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Reportaje:CONCENTRACIÓN ENERGÉTICA

La tormenta se abate sobre el sector eléctrico

La OPA hostil de Gas Natural (y La Caixa) sobre Endesa, desata la polémica política y financiera

La OPA lanzada por Gas Natural, respaldada por su principal accionista, La Caixa, sobre Endesa, la eléctrica que fue privatizada y a cuyo frente el PP elevó a Manuel Pizarro tras el paso de Rodolfo Martín Villa, se ha convertido en centro de un debate de calado político. La oferta, que se eleva a 22.500 millones de euros, ha sido rechazada por la eléctrica y el PP acusa al Gobierno del PSOE de "entregar la empresa al sector público catalán", en alusión a la condición de La Caixa, primera caja de ahorros de España. La operación, en la que participa Iberdrola, que compraría activos de su máximo rival, fuerza una reordenación del sector integrando gas y electricidad.

El lunes pasado, con la OPA de Gas Natural sobre Endesa al cabo de la calle y las cotizaciones de las dos empresas suspendidas, el presidente de La Caixa, Ricard Fornesa -principal accionista de la gasista-, levantó el teléfono y llamó al de la eléctrica, Manuel Pizarro, con la intención de quedar para cenar. Acababa de estallar, en pleno arranque del curso político, la operación en la que la compañía de gas trataba de comprar la mayor eléctrica española que ponía patas arriba el sector energético y que estaba levantando ampollas.

Automáticamente, en la cabeza de Pizarro se reprodujo la imagen de la cena, unos meses antes, en la que Fornesa invitó a Alfonso Cortina a abandonar la presidencia de Repsol, en cuyo accionariado la caja se había hecho preponderante y tomado el control. Pizarro declinó la sugerencia con esa educación y savoir faire que le caracteriza, pese a la insistencia de Isidre Fainé, número dos de La Caixa, a quien Fornesa le había pasado el teléfono.

Fornesa no logró convencer ni a Pizarro ni a Blesa, que iniciaron entonces la defensa

El PSOE desbancó al PP del Gobierno y La Caixa vio allanado el camino para sus planes

El relevo en la Comisión de la Energía aconsejaba esperar para lanzar la OPA

De todos los pasos se informó puntualmente a las máximas instancias del Gobierno

Fornesa no se dio por vencido. Telefoneó a Miguel Blesa, presidente de Caja Madrid, entidad que el pasado junio elevó su participación en Endesa hasta el 9% para convertirse en el principal accionista. La caja madrileña, con el respaldo político de la Comunidad de Madrid, quería hacerse fuerte en la eléctrica y plantar cara a los planes en el sector energético de la caja catalana. Así que Blesa guardó silencio "hasta estudiar la operación", lo que era una forma de despejar a córner la invitación de La Caixa a sumarse a la OPA.

En cualquier caso, los planes de la caja catalana ya se habían visto trastocados. Estaba previsto que la oferta se diera a conocer al cierre del mercado de ese lunes, pero unos movimientos sospechosos de acciones de la eléctrica en la Bolsa, precipitaron los acontecimientos. Fornesa no logró convencer ni a Pizarro ni a Blesa, que iniciaron entonces la defensa. Éstos se cruzaron llamadas y encendieron el piloto de emergencia. Descolgaron el móvil para recabar la opinión del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Convocaron a sus asesores jurídicos para armar el enroque contra una OPA que consideraron "hostil e insuficiente". Y, todos a una, decidieron que no estaban dispuestos "a entregar Endesa a los catalanes", según una fuente cercana a la empresa.

Los contendientes saltaron al cuadrilátero de sopetón con muchos segundos a su alrededor. A un lado, Gas Natural, con La Caixa, Repsol (accionistas de la gasista) e Iberdrola, como inesperado asistente de lujo. Al otro, Endesa, con Caja Madrid, el Gobierno de Esperanza Aguirre y el propio PP, que asumieron las tesis de la eléctrica.

Como jueces, la Comisión Nacional de la Energía (CNE), el Tribunal de Defensa de la Competencia (TDC) y, en última instancia, el Gobierno, que es el que en definitiva debe aprobar la OPA. De auxiliares, bancos de inversión y despachos de abogados. Y en primera fila, competidores españoles y extranjeros, la SEPI, fondos de inversión, representantes de partidos políticos y de las comunidades autónomas. De nuevo, una pelea empresarial se convertía en centro de un combate político con un desenlace impredecible.

