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Crítica:DORMIR

Entre jazmines y buganvillas trepadoras

LA HOSPEDERÍA EL CHURRASCO, apoteosis de lo barroco en Córdoba

Cuando los gigantes de la hotelería española compiten en estos momentos por fichar a cocineros estrella, va un restaurador y abre un hotel de lujo... Rafael Carrillo sabía lo que se traía entre manos cuando aprendía lo esencial del negocio en Casa Minguitos, para regentar años después el que ha devenido, en opinión de la crítica especializada, en el restaurante más importante de Córdoba: El Churrasco. La siesta, después de un sabroso rabo de toro, llevaba tiempo pidiendo pijama. Carrillo hijo le acaba de añadir, además, la almohada.

El hotelito apenas tiene nueve habitaciones, suficientes para no empañar de codicia los encantos del restaurante. Piedra a piedra, la casa vecina a los fogones resurge de su apagado jalbegue en el centro de la judería para aposentar los paladares bien saciados y algún otro expectante de placeres sin consumar en este festivo mayo cordobés. Entre jazmines y arrayanes, gitanillas colgantes y guedejas de buganvillas trepadoras, el portón de entrada se ofusca en un recodo de calleja por la que apenas cabe un pañuelo. Eso sí, de seda y flores.

LA HOSPEDERÍA EL CHURRASCO

Categoría oficial: 3 estrellas. Romero, 38. Córdoba. Teléfono 957 29 48 08. Fax 957 42 16 61. Internet: www.elchurrasco.com. Instalaciones: garaje en las inmediaciones con servicio de aparcacoches, salón de estar, patio exterior, sala de convenciones para 15 personas. Habitaciones: 1 individual, 5 dobles y 3 'suites'; todas con baño, calefacción, aire acondicionado, teléfono, TV satélite, DVD, ordenador personal, acceso ADSL a Internet, minibar gratuito, secador de pelo, albornoz, carta de almohadas, prensa diaria, servicio 24 horas; habitaciones para no fumadores. Servicios: algunas habitaciones adaptadas para discapacitados, no admite animales domésticos. Precios: temporada alta, 180 euros + 7% IVA; temporada baja, 160 euros + 7% IVA; desayuno, llamadas telefónicas y garaje incluidos. Tarjetas de crédito: American Express, Diners Club, Eurocard, MasterCard, Visa, 6000.

Arquitectura ... 7

Decoración ... 6

Estado de conservación ... 9

Confortabilidad habitaciones ... 8

Aseos ... 8

Ambiente ... 7

Desayuno ... 4

Atención ... 9

Tranquilidad ... 7

Instalaciones ... 4

Como todas las del barrio judío, la casita se cierra sobre sí misma en un abdomen alambicado de patios, escaleras, pilares, capiteles y abundante trastería barroca. El zaguán conserva el viejo pozo, mientras otros rincones en penumbra expresan una veneración mestiza por lo romano y lo califal. El salón de estar, al fondo, promueve un salmorejo estilístico -por lo bien conjuntado- de óleos inertes, tapicerías de peso, una escribanía y un sofá de estilo chester frente a una pantalla plana de televisión. Aquí se sirven los desayunos, escasos y sin matices para lo exigible a una firma de tanta solera. Si hace bueno, vale la pena hacerse de rogar para tomarlo al aire libre, en el patio.

Pintores y escultores

Cada alcoba exhibe su propia personalidad, no exenta de ciertas ínfulas versallescas. Doseles, grecas, estarcidos, volutas, rosetones, pasamanería de oro, espejos, candelabros, apliques de abanico, alfombras orientales... Nueve retablos seudorrománticos a través de los cuales el propietario rinde homenaje a pintores y escultores cordobeses de la talla de Miguel del Moral (211), Rafael Ortí Meléndez Valdes (221), Mateo Inurria (231), Julio Romero de Torres (241), Antonio del Castillo y Saavedra (251), Pedro Bueno Villarejo (261), Pablo de Céspedes (271), Tomás Muñoz Lucena (281) y Rafael Romero Barros (291). Una exaltación cursi del arte barroco que, sin embargo, encuentra adeptos entre quienes saben apreciar otros detalles menos visuales: lechos confortables, baños impolutos, ordenador personal con Internet gratis y, sobre todo, un servicio cumplidor y sinceramente amable.

ALREDEDORES

EN MAYO, la judería de Córdoba invita a deambular sin mapa por las callejas, pasajes y callejones con la mente abierta y el cuerpo bien dispuesto para: 1) apreciar las filigranas floridas de las Cruces de Mayo; 2) seguir el vía crucis de los patios, cuyo concurso municipal enjaeza de macetas floridas y ditirambos flamencos (guitarra, sombrero cordobés y fino amontillado), y 3) sumarse al jolgorio nocturno de la feria de Nuestra Señora de la Salud, que es como la de Sevilla bajo la estela añadida de Séneca. Junto al hotel, la plaza de Maimónides acoge el museo taurino de Córdoba. Más allá se visita el zoco, la sinagoga y la muralla árabe, hasta llegar al alcázar de los Reyes Católicos. Por ahí emerge con su patio de los naranjos y la torre catedralicia la mezquita aljama, el monumento cordobés por antonomasia, junto al Guadalquivir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de mayo de 2005

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