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Crítica:CLÁSICA

Expertos

Los asiduos a Los Siglos de Oro, público fiel y entendido donde los haya, están haciendo este año un master en Boccherini. Gracias a la exquisita programación del ciclo que organizan la Fundación Caja Madrid y Patrimonio Nacional, se nos está ofreciendo buena parte de lo más interesante y menos habitual del italiano de Lucca, cuya obra pasa por un proceso de revalorización que va a situarlo en su verdadera importancia con vistas a las generaciones futuras.

El sábado se trataba de revisar algunas de las sonatas para violonchelo de Boccherini, unas piezas endiabladas que piden un intérprete de valor a prueba a bomba. Pero, además del virtuosismo que exigen, están repletas de belleza. Todas las que se tocaron poseían esos momentos que hacen de la música del autor lo que es, en la hondura de los tiempos lentos, en la manera de hacer volar al violonchelo en los más rápidos. Hubo, además, un complemento muy interesante, una sonata del olvidado Domingo Porretti, suegro póstumo del propio Boccherini. Su sonata no admite parangón con las de su yerno, es grata de escuchar y tiene el interés de ser uno más de esos descubrimientos de los músicos italianos que andaban por España en esa época.

Los Siglos de Oro

Iagoba Fanlo, violonchelo. Pedro Gadelha, contrabajo. Obras de Boccherini. Conservatorio de Madrid, 29 de septiembre.

Toda esta música tiene mucho, muchísimo que tocar. Es difícil a más no poder y pone a sus intérpretes en la tesitura de lanzarse al abismo por mucha seguridad que posean en sus propias fuerzas. Iagoba Fanlo se arriesgó a fondo y consiguió muy buenos momentos, sobre todo después de negociar una Sonata en la mayor que dejó alguna duda. Le acompañó con excelencia el contrabajista brasileño Pedro Gadelha y los dos firmaron una sesión iluminadora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 31 de octubre de 2005