flamenco. La Mostra Portuguesa vuelve a unir a Luis Pastor con João Afonso, sobrino del eximio Zeca Afonso.

- El regreso. Andrés Calamaro ha titulado, precisamente, El regreso, a su último disco, grabado en el Luna Park bonaerense en directo con los músicos de la banda de Bersuit Vergabarat. Es un repaso por sus mejores canciones, tanto las de su vieja época preespañola, como con Los Rodríguez y luego de nuevo en solitario. Un homenaje a él mismo -como lo fue su anterior disco de estudio, El cantante, de 2004- que también justifica su reencuentro con su público de Madrid, que tantas veces le ha exteriorizado su cariño. Elige un muy amplio recinto para ese regreso, lo que no deja de ser también un desafío. Calamaro ya conoce los rincones del Pabellón de Deportes, aunque fuera en su anterior formato antes del incendio, cuando ejerció de telonero de su admirado e influencia determinante, Bob Dylan.

- Las visitas. Le toca hoy al cantautor norteamericano Rufus Wainwright abrir la tanda de visitantes ilustres. No hace muchos meses encandiló al publico madrileño. Él se sintió muy atraído por la feliz y cálida acogida, tanto es así que ha forzado esta nueva visita. No hay más secretos que la honestidad que destila y el sobrecogedor sonido de las intimistas canciones de Want two, el mismo disco que ya desgranó en la anterior ocasión.

Hoy también actúa otro cantautor, el californiano afincado en Hawai, Donavon Frankenriter. El surf es su pasión, pero el estilo musical que se deduce de los practicantes de ese deporte entre olas, no forma parte de su música, más próxima a la de la canción de autor americana.

El acid jazz con regusto a pop británico sesentero de Big Boss Man, el rock de Minus Five, la latinidad rockera de Free Hole Negro, la fiereza de Bloc Party, y el nuevo pop inglés de Kaiser Chief, estrella de la nueva entrega del Wintercase 2005, donde también están The Tears y Clovis, son otras de las visitas interesantes de esta semana. Destaca también el reggae del clásico Joseph Hill al frente de Culture; y el Black Taste Tour (la gira del Sabor negro) con Satanic Surfers y All System Go.

- Portugal, tan cerca. Concluye la parte musical de La Mostra Portuguesa, que se inició la semana pasada. Este encuentro con la cultura lusa, y que también trae cine y literatura, se salda con el mano a mano que ofrecerán de nuevo el cantautor extremeño afincado en Madrid Luis Pastor y el portugués João Afonso, sobrino de José Afonso, conocido en la canción de autor como el maestro Zeca. Pastor, que además prepara un disco de poemas de José Saramago, acaba de ser reconocido con el Premio Villa de Madrid de Música Popular, que otorga el Ayuntamiento madrileño, por su disco Pásalo.

Y no más lejos está Colombia, de donde llega la exquisita y etérea Andrea Echeverri, vocalista del grupo Aterciopelados. En realidad, se trata de un concierto con el grupo y su repertorio, y otro a la vez con las canciones de su debú en solitario.

- Y el jazz. La compositora y directora norteamericana María Schneider sería la estrella esta semana del Festival de Jazz si no fuera porque también está estos días el grupo Son de la Frontera, el último hallazgo del flamenco.

Lo de la Schneider es más afín al género que inspira el Festival, pero lo de Son de la Frontera entra de lleno en los caminos de la audacia y el atrevimiento. Liderado por Raúl Rodríguez, hijo de la insigne Martirio, Son de la Frontera reinventan el flamenco desde el amparo de la obra de un casi desconocido Diego del Castor, el tocaor fallecido en los setenta. Raúl ha reinterpretado sus composiciones utilizando el tres cubano en lugar de la guitarra flamenca, lo que produce un nuevo sonido que para nada está reñido con el flamenco más jondo. Mientras, Ben Sidran continúa otra semana en el Central, al tiempo que los clubes de jazz siguen en el empeño de llevar a sus recoletos rincones, las actuaciones más vivas del Festival de Jazz que ya ha rebasado su ecuador.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de noviembre de 2005