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Reportaje:

Recuerdo de los últimos de Filipinas

Primer homenaje oficial a los 33 supervivientes del asedio a la colonia

El madrileño Jesús Valbuena recorrió en 1993 los 230 kilómetros de selva que separan Manila de la pequeña localidad de Baler, en la costa oriental de la isla filipina de Luzón. Allí descubrió lo que buscaba: una iglesia blanca y compacta. A la entrada, una placa conmemorativa escrita en inglés recordaba que el edificio fue el último reducto del Imperio español. Valbuena, que tenía 21 años, se sintió sobrecogido por la sierra impenetrable, los palmares hasta donde alcanzaba la vista, la inmensa playa virgen y la hospitalidad de los aldeanos. Pero sobre todo le emocionó la evocación de su bisabuelo, el cabo Jesús García Quijano, que entre junio de 1898 y junio de 1899 resistió el asedio de las tropas rebeldes junto a 32 compañeros atrincherados en las ruinas del templo. Famélico, herido en un pie y sin creer durante meses lo que decía el enemigo: que España había cedido sus derechos sobre el archipiélago a EE UU en el tratado de París del 10 de diciembre.

"Hace falta que la juventud española se entere de lo que ha sido Filipinas", dice el embajador

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Gracias al empeño de Valbuena, guionista del documental Los hijos de Baler, España rendirá hoy, después de 106 años, el primer homenaje oficial a los 33 supervivientes del sitio. El acto se celebrará en la sede de la Casa Asia, dependiente del Ministerio de Exteriores y el Ayuntamiento de Barcelona. Estará presidido por el ministro de Defensa, José Bono, y el director de Casa Asia, Ion de la Riva, y asistirán el embajador de Filipinas, Joseph Bernardo Medina, los descendientes de los soldados y los alcaldes de los 33 pueblos de donde procedían para sellar un hermanamiento con Baler.

Ion de la Riva explica el acto en el contexto del Plan Asia: "El primer peldaño en el proceso de acercamiento de España a Asia es Filipinas por motivos culturales. Es chocante que ni siquiera haya vuelos directos a Manila desde España. Vamos de vacaciones más a Tailandia".

"Hace falta que la juventud española se entere de lo que ha sido Filipinas", dice el embajador Joseph Bernardo Medina. "Allí, desde hace tres años está vigente una ley que cada 30 de junio

[día de la capitulación de Baler] conmemora el Día de la Amistad Hispano-Filipina".

Después de la guerra, el primer presidente de la República insular, Emilio Aguinaldo, decretó una ley por la cual no consideraba prisioneros a los defensores de Baler, sino "amigos" y les facilitaba el regreso.

Los soldados llegaron a Barcelona el 1 de septiembre de 1899. El alcalde preparó una recepción que no pudo concretarse. Después del desembarco cada quinto se fue a su pueblo sin perder un minuto. El teniente Saturnino Martín Cerezo enfiló para Mijadas (Cáceres), y la tropa, a sus pueblos de Lleida, Ávila, Lugo, Huesca, Sevilla, Fuerteventura, Teruel, Castellón, Guadalajara, Murcia, Granada, A Coruña, Barcelona, Jaén, Huelva, Valencia, Ourense y Palencia. En septiembre de 1899 se les concedió la Cruz de Plata y una pensión mensual de 7,5 pesetas a los soldados cuya resistencia ha sido estudiada en la academia militar de West Point.

"Igual que el resto de los supervivientes, mi bisabuelo era un campesino", recuerda Valbuena, "y no tenía las 2.000 pesetas que costaba la redención. Vivió hasta 1946. Durante la Guerra Civil quedó inválido por la explosión de una bomba en Palencia. De los ocho supervivientes que quedaron, cinco fueron agraviados por Franco por estar en la zona republicana -mi bisabuelo incluido-. Los otros tres fueron ascendidos a tenientes y considerados precursores del Movimiento".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005