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Crónica:FÚTBOL | 23ª jornada de Liga

Partidazo de los pies a la cabeza

Athletic y Betis despliegan en San Mamés todas las virtudes del fútbol apasionado

Partidazo, otra vez, en San Mamés. Fútbol sin remilgos, atrevimiento total, atracción absoluta. Sin defensas, el fútbol despliega sus mejores galas. Sin defensas en el Athletic (quien encuentre un central con posibles que llame a la sede rojiblanca), el Betis encontró todo el esplendor del que es capaz para triangular el fútbol y marcar dos goles idénticos (el segundo y el tercero) con el mismo protagonista, Edú en la invención de la jugada, y dos artistas en la resolución, Oliveira y Joaquín. Fútbol del fino, el de la antigua escuela sevillana, el que combina el arte y el oficio y conduce directamente a la defensa del Athletic al cuarto de los ratones. En media hora, el Betis retrotrajo el fútbol a aquellos años en los que imperaba el tacto con el balón, el gusto por la invención, el riesgo en el pase, con el añadido modernista de la velocidad (cosa de Joaquín y de Oliveira). En media hora probablemente San Mamés había visto el mejor fútbol de la temporada aunque, para su desgracia, lo habían practicado los otros, el rival, un equipo genuinamente andaluz en su fútbol bajo una típica tromba de agua del norte.

ATHLETIC 4 BETIS 4

Athletic: Aranzubia; Iraola, Murillo, Prieto, Del Horno; Gurpegui, Tiko; Arriaga (Solabarrieta, m. 63), Yeste (Guerrero, m. 85), Ezquerro; y Urzaiz.

Betis: Doblas; Cañas, Lembo, Juanito, Luis Fernández; Assunçao, Arzu; Joaquín, Edú, Fernando (Benjamín, m. 20); y Oliveira.

Goles: 0-1. M. 4. Contragolpe del Betis que culmina Oliveira ganando por velocidad a la defensa del Athletic.

0-2. M. 12. Pase al hueco de Edú a Joaquin que regatea a Aranzubia y marca.

0-3. M. 25. Pase de Edú a Joaquín que supera a Del Horno y cede a Oliveira que fusila.

1-3. M. 31. Saque de esquina de Yeste y cabezazo de Urzaiz.

2-3. M. 34. Saque de esquina de Yeste y cabezazo de Urzaiz.

3-3. M. 46. Saque de esquina de Yeste y cabezazo de Gurpegui.

4-3. M. 70. Balón de Tiko a Yeste que alcanza casi el primer palo y bate a Doblas.

4-4. M. 79. Oliveira, tras tocar Del Horno.

Árbitro: Lizondo Cortés. Expulsó a Lembo (m. 74) y amonestó a Juanito, Del Horno, Oliveira, Luis Prieto, Tiko, Urzaiz y Edú

Unos 30.000 espectadores en San Mamés.

Era cuestión de soñar, y el Athletic decidió reeditar un sueño que casi nunca se repite

El Betis retrotrajo el juego a aquellos años en los que imperaba el gusto por la invención

Pero el Betis tampoco tenía defensa, bien es verdad que a causa de las múltiples bajas por lesión o sanción. Y en dos minutos recibió la misma penitencia, dos goles idénticos: saque de esquina de Yeste y cabezazo de Urzaiz. El portero bético y la defensa asistieron como espectadores privilegiados al espectáculo de Urzaiz, muy presionado por la irrupción de Llorente, ayer en el banquillo.

El partido se conducía por los derroteros del histórico encuentro frente a Osasuna, cuando el Athletic remontó tres goles del equipo navarro y acabó ganando en la prolongación. Tanto impregnó San Mamés aquel partido que el público de La Catedral respondió a los tres goles béticos con gritos de "Athletic, Athletic" y "a por ellos, oe". Nada de pañuelos o gritos, a pesar de la debilísima aplicación de su defensa y de su medio campo, desaparecido en combate, ninguneado como si de juveniles se tratara; nada de cebarse con algún jugador en busca de un culpable del fracaso, nada de reclamar futbolistas del banquillo o de mirar al banquillo. Era cuestión de soñar y el Athletic decidió repetir un sueño feliz, de ésos que por más que se reclamen casi nunca se repiten. Y tanto soñó que, feliz con su recuerdo, nada más iniciarse la segunda mitad repitió no ya el sueño, sino la misma jugada: otro saque de esquina de Yeste (ayer de rubio platino en un nuevo ejercicio de peluquería) y cabezazo, en esta ocasión de Gurpegui, bajo la atenta mirada de Doblas y la ira de Serra Ferrer con su portero por no salir, por dormirse bajo el larguero, asustado e indolente, como sus defensas.

El Betis había perdido con prontitud a Fernando, una baza importante de su fútbol ofensivo, pero, a pesar de los tres goles rojiblancos, de la bajada de adrenalina con otra remontada espectacular del Athletic, no perdió su dibujo. El partido seguía siendo un debate entre delineantes y albañiles, dos oficios necesarios para construir un buen edificio. Cada vez que el Athletic forzaba un saque de esquina, los gestos de adversidad del Betis eran notorios; cada vez que el Betis se asomaba al área del Athletic, generalmente por la velocidad de Oliveira, San Mamés olía a incendio.

El partido trepidaba, olía a fútbol del bueno, del de antes, del sincero. Tanto olía que Yeste, harto de servir balones de gol, con el pelo plateado en su nuevo look (no será el último, lo mejor lo ha reservado para alguna posible final), que decidió hacer una de las suyas. Había dado todos los pases de gol de su equipo y, de repente, cazó un pase de Tiko en el vértice del área, impuso su fortaleza física para irse al primer palo, girar la cintura y batir a Doblas en el palo que presuntamente cubría. No fue la noche del portero bético y no se le esperan nuevas noches. Ni tardes. Serra Ferrer acabó iracundo con el portero, al que no se le augura porvenir.

Todo era peligro, todo era riesgo, todo era emoción. Cada acción del Betis con los pies o del Athletic con la cabeza levantaba a la grada por miedo o felicidad. Tanto era así que el Betis, remontado, sometido a un castigo que nunca esperó y en inferioridad numérica por un rigurosísima expulsión de Lembo, se contagió del espíritu rojiblanco y encontró el empate en otra genialidad de Oliveira, en la enésima ocasión que ganó la espalda de la defensa rojiblanca. Su hat trick premiaba al futbolista, a su equipo y al espíritu de sacrificio. La inferioridad numérica ni se notó. Parecía que nada había ocurrido. Al Athletic se le rompió el cántaro de una nueva remontada y el Betis lo reconstruyó cuando nadie creía que podría conseguirlo. El fútbol fue justo consigo mismo y premió por igual a dos equipos que había concedido todo su honor a este juego. Probablemente, el que perdiera alguno habría sido injusto. Si los dos merecen ganar y ninguno perder, el empate es siempre lo más justo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de febrero de 2005