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Reportaje:FIN DE SEMANA

En las playas de 'Mar adentro'

Lenguas de arena, castros y dunas en el sur de la ría de Muros

"Poeta, vecino y amigo". Una placa recuerda en el arenal de As Furnas, junto a las piscinas naturales de roca donde se accidentó, a Ramón Sampedro, inspirador de la película de Alejandro Amenábar.

El mar en Galicia es violento e implacable, especialmente en las costas coruñesas, las más expuestas a la intemperie atlántica, donde la furia de las aguas apenas puede ser domesticada en el interior de algunas rías, esas enormes huellas que, según la leyenda, dejaron los dedos de Dios cuando, tras concluir su obra de la Creación, apoyó la mano en este pedazo de tierra recién moldeado. Una frontera tortuosa sobre la que flota, como la niebla marina, el espectro de la tragedia, ese aire de fatalidad que ha llevado a bautizar una extensa franja del litoral coruñés como la Costa de la Muerte. Los hombres se debaten, al enfrentarse a este confín maldito, entre refugiarse en tierra o aventurarse mar adentro.

La playa de As Furnas es uno de esos lugares de la costa gallega donde se superponen la belleza y el drama, individual en este caso. Situada en la parte sur de la ría de Muros-Noia, casi en la punta de la península de Barbanza, muy cerca del parque natural de las dunas de Corrubedo, enfrenta sus cerca de 800 metros de longitud a un mar abierto, donde un oleaje bravío altera sustancialmente el paisaje típico de las rías gallegas, al reemplazar las siluetas casi estáticas de los mariscadores por las de los zigzagueantes surfistas que surcan la rizada superficie de las aguas a gran velocidad. Lo que hace única a esta playa es una zona de rocas planas y estriadas en uno de sus extremos, en la que la erosión del mar ha formado pequeñas calas a modo de urnas (furna en gallego) que se llenan de un agua verde esmeralda con la marea alta y cuya base se encuentra perlada de mejillones diminutos.

El mar que da y quita

Aunque el entorno no ha sido mancillado todavía por la presión urbanística, posiblemente por tener un clima más frío, ventoso y lluvioso que el resto de las Rías Bajas, el aliento de la desgracia viene a contaminar la serena belleza de este lugar. Al borde de una de esas piscinas naturales, a dos metros escasos de altura, una rosa de los vientos recuerda el accidente que dejó tetrapléjico a Ramón Sampedro con esta leyenda: "Defensor de la vida y la muerte dignas. Marinero en tierra, poeta, vecino y amigo". Visto de cerca el escenario, resulta difícil comprender qué pudo llevar a Sampedro a cometer el fatal error cuando se lanzó de cabeza a la furna en el momento que las aguas se retiraban, algo que tampoco pudo aclarar Alejandro Amenábar en su película Mar adentro, basada en las peripecias vitales de este gallego que enfrentó a la sociedad española al dilema de la eutanasia activa.

El joven cineasta español rodó las escenas del accidente en el mismo lugar donde se produjo, mostrando al espectador sin artificios "ese mar que primero da la vida y luego la quita", en palabras del propio Ramón Sampedro. Pasear por la arena apelmazada y húmeda o contemplar el horizonte infinito deja, así, un sentimiento de zozobra y desamparo, un regusto amargo, que transforma la plasticidad de las olas que avanzan con la cabeza erguida como una cobra a punto de atacar en una amenaza letal y convierte este lugar solitario y plácido en una especie de guarida donde se agazapa el destino.

Pocos kilómetros más al sur de As Furnas se encuentra el acceso al mirador de Curota, en la cresta de la sierra de Barbanza, ese monte pequeño, de unos 650 metros de altitud, donde las leyendas ubicaron durante un tiempo -ya en el siglo XVII empezó a considerarse una mera fábula de gente ignorante- el lugar donde quedó varada el arca del Diluvio Universal y en cuyas laderas Noé plantó las viñas con cuyo fruto se emborracharía tiempo después. Sin ser un monte sagrado, los campesinos todavía guardan un profundo respeto por los múltiples vestigios megalíticos que salpican la zona, entre los que destaca el dolmen de Axeitos, considerado como el mejor conservado de Galicia, que algunos llaman Pedra do Mouro por sus connotaciones mágicas. También en las laderas de esta vieja serranía se pueden encontrar restos de antiguos castros celtas, como el de Baroña, recostado sobre una península rocosa que se adentra en el mar, cerca de Porto do Son.

Una ría a cada lado

Conforme se va ascendiendo, la masa boscosa de pinos y eucaliptos va raleando hasta que, al final, sólo queda la roca viva batida por un viento permanente y en ocasiones cruel a la que se agarran con desesperación las matas de tojos. La vista es espectacular si no lo impide la calima, con una ría a cada lado; abierta y salvaje la de Muros-Noia, al norte; cerrada y tranquila la de Arosa, al sur, donde flotan plácidamente las bateas de mejillones. El perfil del litoral actúa de referencia, pone límites a un horizonte que amenaza con precipitarse por el otro lado. Desde arriba, todo es pequeño y las poblaciones semejan rebaños de ovejas que se amontonan en el borde del mar. Uno de estos pueblos, a los pies de la sierra de Barbanza, en la vertiente de la ría de Arosa, es Boiro, el lugar al que se trasladó Ramón Sampedro para morir en una casa alquilada por Rosa, la mujer que con más ahínco intentó infundirle las ganas de vivir.

GUÍA PRÁCTICA

Información- La playa de As Furnas pertenece al concejo coruñés de Porto do Son. Más información, en la oficina municipal de turismo: 981 76 77 35.Y en la web: www.portodoson.net.- Turgalicia (www.turgalicia.es) ofrece en su página web, además de información como rutas, visitas, alojamientos (hoteles, turismo rural y más) y oficinas de turismo, descripciones de las playas gallegas.- Pazos de Galicia (902 19 76 13; www.pazosdegalicia.com). Para alojamiento rural.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de febrero de 2005

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