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Crónica:TOUR 2005 | Cuarta etapa

Armstrong, de amarillo como todos los años

El equipo Discovery gana por dos segundos una contrarreloj marcada por la caída del líder, Zabriskie

"¿Dónde está la serpiente multicolor?", clamaba el nostálgico desinformado, "¡quiero que me devuelvan mi dinero! Aquí se ven sólo culebrillas monótonas y muy bien uniformadas, esto no es el Tour...". Y seguía allí solo, gritando en el desierto, junto a los trigales que rodeaban la meta en un campo insólito en el centro de Blois, la ciudad de las mansardas de Mansard y el castillo surrealista, echando pestes contra el para él ininteligible, soso, aburrido, ejercicio de la contrarreloj por equipos. Y encima han ganado los que han llegado los penúltimos, esto es el colmo. Y por si faltaba poco, se ha caído el que iba de amarillo y nadie le ha esperado. ¿Pero esto qué es?

"Esto es una especialidad apasionada", le respondió Lance Armstrong. Bueno, no al despistado aficionado, sino al mundo en general. "Una prueba que me ha hecho pasar hoy los cinco minutos más terribles de mi vida". Y tranquilo, relajado, con su maillot amarillo flamant -el 67º que viste en los siete Tours en que lo ha vestido, el primero con la publicidad del Discovery Channel-, Armstrong lo contó. Resulta que el tan terrible momento no lo pasó sobre la bicicleta, agobiado porque al principio parecía que las cosas se le iban de la mano, porque en las increíbles rectas, alamares, bordeando el Loira, otros equipos, el Liberty, el CSC, el T-Mobile, lo estaban haciendo igual o mejor, porque le tocara ponerse al frente, dar un par de relevos de 800 metros a 60 por hora, 48s sin apenas respirar, para empezar a enderezar la marcha... -"Ha sido el mejor Lance que he visto nunca", dijo su amigo George Hincapie, que ha estado a su lado toda su vida- No, aquel agobio se solucionó en los repechos, en el territorio en el que Popovych se ganó el maillot blanco de mejor joven, los galones que dejó el viejo sabio Ekimov, lesionado. Lo peor llegó después. "El momento terrible lo pasé, lo pasamos todo el equipo en el autobús. Cinco minutos parecen nada, pero fueron interminables segundos esperando que el CSC cruzara la meta. Fueron momentos de gritos, de estrés, de chillidos, increíbles...".

Elegante, Armstrong, maillot amarillo una vez más, otro Tour, implacable, infalible, no habló de la caída de su ex compañero David Zabriskie, la mota de amarillo en el CSC, el líder que vio interrumpida súbitamente su amorosa colección de leones de peluche por un salto de cadena a 1.500 metros de la meta, junto a una valla, cuesta abajo, tras la curva que bordea el castillo. Zabriskie se fue al suelo -como Armstrong perdió el pedal en el prólogo- y aunque sus compañeros siguieron adelante, hubo un momento de indecisión que bien podrían haberle costado a su equipo los dos segundos que al final dieron la felicidad al grupo de Armstrong y a sus fans. Y un récord más para su armario: con una media de 57,320 kilómetros por hora, la Tours-Blois es la contrarreloj por equipos más rápida de la historia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de julio de 2005