Pero el origen de la refriega hay que buscarlo mucho antes. En realidad, comenzó tras la OPA frustrada de Gas Natural sobre Iberdrola en marzo de 2003. A aquella oferta se opuso Repsol, uno de los socios importantes de Gas Natural, que además vio cómo su hombre en la empresa (José Luis López de Silanes) contrariaba sus designios y desequilibraba el voto a favor del otro socio, La Caixa. Tampoco el Gobierno, que no había sido informado, la respaldó.

El desencuentro entre La Caixa y Repsol fue el principio de una crisis larvada desde mucho antes. Como consecuencia, La Caixa se propuso tomar el control de la petrolera, aunque en esos momentos tenía en contra al Gobierno del PP y, en particular, al ministro de Economía, Rodrigo Rato, quien obligó a Gas Natural, presidida entonces por Antoni Brufau, a retirar la oferta lanzada a Iberdrola.

Lo que pasó después vino como a pedir de boca de La Caixa. El PSOE desbancó al PP del Gobierno y la entidad catalana vio el camino allanado para sus planes. Había aprendido del fracaso de la OPA sobre Iberdrola que "era necesario hablar con el Gobierno" y, esta vez sí, puso al corriente al nuevo Ejecutivo socialista de su doble intención de sustituir a Alfonso Cortina de la presidencia de Repsol y de crear un grupo energético integrando Endesa en Gas Natural.

Optó por Endesa en lugar de Iberdrola porque presentaba más debilidades (alto endeudamiento, unos 18.000 millones de euros, falta de inversión interna y desavenencias en la cúpula) y porque tenía el 5% del capital. A eso hay que añadir que se trata de una empresa privatizada cuyo presidente había sido nombrado por el PP. La operación contó con el beneplácito del nuevo Gobierno, que vio con buenos ojos, además de la creación de un gran grupo, que, de paso, pudiera sustituir a Manuel Pizarro en la presidencia, al que se le atribuye, además, mucha influencia en la designación de otros presidentes de ex sociedades estatales.

"En Moncloa consideran que Pizarro ha sido muy beligerante con el Gobierno en muchos frentes, como la reforma del sector eléctrico y los planes del carbón, que ha propiciado la toma del control del PP en Endesa y, para rematar, ha ninguneado a la SEPI, segundo accionista de la eléctrica con casi el 3%, en todas las decisiones adoptadas", analiza una fuente política, que añade que el martes "no se informó al holding estatal de que había reunión del consejo ni se le pidió opinión".

El proyecto de Repsol siguió su curso y cristalizó en octubre de 2004 con la sustitución de Cortina por Brufau. Para entonces se habían iniciado ya los contactos entre Fornesa y Pizarro para sondear la integración energética. "Esa circunstancia demostró que la conversación fue un error, La Caixa pecó de inexperiencia al desvelar sus intenciones a Endesa", reconoce una fuente cercana a la gasista. Pizarro propuso que hablaran los técnicos, lo que venía a ser como enterrar el proyecto.

Para Pizarro era preferente centrarse en el saneamiento de una empresa muy tocada por la crisis latinoamericana y rechazó hablar de cualquier posibilidad de hacer un acuerdo amistoso. La Caixa recogió velas, aunque no abandonó el proyecto. Quedó el camino libre para pensar una buena estrategia. Sin prisa, pero sin pausa. "De hecho, desde aquel momento en Endesa nunca se vivió tranquilo", asegura una fuente sectorial. "En todo lo que se ha hecho en estos años, se ha tenido presente la posibilidad de que llegase una oferta hostil, de fuera o de dentro; pero siempre se miraba de reojo, aunque no lo dijeran, a Barcelona".

Los temores de Endesa estaban más que fundados. El asedio sordo al que le sometía el dúo La Caixa-Gas Natural era real. Los técnicos volvieron a examinar el mercado al completo, incluida Iberdrola, y ratificaron su interés por Endesa. Pero el aterrizaje de Brufau -encargado también del desembarco en Endesa- en Repsol, por un lado, y la convulsión que vivía el país por el intento de Sacyr de controlar el BBVA y sustituir a Francisco González (también elevado por el PP a la presidencia de la entidad), por otro, recomendaba retrasar la operación.

Otra circunstancia aconsejaba esperar el relevo en la CNE, lo que suponía cambiar la mayoría de derechas por otra de izquierdas en el consejo del organismo. El cambio se produjo a principios de junio con Maite Costa en lugar de Pedro Meroño, bajo cuya presidencia la CNE tumbó las fusiones anteriores.Por otro lado, el Libro Blanco de la generación eléctrica, que se encontraba en proceso de promulgación, empujaba a acelerar todos los trámites.

