Crítica:SANTANDER | LA LIDIACrítica
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El presidente, protagonista

Al presidente de un festejo se le supone por cargo del defensor de la fiesta, de su integridad y, por tanto, de la afición. El de ayer abdicó de sus obligaciones. Mantuvo en el ruedo, a pesar de que la plaza en pie pedía por unanimidad la devolución del primero de la tarde, un inválido que con sólo amagar a embestir se derrumbaba. ¿A quién defiende el presidente?

La jovencísima terna contratada no defraudó. Su actuación justificó la presencia en la feria. Suplieron bisoñeces y recursos con la ilusión y raza que conlleva la necesidad. Contaron con un toro por cabeza. Los de Bañuelos resultaron el otro fraude de la tarde. Salvador Cortés, afortunado con el torete del encierro, se llevó el gato al agua. Faena bien planteada con ritmo, cadencia y gusto. Mejor por naturales. En el otro no existió. El Capea, inédito en el inválido de marras, pasaportó a su segundo con más entrega que acierto. Morenito de Aranda, con el peor lote, no volvió la cara en ningún momento, dejando pinceladas con sabor.

Bañuelos / Capea, Cortés, Aranda

Toros de Antonio Bañuelos: bien presentados, 1º, inválido; 3º, devuelto; 5º, apuntillado de salida. Sobreros de Atanasio Fernández: descastados. El Capea: silencio y oreja. Salvador Cortés: oreja y palmas. Morenito de Aranda: ovación y ovación. Plaza de Santander. 24 de julio. 2ª de feria. Lleno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 24 de julio de 2005.

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