Crónica:CICLISMO | Tour de Flandes
Crónica
Texto informativo con interpretación

Victoria del 'mesías' belga

Tom Boonen se impone sobre el 'pavés' y Flecha sólo es duodécimo

A Tom Boonen, supersticioso, un burro español al que bautizó Camille le trisca la hierba en su jardín y, dice, le da suerte. A Boonen, 24 años, imponente mirada azul sobre sus 1,92 metros, barba de dos días, un rosario de madera que le regaló Johan Museeuw el día que se retiró y que lleva siempre, o casi siempre, en el bolsillo lumbar de su maillot, dice, le da suerte. A Boonen, belga de Flandes, de la región de Amberes, ciclista e hijo de ciclista, su clase, su madurez, su fuerza..., le dan triunfos únicos. Como el que consiguió ayer, la victoria que le hizo dar el paso decisivo en la alta consideración en que le tienen sus compatriotas: en 12 kilómetros tremendos, se convirtió de príncipe heredero en el nuevo rey de Flandes y aspirante a la corona mundial. Lo hizo en el Tour de Flandes, la carrera que ama como ninguna Juan Antonio Flecha, quien volvió a saber que, a veces, con el corazón no basta.

A Boonen, su progenitor André, ciclista, padre a los 23 años, le legó la madurez. Un dominio de sí mismo y de sus decisiones extraño en un país ciclísticamente tan complicado como Bélgica, donde, desde hace 30 años, todos los aficionados que ganan una carrera son potenciales Eddy Merckx. Y Boonen lleva ganando carreras desde niño. Y en tres años y medio de profesional ya ha ganado todas las semiclásicas que forjan muchos palmarés y hasta ha levantado los brazos en los Campos Elíseos, en el Tour. "Y mi padre, que nunca me presionó, que nunca me agobió, que me dejó crecer feliz, también me legó su espíritu", cuenta Boonen; "mi primer recuerdo del ciclismo no son las leyendas de Merckx o de Freddy Maertens o las imágenes de Museeuw desde una cuneta, sino las de mi padre, lesionado para siempre a los 26 años, intentando superar en casa las heridas". A Boonen, su compañero Museeuw, el último León de Flandes, le donó su tranquilidad. "Me enseñó Museeuw a no ser víctima del pánico", dice; "a no volverme loco cuando hay un corte, cuando sufro una caída..."

Tranquilo, tranquilo. Grande, grande. Boonen, que pasaba por ser un sprinter, ganó con un ataque lejano, a nueve kilómetros de la llegada, pasado el Bosberg, el monte del bosque, el último de los 17 repechos, pavés (adoquinado) y estrecheces, piedras que bailan claqué al salto de las cadenas y el paso de las ruedas, que convierten en única la Ronda de Flandes. Atacó en el falso llano, cuando la victoria sólo se la jugaban seis, los tres que Van Petegem (Davitamon) había seleccionado en el Valkenberg,una colina anodina a 32 kilómetros de la meta. Un ataque que sólo soportaron Klier, Boonen (Quick Step), Zabel (Tmobile) -el infatigable alemán que esprintó en los 176 montes, en la llegada y en todas las cuestas que veía- y los italianos Petito (Fassa Bortolo) y Ballan (Lampre). Y no estaba Flecha, que se equivocó. "Pensé que estando mi compañero Petito, que no iba a dar relevos, les cogeríamos detrás", dijo el catalán; "pero llegaron sin mí". Llegaron sin él y sin más favoritos, sin Dekker, sin Hincapié, sin Devolver... Y llegaron pese a que el boss en persona, esto es, Lance Armstrong, fue fiel a su palabra, se asomó a la cabeza y tiró como fiel gregario durante tres kilómetros para su amigo Hincapié. Llegaron los seis por delante, pero no llegaron juntos. Pero no les separó ni el terrible Grammont, el monte 16; ni tampoco el Bosberg, el último obstáculo. Lo que no pudieron los porcentajes exagerados, el 20%, el 15%..., lo pudo la voluntad de Boonen en un falso llano. A 12 kilómetros de la meta. "Aunque hubiera estado en el grupo, Flecha no habría ganado", dijo Ferretti, su director. "Lo sé. Pero también sé que algún día ganaré", dijo Flecha, ayer 12º, a 1m 42s.

Tom Boonen festeja su triunfo.
Tom Boonen festeja su triunfo.REUTERS

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Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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