Se presentaba un verano vertiginoso. Los bancos de inversión contratados (Goldman Sachs y UBS), que ya tenían prácticamente cerrado el diseño de la operación con la sorpresa de la participación de Iberdrola, imprimieron un fuerte ritmo. De todos estos pasos se informó puntualmente a las máximas instancias del Gobierno, cuyo equipo económico se reunión para analizar minuciosamente la operación y dar su opinión.

Todo estaba listo. Bajo el sigilo de agosto se cerraron los flecos y se dejó ultimado para primeros de septiembre. Así se hizo. Al poco tiempo comenzó el griterío, con mucha más carga política que empresarial. Endesa, cuyo consejo, al que no acudió el presidente de la Confederación de Cajas de Ahorros, Juan Ramón Quintás, al estar enfrentadas las dos primeras, acordó tomar medidas legales contra la operación, que consideran atenta a la competencia y que valora la empresa "muy por debajo" de lo que vale. Gas ofrece 22.500 millones, una prima del 2,61% sobre la última cotización y del 19% sobre los últimos seis meses.

Tras el consejo, Pizarro, arropado por sus mentores, se parapetó. Contrató los servicios de Deutsche Bank, JP Morgan, Citigroup, Lehmans Brothers y el bufete Clifford Chance. La reacción tan rápida fue tachada de "visceral" por parte de alguno de sus adversarios, para los que, sin embargo, trabajan, además de Goldman y UBS, Société Generale y los bufetes Freshfields Bruckhaus Deringer, Allen & Overy y Jones Day.

En medio de toda la tormenta, el martes se conoció que Pizarro compró 50.000 acciones de Endesa. Pizarro, que hizo la operación con transparencia, anunció que denunciará a quien le acuse de actuar ilegalmente. En el entorno de Pizarro, que el viernes manifestó que "lucharía con uñas y dientes", se tiene confianza en ganar la batalla, entre otras cosas "porque es una concertación entre dos empresas que no tiene pase ante Competencia, los organismos reguladores no van a permitir la operación" y "porque no es lícito un pacto previo". Apuntan que en España nunca ha triunfado una OPA hostil y aseguran que el proceso va a ser largo, "se irá cociendo y caerá por su propio peso".

En cambio, fuentes de La Caixa creen que "la operación es la que conviene al sector y a las empresas" y que "el paso del tiempo lo que va a servir es para reblandecer a la oposición, pudiéndose alcanzar un acuerdo". Fiel a su estilo, en La Caixa piensan que Pizarro podría tener una salida digna con un cargo en el futuro grupo, como Cortina en Repsol.

El PP desató el ataque, encabezado por su líder, Mariano Rajoy, a quien le sentó muy mal que el presidente Zapatero no le dijera ni una palabra del asunto cuando se entrevistó con él en La Moncloa el lunes. El PP acusa al Gobierno de ponerse en manos del tripartito catalán y de entregar Endesa "al sector público autonómico".

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, "para quien este asunto es un casus belli, como el trasvase del Ebro para Marcelino Iglesias, presidente de Aragón" (en palabras de una persona muy cercana), ha ido más allá y ha encargado al presidente de su Tribunal de la Competencia, Carlos Bustelo (dimitió de la presidencia de la Comisión de Telecomunicaciones tras calificar de "destierro" el traslado a Barcelona), un informe sobre el impacto en Madrid, donde Endesa no tiene mercado. Con el PP han cerrado filas todas las comunidades en las que gobierna. En las socialistas ha habido opiniones para todos los gustos, pero insistiendo en que los reguladores no perjudiquen a otras empresas.

La reacción del PP, a la que Alfredo Pérez Rubalcaba, portavoz socialista en el Congreso, llamó "provincianismo", responde, según fuentes del PSOE, a que "quieren salvar a Pizarro como sea". Añaden: "No se puede entender que los que apelan a la unidad de España, rechazan que una empresa catalana compre otra de Madrid. Dicen que aumenta el poder catalán, pero ¿qué quieren?, ¿que vaya a Alemania?". Para estas fuentes, "la integración aumenta la competencia entre el gas y la electricidad, y deja la puerta abierta a otros operadores. Dará lugar a dos grupos iguales con una diversificación parecida, acabando además con el monopolio que ahora existe en gas". Otras fuentes se preguntan por qué bajo el PP no se podían hacer este tipo de operaciones. "¿Acaso se cercenaba la iniciativa empresarial?", reseñan en alusión a los intentos de Gas Natural.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de septiembre de 2005