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Crónica:FÚTBOL | Segunda jornada de Liga
Crónica
Texto informativo con interpretación

Villa empata en Zaragoza

El asturiano marca a su antiguo equipo y da un punto al Valencia

Jordi Quixano

Un tanto de Villa empató el encuentro y evitó el recital y baño táctico que le brindó el Zaragoza al Valencia, que ni resultó ser el equipo conjuntado que habitúa ni el equipo temible de antaño. Más bien lo contrario. Los goles locales fueron de Ewerthon y Cani, pero el mérito fue del ariete debutante Diego Milito, que, mediante sus movimientos, razonó que el cometido del delantero centro no se ciñe estrictamente al remate. Todo fácil, todo útil.

Diego Milito, sustituto de Villa, que había militado en el Racing de Avellaneda argentino y en el Génova italiano, era la mayor incógnita que presentaba el Zaragoza el día que se presentaba ante su afición. El runruneo de las gradas apuntaban que el otro Milito, el hermano de Gaby, era bueno. Pero pocos lo gritaban a los cuatro vientos: casi nadie lo había visto jugar. Diego, bautizado como Diegol antes de vestir la elástica blanquilla por primera vez, hizo buenos los elogios: no se amedrentó a la hora de pedir el balón; tampoco rehusó encarar cuando la situación lo requería; y, sobre todo, demostró maneras muy interesantes y absoluto pragmatismo cuando recibía de espaldas a la portería, orientaba los controles, y abría los balones a las bandas. Le faltó la puntilla, el gol, pero sus movimientos entre líneas y su olfato y acertada lectura táctica del partido, descolocaron con frecuencia a la defensa valenciana. Diego, así, hizo mejor a sus compañeros, a los extremos Savio, Ewerthon y Cani, que se beneficiaban de sus diagonales para ir por el centro, y al lateral Toledo, que pudo asistir desde el flanco izquierdo. De sus botas nacieron los dos goles maños.

ZARAGOZA 2 - VALENCIA 2

Zaragoza: César (Valbuena, m. 29); Ponzio, Álvaro, Milito, Toledo; Zapater, Movilla; Ewerthon (Cani, m. 12), Oscar (Sergio García, m. 86), Savio; y Diego Milito.

Valencia: Cañizares; Albiol, Ayala, Moretti, Fabio Aurelio; Albelda, Baraja (Villa); Rufete, Angulo (Aimar, m. 62), Mista; y Di Vaio (Vicente, m. 69).

Goles: 0-1. M. 1. Angulo, al contragolpe y a pase de Rufete, vence a César. 1-1. M. 7. Ewerthon recoge una pelota dentro del área y fusila a Cañizares. 2-1. Cani remata de cabeza un centro de Toledo. 2-2. M. 81. Villa marca de disparo raso.

Árbitro: Undiano Mallenco. Mostró la cartulina amarilla a Álvaro, Moretti, Albelda y Albiol.

Unos 28.000 espectadores en la Romareda.

Debió tragar saliva Víctor Muñoz al mirar el banquillo del Valencia. Allí, con las botas desabrochadas, estaban Miguel, Marchena, Villa, Kluivert, Vicente y Aimar, jugadores tan talentosos como espectaculares. Quique Sánchez Flores, con la que es su asignatura pendiente desde que tomara las riendas del Getafe el año pasado y ahora del Valencia, la de vencer a domicilio, optó por un equipo más compacto, con menos individualidades e inventiva. La apuesta le salió a medias gracias al tanto de Villa. Pero el Valencia no jugó a nada, a dar patadas a lo sumo. Debió, también, suspirar de alivio Víctor Muñoz cuando sus jugadores plasmaron a la perfección los garabatos, cruces y líneas de tiza que marcó sobre la pizarra antes de empezar el partido. Ni siquiera el tanto inicial del Valencia, escasos segundos después de que el colegiado inflara por primera vez sus mofletes, ni las lesiones de César -con rotura de fibras- y Ewerthon -aún se desconocía su alcance- descompusieron al Zaragoza. Villa, sin embargo, sí.

Golpeó, pues, primero el Valencia. Lo hizo mediante Rufete y Angulo, que representaron el manual del contragolpe: el balón, tras un saque de esquina repelido por la defensa, llegó a pies de Rufete que sirvió al centro para que Angulo resolviera con determinación. Pero el Zaragoza devolvió el golpe después y lo hizo por partida doble. Aunque Villa estableció las tablas al final, el equipo y la afición blanquilla descubrieron a su nuevo delantero, a Diego Milito.

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