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Reportaje:

Dopaje de Aitor González

El ganador de la ronda española de 2002, positivo por un anabolizante en la Vuelta 2005

El 9 de septiembre pasado, al término de la 13ª etapa de la Vuelta, Burgos-Ampuero-Santuario de la Bien Aparecida, Aitor González se sometió a un control antidopaje. Cinco días después, renovó su contrato por un año con el Euskaltel-Euskadi; al día siguiente, mediada la etapa Ávila-Ávila, Aitor González se retiró de la Vuelta alegando una rotura fibrilar en un gemelo. Ayer, fuentes oficiales confirmaron que en el control citado el ciclista había resultado positivo por un producto incluido en el grupo S1 (agentes anabólicos) de la lista de sustancias prohibidas de la Agencia Mundial Antidopaje. En su orina se halló el metabolito que resulta de la ingestión de dos anabolizantes diferentes, el metandriol y la metiltestosterona.

El 9 de septiembre pasó un control y seis días después abandonó la carrera alegando una rotura fibrilar

Ni el ciclista, ilocalizable, ni el manager del Euskaltel, Miguel Madariaga, quien afirmaba no haber recibido ninguna notificación oficial y no haber podido hablar con el corredor, confirmaron la información. Nadie ha solicitado hasta la fecha el contranálisis. Según las mismas fuentes, la Unión Ciclista Internacional (UCI), informada del positivo hace una semana, inmediatamente se lo notificó al ciclista y a su club.

Aitor González, de 30 años, persona risueña, magnífico contrarrelojista, corredor de gran clase, de mucha fuerza y de escasa propensión al trabajo, dio lo mejor de sí mismo las temporadas 2001 y 2002, cuando corrió en el Kelme. En el Tour de 2001 se reveló en la épica etapa del Tour que terminó en Pontarlier bajo una lluvia helada, donde se ganó el sobrenombre de Speedy González; en el Giro 2002 ganó dos etapas y luchó por la victoria hasta sucumbir en las duras etapas dolomíticas. Meses después ganó la Vuelta 2002, arrasando a Heras en la contrarreloj del Bernabéu, en la que dejó de ser Speedy González para convertirse en TerminAitor.

Tales éxitos le valieron un jugoso contrato en el equipo italiano Fassa Bortolo, en el que pasó dos temporadas convertido en una sombra de sí mismo y con grasa sobre los músculos. A su regreso a España buscó equipo y pese a sus escasas aspiraciones económicas sólo a última hora del año pasado encontró acomodo en el Euskaltel.

Su siguiente reaparición en el primer plano fue tan espectacular como las primeras. Consistió en una exhibición extraordinaria de fuerza en la etapa reina de la Vuelta a Suiza en junio pasado. Ganó la etapa y conquistó la clasificación general, y pese a ello, pese a ser el corredor del equipo en mejor forma, no fue retenido para disputar el Tour de Francia. A los escépticos, a quienes no creían en los milagros ciclistas, Aitor González, siempre risueño, les contestó que había vencido en Suiza por dos razones, porque los dos años anteriores había sufrido una enfermedad de su sistema inmunológico, felizmente superada, y porque había acudido a un biomecánico en Pisa que le había solucionado con unas calas especiales el problema que le suponía para el pedaleo y para la postura la diferente longitud de sus piernas, su cojera. En la última Vuelta, una carrera para la que había anunciado grandes ilusiones, apenas brilló. Sufrió una caída en una de las primeras etapas y nunca estuvo a la altura de sus promesas.

Los esteroides anabolizantes son la réplica sintética de la testosterona, la hormona secretada por los testículos responsable de la fuerza y de los rasgos masculinos de los hombres. Son sustancias que ayudan a incrementar la masa muscular, la capacidad de entrenamiento, la fuerza y la recuperación. El mayor problema con su uso, aparte de los perniciosos efectos secundarios derivados de su abuso, reside en que permanecen bastantes semanas en el organismo antes de ser eliminados por completo. Por ello suelen ser utilizados en los meses de entrenamiento fuerte antes de la competición, nunca en la competición misma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de septiembre de 2005